¿Por qué la pobreza rural disminuyó durante la pandemia?
En primer lugar, Ángela Penagos, directora de la Iniciativa Agroalimentaria de la Universidad de los Andes, argumenta que los apoyos institucionales como Ingreso Solidario fueron claves para impedir que los ingresos de las familias rurales cayeran. A este respecto, Carlos Córdoba, director del Centro Latinoamericano de Desarrollo Rural (Rimisp), aduce que “el salvavidas de las transferencias monetarias (por parte del Gobierno) fue muy importante para el sector rural, ya que logró paliar una cosa que hubiera sido mucho más complicada”. Sin embargo, Penagos señala que lo anterior no ataca los problemas estructurales de pobreza en el campo colombiano: “si no hubiera habido un ‘apoyo extraordinario’ (por parte del Gobierno), sino solo ‘apoyos ordinarios’, la pobreza rural habría caído muy poco. Si se quitan todas las ayudas institucionales, se ve que la pobreza rural llega al 50%, que es un dato escabroso.”
En segundo lugar, Penagos considera que el repunte en los ingresos cafeteros, debido a que los precios del café fueron “los más altos en décadas”, “pudo haber contenido el impacto (de la pandemia) en la economía rural”. Para argumentar lo anterior, señala que las familias cafeteras, que son alrededor de 340.000, constituyen una porción importante del censo rural.
En tercer lugar, la experta recuerda que hay que tener en cuenta el aporte de las economías ilegales, ya que en las zonas rurales se cultiva la materia prima necesaria para producir estupefacientes.
En cuarto lugar, la economista señala que, debido a que en las zonas rurales los confinamientos no fueron tan estrictos, “se pueden haber activado ciertos circuitos que permitieron dinamizar la economía”.
A pesar de lo anterior, algunos expertos insisten en que la situación de pobreza en el campo sigue siendo muy grave y en que es momento de cambiar la manera en la que se mide la pobreza rural, ya que existe una tendencia a “pasar por alto” las particularidades de esta. A este respecto, Daniel Gómez, subdirector del Departamento Nacional de Planeación (DNP), comenta que “es importante llamar la atención frente a la heterogeneidad del campo. Debemos ver los datos de una forma más desagregada”. En este sentido, Yefer Gamboa, alcalde de Nuquí, argumenta que las mediciones de pobreza deben regionalizarse y tener en cuenta las características de cada zona, ya que “lo que requiere un hogar en la ruralidad no es lo mismo que requiere uno en la ciudad”. Para Gamboa, “es importante entender a municipios como el nuestro de forma diferencial. Nosotros, al vivir del turismo, la agricultura y la pesca, tuvimos una afectación grandísima por la pandemia. En 2020, nos visitaron solo el 20% de los turistas que normalmente llegan a Nuquí”.
Ángela Penagos, por su parte, considera que “hay que analizar por qué la línea de pobreza rural es tan baja”. Mientras que la línea en las zonas urbanas es de $369.750, en las zonas rurales es de $199.830. Al situarla en esta cifra, si un habitante rural “recibe un subsidio de 180.000”, un monto parecido al de Ingreso Solidario, “entonces saldría de la pobreza”. En este sentido, Gómez señala que se debe hacer un esfuerzo para que la política de desarrollo rural no se reduzca a la transferencia de ayudas financieras, sino que tenga una perspectiva integral. “Hay que articular esas transferencias con desarrollos productivos, nuevos productos, encadenamientos de pequeños y grandes productores e inversión en bienes públicos para que estas herramientas puedan ayudar a atacar la pobreza”, señaló el experto.