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viernes, 20 de marzo de 2026
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Renovar el pasaporte, una aventura

Diva Criado, Columnista, Más Colombia

Diva Criado

Abogada y periodista, Master en Gestión Pública de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Coordinadora de la Sección de derechos humanos, redactora y editora de la Agencia de Noticias La Independent de España.

Un amigo viajó a Colombia con el pasaporte vencido hacía solo dos días. A su llegada el funcionario de inmigración, luego de interrogar por el motivo de su visita y del tiempo de permanencia en el país, le dijo: “Lo dejo entrar, pero no salir. Debe renovar el pasaporte”. También le indicó cómo obtener una cita para sacarlo; “es fácil y no necesita intermediarios”, dijo. 

Me pregunto si el funcionario habló en serio o en broma. Mi amigo no imaginó el complicado trámite, mucho menos, que sería un verdadero San Benito. La cosa apenas comenzaba.


Como era previsible, al día siguiente quiso gestionar la renovación. El hombre llevaba unos cuantos años fuera del país y solo estaría 10 días, así que encontrar una cita era imperioso y solo era posible por internet a una hora determinada. Entró en la página del Ministerio de Relaciones Exteriores, sin éxito. 

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Desesperado, llamó a un amigo para preguntarle cómo podía resolverlo. Además, era jueves y debía desplazarse a otra ciudad. Era urgente solucionarlo antes del viaje. El amigo aconsejó varias opciones: contactar una agencia de viajes (parece que lo tienen más fácil); buscarse una palanca en Cancillería o seguir intentándolo en la web.

Por razones éticas, mi amigo pensó que no pagaría por un trámite que debía proporcionarle el Estado sin demoras; la segunda opción era inviable, pues no conocía a nadie; quedaba la última opción, seguir intentándolo. 

Al amigo se le ocurrió una “brillante” idea: reunir a varios amigos. Se apuntaron cinco. Así, concertaron encontrarse esa misma tarde (4:00 PM), dado que las citas por internet comenzaban a las 5:00 para el día siguiente. Imagínenlo, cinco amigos, cada uno con un computador, a las 5 de la tarde, como en una carrera de caballos, a ver quién llega primero. 

Así, comenzó la puja, algunos alcanzaban a entrar, pero no pasaban de la segunda página, a otros, se les caía el sistema, lo que indicaba la saturación por el número de personas intentando lo mismo; en el entretanto, si lograban entrar, ya se habían agotado las citas. Finalmente, después de tres días y muchos intentos, uno logró ganarse el premio. ¡Chapó! Consiguió la cita.


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¿Cuántas personas en Colombia están a las 5 de la tarde, intentando encontrar una cita para el día siguiente, única opción posible, ya que no pueden solicitarse para otros días? ¡Miles! 

Hay que decir en favor de la Cancillería que, una vez obtenida la cita, la renovación del pasaporte es fácil y rápida, a los dos días lo tienes. Ese no es el problema, el problema está en acceder al sistema. Un sistema absurdo e ineficiente para la demanda. Que se presta para el chantaje, la manipulación y para que los tramitadores hagan su agosto.

Pregunto: ¿Por qué cambiaron lo que estaba bien, si ya pasó la pandemia? Antes, acudíamos a puntos de expedición sin cita previa, pagábamos y lo recibíamos el mismo día. El problema que ha surgido, del contrato del Ministerio de Relaciones Exteriores con la Unión Temporal Pasaportes 2019, cuyo principal socio es la empresa Thomas Greg, es otra pata que le nace al cojo. Lo anterior viene de lejos.   

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