HomeColumnistasSeguridad alimentaria en el centro occidente de Colombia: El café II

Seguridad alimentaria en el centro occidente de Colombia: El café II

Jorge Enrique Esguerra
Jorge Enrique Esguerra
Arquitecto, Magíster en historia y teoría de la arquitectura, Universidad Nacional de Colombia. Profesor durante 28 años en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, y miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia.

Un monocultivo primario no esencial

Señalamos en la anterior entrega la importancia del café en la región, fundamentalmente porque les permitió a miles de familias campesinas lograr un mínimo sustento alimentario, al introducir el grano exportable en la tradicional finca autárquica. Porque si bien la rubiácea no es esencial en la base alimenticia, al ser demandada por los países industrializados les genera a los productores del campo enormes beneficios porque encuentran una clientela global asegurada por la institucionalidad, además de condiciones propicias para romper el cerco de la comercialización local, los medios de comunicación arcaicos y demás deficiencias del mundo premoderno. 

En verdad, lo que hoy podemos considerar como el avance más significativo después de haber conseguido la independencia de España, el requisito económico para el inicio de la modernización después de casi cien años de intentarlo está ligado a la producción cafetera para la exportación. Y es significativo que esa producción se consolidara finalmente con tanto éxito en las postrimerías del siglo XIX, por un lado, gracias al inicial presupuesto integrador de los mercados locales con Manizales, y de esta con el río Magdalena, y, por otro, por la vinculación de la numerosa familia campesina que aporta la intensidad de mano de obra que requiere el cultivo y en especial la recolección del grano. Fue tan importante su consolidación en el centro occidente andino, que su exportación logró superar al oro, el producto que ya llevaba cuatrocientos años dominando ese renglón en este territorio aurífero por excelencia. En verdad, Manizales y su región consiguieron hacerlo en 1905, incluso antes que la de Medellín, que lo alcanzó en 1913 (Brew, p. 101), y se constituyó el café en el primer y único producto agrario exportable que logró imponerse en el país sobre uno extractivo.   

Pero es imperativo señalar que el contexto internacional tuvo un papel decisivo en el nuevo rumbo que como un ángel redentor se le presentó a Colombia, y que por eso precisamente no es tan casual. Los países industrializados, compradores de café, desde el siglo XIX comenzaron a estimular la sobreproducción para bajar los precios del grano, y Estados Unidos, en particular, fomentó las siembras en Colombia y en otras partes de América con el fin de restringir el monopolio que comenzaba a imponer Brasil (Robledo, p. 53); pero esa imposición sobreproductora también comenzó a afectar a la caficultura nacional, precisamente desde su despegue en la década de 1880 cuando apareció la primera crisis. Pero en la medida en que las heladas brasileñas u otros acaeceres externos disminuyeron la oferta mundial del grano, automáticamente las bonanzas aparecieron como salvadoras, constituyéndose su producción como factor dependiente de los vaivenes internacionales, pero principalmente de la manipulación y especulación de los precios que imponen los grandes monopolios de la cadena alimentaria.           

Le puede interesar  El cine y la posibilidad de pensar nuestros problemas

Esa dependencia, que aún se mantiene, hace del café un producto típicamente colonial que se lo inscribe dentro de la división internacional del trabajo que los países industrializados han impuesto en beneficio de la producción de lo esencial para su desarrollo, y en materia alimentaria también de lo esencial en nutrición. Los cereales, los cárnicos, la leche y las oleaginosas deben producirse allá sobre la base de los avances tecnológicos logrados, mientras que lo que no pueden ellos cultivar, como el café, el azúcar y el banano (artículos de sobremesa a los que puede agregarse las flores), para poner solo el ejemplo colombiano, se lo dejan a los países que vienen atrás, que son débiles y con castas privilegiadas propensas a transigir ante cualquier dádiva imperial. De ahí la monoproducción que le ha ocasionado tanto mal al país, porque significó hasta hace 25 años la dependencia de un renglón exportador primario -ahora son los productos extractivos, el petróleo y el carbón-, es decir, el grueso de su exportación está sustentada en el grano, y lo importante en la cadena productiva se concentra en los países receptores que manejan los precios de compra en beneficio de su conveniencia.  

Le puede interesar  El cine y la posibilidad de pensar nuestros problemas

En la próxima entrega veremos cómo la autonomía regional lograda por Manizales, sustentada en la producción cafetera, fue el presupuesto para conseguir su autonomía política, al constituirse en capital del nuevo departamento de Caldas, en 1905. 

Referencias:

Brew, Roger (2000). El desarrollo económico de Antioquia desde la Independencia hasta 1920. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. 

Robledo Castillo, Jorge Enrique (1998). El café en Colombia, un análisis independiente. Bogotá: El Áncora Editores.        

Jorge Enrique Esguerra
Jorge Enrique Esguerra
Arquitecto, Magíster en historia y teoría de la arquitectura, Universidad Nacional de Colombia. Profesor durante 28 años en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, y miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia.

VEA TAMBIÉN

Reformas laborales no han resuelto la informalidad: Misión de Empleo

En esta entrevista con el economista Mario Valencia, Marta Juanita Villaveces, integrante de la Misión de Empleo y profesora de la Universidad Nacional de Colombia, se refiere al último informe de la Misión de Empleo. La informalidad laboral y el acceso a seguridad social fueron algunos de los temas analizados.

OTRAS SECCIONES

CIFRAS

DE ESTE COLUMNISTA

COLOMBIA