Pequeñas Victorias

Marta Isabel González
Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.
Tengo una amiga que tiene una capacidad infinita para no juzgar (Cristina Ramírez es contigo). Ella siempre logra ponerse en el papel del otro y es una maestra de empatía que me contrató Dios (es muy buena profesora porque me da clases todos los días).
Yo logro ser empática con los que considero que son más vulnerables o más débiles (cosa que no debería juzgar, empezando porque no tengo elementos para hacerlo), pero me cuesta serlo con los que están en posiciones de poder o con los que yo considero que no tienen grandes problemas en la vida. ¡GRAN ERROR! todos tenemos grandes problemas, pero no todos los problemas se notan.
Ayer empecé a juzgar algo, probablemente porque no tenía nada más qué hacer, o porque me dio por sentirme superior (sí, yo sé, ridícula y media pero ajá). Estaba juzgando una pequeña victoria que alguien decidió compartir en sus redes, una de esas que no parecen tener mucho mérito y que a simple vista podría decirse que hay más trabajo en la celebración que en la consecución de la pequeña victoria.
Lo bueno es que mi yo de hoy parece ser mejor persona que mi yo de ayer, y mi yo de hoy decide regañarme y en pocas palabras decirme que deje la bobada: TODAS LAS VICTORIAS MERECEN SER CELEBRADAS, sin siquiera pensar en qué tan pequeñas puedan ser. No importa si no hubo esfuerzo para conseguirlas, no importa si cayeron del cielo o si las conseguimos sin siquiera darnos cuenta.
Espero que mi yo de ayer no vuelva a aparecer para que mi yo de hoy, y de los días que me queden, pueda disfrutar de mis pequeñas victorias y de las de los demás.
¿Bajaste un kilo? ¡celébralo!
¿Subiste un kilo? ¡celébralo!
¿Te sientes bien contigo mismo? ¡celébralo!
¿Viste a alguien que hace mucho no veías? ¡celébralo!
¿Leíste una página sin desconcentrarte? ¡celébralo!
La vida tiene cosas muy feas como para darnos el lujo de no celebrar las bonitas. No permitas que los que amanecen con ganas de juzgar, como mi yo de ayer, te dañen tu celebración.
Las pequeñas victorias podrán ser pequeñas, pero siempre serán victorias.
PD: La de la foto soy yo celebrando que ese día conocí la nieve y que estaba cumpliendo 30. Ninguna de las dos cosas tiene mérito, pero las dos me hicieron muy feliz.