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Seguridad alimentaria en el centro occidente de Colombia: La República II

Jorge Enrique Esguerra
Jorge Enrique Esguerra
Arquitecto, Magíster en historia y teoría de la arquitectura, Universidad Nacional de Colombia. Profesor durante 28 años en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, y miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia.

Reintegración regional

Recordemos cómo el territorio centro occidental del país había sido objeto de una inmisericorde despoblación en la Conquista y la Colonia, en la que solo se mantuvieron vivos los centros mineros más ricos (Marmato, Supía y Quiebralomo), situados en la margen occidental del río Cauca, en los que los españoles concentraron grupos de indígenas para trabajar en los yacimientos auríferos para garantizar el saqueo imperial. Todos los cacicazgos de la margen opuesta (entre ellos los quimbayas) desaparecieron junto con los importantes intercambios de productos de la tierra y del trabajo humano. Los numerosos núcleos poblados y caminos que cruzaban este territorio fueron abandonados, y un espeso bosque secundario se adueñó de la región. 

A raíz de la Independencia y de los desplazamientos poblacionales hacia las regiones baldías, basadas en la agricultura, el territorio en cuestión comenzó a representar un papel determinante, no solo en la reintegración regional perdida en tres siglos de coloniaje foráneo, sino en la integración de la nueva república. Así, entre 1814 y 1873, con la ampliación de la frontera agrícola, fueron apareciendo en las vertientes caucanas de la cordillera Central, al sur del río Arma, cientos de parcelas familiares agrupadas en colonias agrarias para asegurar su sustento alimentario. Pero en la medida en que fueron generando excedentes, propiciaron mercados locales y el nacimiento de nuevos poblados que ameritaron la constitución de distritos parroquiales. Así se fundaron Aguadas (1814), Salamina (1827), Pácora (1832), Neira (1842), Santa Rosa de Cabal (1843), Manizales (1849), Aranzazu (1851) y Filadelfia (1873). 

Y en el occidente minero de lo que hoy es Caldas también comenzaron reactivaciones poblacionales y económicas, logradas por su propio dinamismo social y por los flujos colonizadores del norte. La contradicción colonial entre la explotación del oro y la seguridad alimentaria empezó a resolverse con el incremento agrícola, en gran medida sustentado en los resguardos indígenas, pero principalmente por el auge del campesinado libre y mestizo que comenzó a establecer relaciones de mercadeo que superaban los estrictos requerimientos del abastecimiento minero; y también respaldado por el repoblamiento de la margen derecha del río Cauca, que dio inicio a la integración regional que se había perdido con la invasión europea. La nueva situación propició la revitalización de Ansermaviejo y, con la integración del real de minas de Quiebralomo con el resguardo indígena de La Montaña, la fundación de Riosucio, en 1819.

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Por otra parte, las comunicaciones de todo ese territorio del Cauca medio, que en la Colonia se hacían por el páramo de Hervé (Herveo) con el casi único fin de sacar el oro a la metrópoli, 

con el nuevo poblamiento y la supresión del monopolio comercial español, comenzaron a cambiar las condiciones del mercadeo de la región con el río Magdalena y el oriente del país. Se fortaleció el abastecimiento de productos agropecuarios y artesanales, y también con la importación de pequeñas herramientas y objetos industriales, que al evadir la intermediación española ingresaban directamente de los países pioneros de la revolución industrial, Inglaterra y Francia, se fortaleció el comercio regional y la arriería. Se abrieron nuevas rutas comerciales, como la que comunicó el suroriente de Antioquia por Sonsón con Mariquita y Honda, pero en la medida en que ampliaban los mercados hacia el sur, se reactivó el camino de Hervé con Salamina como principal centro de intercambio, y después con la fundación de Manizales se abrieron las rutas hacia los puertos de Ambalema y Honda, atravesando las inmediaciones del nevado del Ruiz. Así, antes de ser exportadora de café, por su ubicación estratégica en el centro del que será llamado ‘triángulo de oro de Colombia’ entre Medellín, al norte, Cali, al sur, y Bogotá, al oriente, Manizales concentró las oportunidades de comercio, al convertirse en importadora de mercancías del resto del país y del exterior a cambio del oro antioqueño y caucano, y en distribuidor de esos productos en el centro occidente andino.

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COC Reintegracion
Seguridad alimentaria en el centro occidente de Colombia: La República II 2

Eso explica su preeminencia, no solo económica regional, sino también política, como dinamizadora de la colonización del resto del territorio del que será departamento de Caldas (antiguo Caldas) a partir de 1905. En la próxima entrega veremos cómo los aportes del Tolima y Cauca contribuyeron a esa reintegración regional.

Referencias:

ESGUERRA LEONGÓMEZ, Jorge Enrique y SIERRA DE MEJÍA, Beatriz Helena (2018). Caminos y fundaciones. Eje Sonsón-Manizales. Manizales: Editorial Universidad Nacional de Colombia.

VALENCIA LLANO, Albeiro (1990). Manizales en la dinámica colonizadora (1846-1930). Manizales: Fondo editorial Universidad de Caldas.

Jorge Enrique Esguerra
Jorge Enrique Esguerra
Arquitecto, Magíster en historia y teoría de la arquitectura, Universidad Nacional de Colombia. Profesor durante 28 años en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, y miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia.

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