OCAFE: soberanía, justicia y dignidad para los países productores de café
Fernando Morales-de la Cruz
Periodista, activista de derechos humanos y empresario social, fundador de Café For Change, Cartoons For Change y Lewis Hine Org.
América Latina produce más de la mitad del café del mundo. Desde Brasil hasta México, pasando por Colombia, Honduras, Guatemala, Perú, Costa Rica y El Salvador, millones de familias campesinas sostienen con su trabajo diario una de las industrias más grandes del planeta.
Sin embargo, son quienes menos reciben.
Un modelo que perpetúa la desigualdad
El precio internacional del café, ajustado a la inflación, es hoy inferior al que se pagaba hace doscientos años. En términos reales, el productor gana menos que inmediatamente después de la independencia, mientras el consumo mundial alcanza cifras récord.
La industria del café tiene un valor de consumo superior a US$ 495 mil millones anuales. Pero los productores reciben, en promedio, menos del 2% del precio que paga un consumidor por una taza en Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Japón, Noruega o Suiza. Menos del 2%. Y a eso, las corporaciones y gobiernos del Norte y algunas de sus ONG, lo llaman “Comercio Justo”.
“Swissploitation”: el corazón del desequilibrio
El café no crece ni en Wall Street ni en Londres. Tampoco crece en Suiza, país desde donde opera un poderoso núcleo de multinacionales que compran café verde muy barato y lo venden verde o procesado muy caro, abusando su posición dominante en el mercado global.
Este modelo, que denomino “Swissploitation”, permite a estas corporaciones capturar un margen extraordinario a través de estructuras comerciales, financieras y logísticas que concentran poder de negociación y fijación de precios.
“Swissploitation” le permite a las multinacionales ahorrar entre US$ 25 mil millones y US$ 35 mil millones anuales que dejan de percibir los caficultores de todo el mundo.
Son ingresos que podrían generar prosperidad, financiar desarrollo rural, adaptación climática, educación universal y salud en los países productores, pero que hoy se concentran en los centros corporativos del Norte global.
La injusticia en las montañas cafeteras
No es justo que haya hambre, miseria, desnutrición infantil, trabajo infantil y falta de infraestructura básica en las montañas cafeteras que proveen una industria que genera decenas de miles de millones de dólares anuales en valor agregado, en utilidades para inversionistas y también en impuestos en los países del Norte.
No es justo que quienes producen la materia prima esencial vivan en precariedad, mientras la mayor parte del valor se captura lejos de los cafetales. Una industria global no puede construirse sobre comunidades rurales frágiles.
OCAFE debe nacer de los Presidentes
La creación de OCAFE —Organización de Países Productores de Café— no puede ser un gesto simbólico. Debe ser una decisión política al más alto nivel. OCAFE debe ser creada por los Presidentes de América Latina. Se requiere una cumbre presidencial específica para acordar:
- Un marco común de precios mínimos sostenibles.
- Mecanismos de coordinación de oferta.
- Estrategias conjuntas de industrialización en origen.
- Un sistema de reservas estratégicas.
- Reglas comunes de transparencia y sostenibilidad.
La creación de OCAFE podría significar un incremento anual de los ingresos de los caficultores de América Latina de entre US$ 14 mil millones y US$ 20 mil millones.
Eso significa prosperidad para agricultores y trabajadores, educación universal, agua potable, carreteras, electrificación, conectividad digital y servicios de salud en las zonas productoras.
Una alianza latinoamericana que luego se amplíe
Una vez consolidada en América Latina —que produce más de la mitad del café mundial—, OCAFE debe invitar a otros grandes países productores, como Vietnam, y posteriormente a naciones africanas y asiáticas. Primero, cohesión regional. Luego, expansión global.
Justicia económica para quienes sostienen la industria
Quienes cultivan café y sus familias merecen compartir la prosperidad de una industria que no existiría sin su sacrificio. Sin ingresos dignos, no habrá nuevas generaciones dispuestas a cultivar café. Sin sostenibilidad económica, no habrá sostenibilidad ambiental. Sin justicia en origen, no habrá estabilidad en destino.
El café nace en las montañas de América Latina. No en los centros financieros del Norte global.
OCAFE no es confrontación. Es justicia económica.
Es hora de que los Presidentes latinoamericanos asuman la responsabilidad histórica de organizar a quienes producen más de la mitad del café del mundo. Porque quienes producen la riqueza del café merecen participar plenamente en ella.
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