domingo, 4 de diciembre de 2022
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Se debe cambiar el paradigma de diseño de ciclorrutas: experto

Los andenes y las ciclorrutas no solo deben ser diseñados desde el punto de vista de la ingeniería y el número de usuarios por hora, sino también desde la experiencia que viven los ciudadanos cuando los utilizan y sus necesidades, explica el profesor de la Universidad de los Andes, Álvaro Rodríguez.

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Cada día son más las personas en Bogotá que se bajan del carro y del transporte público convencional para subirse a la cicla o realizar trayectos cortos a pie. Para que esta tendencia sea sostenible y se utilicen cada vez más medios de transporte alternativos, es necesario contar con ciclorrutas y aceras que le brinden, más allá de la infraestructura, una experiencia segura y agradable al usuario.

Cuando se diseña la infraestructura vial se piensa en la eficiencia, es decir, en el número de vehículos, ciclas y personas que pueden transitar por hora en los andenes, ciclorrutas y carriles vehiculares. Entre más usuarios por hora, mayor eficiencia.


Sin embargo, es importante ir más allá de los números de la ingeniería y enfocarse en el ciudadano que vive la experiencia, explicó Álvaro Rodríguez, PhD en Ingeniera de Transporte de la Universidad de California y profesor de la Universidad de los Andes, en la sesión del seminario de investigación Ágora que se llevó a cabo ayer. Allí, el académico presentó el informe “Cambio de paradigma en el diseño de ciclorrutas: una mirada desde el usuario”.

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Cambiar el paradigma del diseño, más allá de la ingeniería

Desde la ingeniería se pueden hacer mediciones puntuales basadas en modelos matemáticos, como la oferta y la capacidad que tiene determinada infraestructura vial, pero esto deja de lado la experiencia subjetiva del usuario.

La percepción del biciusuario y del peatón es vital a la hora de mejorar los diseños de andenes y ciclorrutas. Para incluirla en el análisis, el informe de la Universidad de los Andes se basó en 1.000 encuestas a peatones y 400 a biciusuarios en Bogotá.

En la búsqueda de ciclorrutas y andenes más incluyentes

Los usuarios de las ciclorrutas actualmente en su mayoría son hombres jóvenes quienes necesitan desplazarse en recorridos de más de 7 kilómetros. El diseño de las ciclorrutas se hace pensando en las necesidades de este grupo etario, que corresponde tan solo al 5% de los potenciales usuarios de la bicicleta en Bogotá. Hay que tener en cuenta al resto de la población que podría utilizar la bicicleta como medio de transporte principal a la hora de diseñar la infraestructura y es parte del llamado que realiza el semillero de investigación.

De acuerdo con Rodríguez, para tener un mayor número de usuarios hay que pensar en el resto de la población y especialmente en los niños, las niñas, las mujeres y los adultos mayores, quienes podrían decidir transportarse en bicicleta siempre y cuando cuenten con seguridad, vías con mantenimiento adecuado y diseños que tengan en cuenta el paisajismo urbano, entre otras garantías.


Muchos usuarios potenciales, por ejemplo, preferirían una ciclorruta más larga, pero que no vaya sobre una gran avenida, con todo el ruido y la contaminación del aire que ello implica. Esta opción, aunque menos “eficiente”, brinda una mejor experiencia de usuario. Otros ciudadanos se decidirían a pedalear por la ciudad con sus hijos si la señalización fuera mejor, pues perciben como peligrosos los cruces de las calles.

El pavimento también es un tema importante para facilitar que más personas caminen o se transporten en bicicleta. Según explicó Rodríguez, no hay presupuesto para darles mantenimiento a las ciclorrutas en los primeros cinco años de construidas. Esto genera que, pasado ese tiempo, ponerlas a punto sea más costoso y difícil.

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Por otra parte, la experiencia mejora cuando hay una menor cantidad de rampas, es decir, cuando la ciclorruta es más continua y requiere subir y bajar andenes con menor frecuencia, y cuando la ciclorruta es construida con pavimentos más porosos, los cuales filtran mejor la lluvia y evitan la formación de charcos, un tema de gran importancia dada la fuerte temporada de lluvias que vive el país.

En el caso de los andenes, la frecuente presencia de escalones, pisos discontinuos o con huecos y tramos excesivamente angostos hacen difícil el tránsito, especialmente para niños, adultos mayores y personas con coches o sillas de ruedas. Este factor, que en principio no tiene relación directa con la eficiencia, puede desanimar a muchos de bajarse del carro o el bus, y hace que el recorrido por la ciudad se perciba como menos agradable.

La presencia de transeúntes también es un factor importante a la hora de decidir si bajarse del carro o el bus para pedalear por determinado lugar. Los peatones y biciusuarios prefieren hacer un recorrido más largo para evitar andar por andenes, ciclorrutas o bicicarriles demasiado solos o poco iluminados, pero a la vez les huyen a los tumultos. Los biciusuarios, especialmente, evitan las ciclorrutas demasiado concurridas o que son invadidas por peatones, dada la mayor dificultad que tienen para maniobrar. En síntesis, el “exceso” de gente resulta contraproducente, pero la “falta” de gente también.

Se requieren más sinergias entre la academia y el sector público

Las investigaciones académicas brindan importantes aportes y recomendaciones para que los diseños de las aceras y las ciclorrutas sean más amigables con los ciudadanos. Estas, sin embargo, suelen quedar archivadas, por lo que los estudios no están contribuyendo de manera suficiente a diseñar ciudades amigables y a reducir el número de accidentes y muertes asociadas a la movilidad, explica el ingeniero Rodríguez.

Cada actor vial tiene intereses legítimos desde su punto de vista y todos deben ser escuchados para poder mejorar la movilidad y la experiencia en las vías, concluye Rodríguez.


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