Respirar | Más Colombia
sábado, 4 de abril de 2026
Inicio  »  Columnistas  »  Respirar

Respirar

Marta Isabel González, Columnista

Marta Isabel González

Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.

Estoy pasando por un momento contradictorio en mi vida. Hace poco mi familia pasó por una situación muy difícil que, a pesar de habernos unido, también nos dejó sin uno de nosotros y creo que apenas estamos empezando a entender lo que pasó; por otro lado, el de mi negocio, el de mi avance profesional, las cosas van muy bien.

Montones de proyectos nuevos, el negocio dando pasos importantes, me están invitando a ser parte de eventos con trayectorias y personas que admiro profundamente y, además de todo esto, me regalaron los tiquetes, la estadía y la alimentación para un mes –sí, un mes– en Grecia. ¿A quién le pasa eso? Definitivamente soy la persona más de buenas que conozco, pero ese será tema de otra columna…


Hoy, cuando me llamaron a contarme que querían que hiciera parte de este festival (después les cuento bien), me llené de felicidad, de energía, de todo… Claro, ¿quién no con semejante noticia? Llegué a trabajar, a ver la cantidad de pendientes que tengo de mi negocio; del viaje a Grecia; de los proyectos nuevos que me han propuesto; de la participación en el festival. Empecé organizar cómo va a ser la logística del negocio cuando yo me vaya, empecé a hacer cuentas de lo que probablemente me gaste en el viaje, de la plata que tengo que dejar lista en el negocio para poderme ir tranquila. Resultado: casi, casi me da un ataque de ansiedad.

Lea también: Una promesa

Como ya tengo algo de experiencia en estos temas, me di cuenta a tiempo de los síntomas e hice lo único que podía hacer: respirar. Puede sonar ridículo, porque respirar no va a llevar a cabo ninguno de mis pendientes. Respirar no da plata; no soluciona temas logísticos; no me da ideas para el festival, pero sí me conecta conmigo o, más que conmigo, con la vida.

A veces hay que hacer una pausa y respirar, darnos cuenta del olvidado asombro de estar vivos, como dice una frase que leí hace días, retomar el ritmo adecuado para sentir el aire llegar a los pulmones, para no pensar, para darnos cuenta del ramillete de posibilidades que nos da el hecho de estar vivos y volver a ser nosotros mismos para poder tomar el control de la situación y manejarla como mejor podamos. En otras palabras, cambiar la perspectiva. Después de hacerlo y de revisar nuevamente mi lista de pendientes, me di cuenta de que era el tema perfecto para la columna que tenía que enviar hoy y me senté a escribirla. A veces solo hay que respirar.

Siga leyendo: Que tu marca sea como tú