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Seguridad alimentaria en el centro occidente de Colombia: La modernización II

Jorge Enrique Esguerra
Jorge Enrique Esguerra
Arquitecto, Magíster en historia y teoría de la arquitectura, Universidad Nacional de Colombia. Profesor durante 28 años en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, y miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia.

El siglo XX: producción campesina y monoexportación cafetera

Al despuntar el siglo XX prácticamente todos los alimentos que requería la población de la región que estamos estudiando provenían del entorno productivo campesino, y señalábamos en la anterior entrega que el umbral entre el campo y las nacientes ciudades era muy endeble y que en estas la transformación industrial de víveres era inexistente. La llamada agricultura comercial o empresarial, por definición no campesina, que debía responder a una demanda que superara la estrictamente local y pudiera contribuir al abastecimiento de la creciente población urbana, no tuvo presencia importante en la región. También señalamos que el café exportable, producto no básico para la alimentación, solo arrancó como un añadido a la finca autárquica de las laderas, y precisamente por las condiciones montañosas de este territorio la mecanización de la agricultura es prácticamente imposible, los productos comerciales requieren mayores extensiones en tierras planas, y las mejores para lograrlo (en climas cálidos y fríos) fueron destinadas para la ganadería extensiva.

La rápida modernización ocurrida en las primeras décadas del siglo XX, favorecida por la inversión de la exportación cafetera, comenzó a introducir algunos cambios en la cadena alimentaria, fundamentalmente cuando la región que estamos estudiando comenzó a vincularse con el país y con el mundo con medios modernos de transporte como los cables aéreos, el ferrocarril y las carreteras. Esto contribuyó a mejorar los intercambios y la variedad de alimentos, porque además de poder introducir en mayor cantidad los que no se producían en el territorio, permitió agilizar el tránsito de los perecederos, cuya conservación se resentía por la inexistencia de la refrigeración en el almacenamiento. La electricidad, las mejoras en los acueductos y la maquinaria que comenzaba a llegar ligada fundamentalmente al beneficio del café, comenzaron a marcar diferencias con el siglo XIX. Todo era avance en esas épocas del tránsito entre la premodernidad y la modernidad.

Los productos de la agricultura comercial (arroz y trigo, por ejemplo) debían introducirse desde otras regiones del país y del exterior, y el café se constituyó en el medio de intercambio para lograrlo. Por otra parte, la industria de alimentos fue muy débil en el recién creado departamento de Caldas, destacándose la de chocolates (en Manizales y Pereira) y la azucarera (entre Pereira y el Valle del Cauca). En términos generales, la modernización lograda gracias a la monoexportación cafetera, que contribuyó a consolidar el mercado interno agropecuario y garantizar el empleo rural de miles de familias, mantuvo las tradicionales relaciones campo-ciudad. Tanto la situación agropecuaria como el incipiente desarrollo de la manufactura urbana, relacionado con los avances introducidos por la trilla del grano, siempre se han circunscrito a los vaivenes de las bonanzas y las crisis cafeteras, que se suceden dependiendo de los precios y las circunstancias internacionales. Así, se estableció un patrón de crecimiento primario en torno a las actividades agroexportadoras cafeteras y sin duda por eso la economía de la región fue la que más se resintió por esa dependencia. 

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En consecuencia, a la primera gran bonanza cafetera de 1925 sucedió la enorme crisis ocasionada por la depresión mundial de 1929-30, por lo que toda la economía del país y especialmente la de la región se afectó en forma grave. Pero las circunstancias internacionales producidas por esa crisis y después por la Segunda Guerra Mundial, que cerraron la introducción extranjera de gran parte de productos manufacturados y alimenticios (harinas, por ejemplo), forzaron a la llamada “sustitución de importaciones” y al fomento de la producción nacional del campo y la ciudad. Es el auge de la industrialización manufacturera en Colombia, a partir de la segunda mitad del siglo XX, en que las ciudades de Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla lograron avances significativos, mientras en Manizales y algo en Pereira y Armenia obtuvieron una pequeña porción de lo logrado a nivel nacional. Sin embargo, en el Antiguo Caldas las condiciones en materia alimentaria no variaron gran cosa: la región continuó dependiendo del abastecimiento tradicional campesino y de la importación, a través de Manizales (con el río Magdalena) y de Pereira y Armenia (con el Valle del Cauca), de los complementos de la dieta básica producidos por la agricultura comercial nacional e internacional. 

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En la próxima entrega veremos los cambios producidos en la década de 1990, cuando el rompimiento de Pacto Internacional del Café y la apertura económica le infringieron al renglón exportador una profunda crisis, con sus repercusiones en toda economía regional. 

Jorge Enrique Esguerra
Jorge Enrique Esguerra
Arquitecto, Magíster en historia y teoría de la arquitectura, Universidad Nacional de Colombia. Profesor durante 28 años en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, y miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia.

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