Plantas silvestres: Un mercado en preocupante crecimiento
Desde hace milenios, la humanidad ha utilizado en su beneficio plantas silvestres. Alrededor del mundo, comunidades en muchos casos vulnerables las han recolectado, utilizando técnicas tradicionales que se han transmitido de generación en generación. Su recolección es importante para su supervivencia económica, así como para su seguridad alimentaria.
Datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) muestran que las personas que recolectan estas plantas silvestres “son a menudo pobres, rurales y marginadas, con una alta proporción de mujeres e involucrando también frecuentemente niños y ancianos. […] Muchos recolectores provienen de minorías étnicas o de Pueblos Indígenas y Comunidades Locales (IPLC, por sus siglas en inglés)”.
En los últimos años, ha aumentado significativamente la presión sobre estos recursos vegetales. Un estudio de 2022, realizado por los académicos Shackleton, C.M. & de Vos, A., mostró que entre 3.500 y 5.800 millones de personas utilizan productos forestales no maderables.
A raíz de esta situación, la FAO publicó el informe Examen de la flora silvestre: evaluación de los riesgos y las oportunidades respecto del comercio de ingredientes derivados de plantas silvestres, que analiza la situación de 12 especies emblemáticas —conocidas como “docena silvestre”—, cuyo uso se esconde en múltiples productos de uso cotidiano.
Estos 12 productos son utilizados en el informe como casos insignia, y como tal representan los métodos de cosecha, el comercio, los riesgos y las oportunidades que suelen enfrentar los vegetales que son recolectados en lugares silvestres para ser utilizados como ingredientes en diferentes industrias. Asimismo, constituyen una buena muestra de los bajos salarios, las disparidades de género y los riesgos laborales, de salud y de seguridad que suelen enfrentar las comunidades que los recolectan, los cuales no suelen recibir mucha atención en las cadenas de suministro internacionales. De acuerdo con el informe, varios de ellos enfrentan algún grado de amenaza a su conservación.
Escrito en colaboración con TRAFFIC, una organización no gubernamental que trabaja a nivel mundial en el comercio de animales y plantas silvestres, y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el informe tiene como objetivo concientizar sobre la importancia de lograr un uso sostenible de las plantas recolectadas en estado silvestre.
El estudio encontró que, de casi 60.000 especies de árboles que hay alrededor del mundo, el 30% está amenazado de extinción y 142 especies ya figuran como extintas en estado silvestre. Esto se debe, en buena medida, a que el 10% tiene uso medicinal o aromático y 1 de cada 5 especies es utilizada por los seres humanos como alimento, combustible, madera, medicina o en la horticultura, entre otros usos.
En el caso específico de las plantas silvestres, los expertos han encontrado que la pérdida del hábitat, la sobreexplotación, el cambio climático y las plagas y enfermedades, son las principales razones de la amenaza a su conservación.
La FAO señaló que, “del 21% de las especies de plantas medicinales y aromáticas cuyo estado de vulnerabilidad se ha evaluado, el 9% se considera en peligro de extinción. Se estima que los medios de subsistencia de unos 1.000 millones de personas de las más vulnerables del mundo dependen de ellas”.
El preocupante estado de conservación de muchas de estas especies está relacionado con el comercio ilícito de plantas silvestres. Al respecto, el informe citó información de TRAFFIC, según la cual en la Unión Europea, por ejemplo, el 23% de todas las incautaciones de vida silvestre en 2019 fueron de medicamentos derivados de plantas.
Crece el comercio global de plantas silvestres
Las nuevas prácticas de salud, belleza y nutrición, así como el crecimiento poblacional, han aumentado la demanda de muchas plantas silvestres. El informe encontró que, entre 2000 y 2020, el comercio mundial de plantas con usos medicinales o aromáticos aumentó un 75% en valor (porcentaje ajustado con la inflación) y un 22% en volumen.
En 2020, los mayores exportadores de plantas silvestres recolectadas fueron China, India, Alemania, Estados Unidos y Egipto. A su vez, los mayores importadores fueron Estados Unidos, Alemania, Japón, China y Hong Kong.
La demanda ha crecido especialmente en los países de mayores ingresos. De acuerdo con la FAO, se estima que solo en los Estados Unidos los consumidores gastaron USD $11.300 millones en suplementos dietéticos a base de hierbas en 2020. Además, datos preliminares sugieren que la pandemia de Covid-19 ha renovado el interés por el uso de plantas silvestres tanto en la medicina tradicional como en la medicina moderna.
Ingredientes famosos, ingredientes a la sombra
En muchos casos, las plantas silvestres son usadas como ingredientes altamente publicitados en preparaciones medicinales, alimenticias y cosméticas. Productos como el aceite de argán o la manteca de karité, que muchas veces son ofrecidos en el mercado como productos exóticos con resultados milagrosos, son solo algunos ejemplos.
En otros casos, el uso de estas plantas como ingredientes en las industrias alimenticia, cosmética y farmacéutica pasa desapercibido para los consumidores y escapa a la diligencia debida de las empresas, ante la poca conciencia y difícil rastreabilidad. La utilización poco conocida de goma arábiga en ciertas bebidas o de jatamansi en algunos perfumes, es muestra de ello.
Por esta razón, el informe invita tanto a la industria como a los consumidores a prestar mayor atención a los ingredientes de los productos que se ofrecen en el mercado.
Como lo indicó Sven Walter, director del Equipo de Productos y Estadísticas Forestales de la FAO, “el uso sostenible de las plantas silvestres tiene implicaciones cruciales para la seguridad alimentaria y para los medios de vida de millones de personas en todo el mundo. Es hora de que las plantas silvestres sean tomadas en serio en nuestros esfuerzos para proteger y restaurar los hábitats, promover sistemas agroalimentarios sostenibles y construir economías inclusivas, resilientes y sostenibles, en particular mientras los países trabajan en la recuperación tras la pandemia de la enfermedad por coronavirus (Covid-19)”.