miércoles, 18 de mayo de 2022
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El silencio de los buenos y el debate electoral

Manuel Guillermo Sarmiento, Columnista

Manuel Guillermo Sarmiento García

Profesor Emérito de la Universidad Externado de Colombia. Director del Departamento de Derecho del Transporte e Infraestructura de Transporte.

Frente al debate electoral por la presidencia de la república que sin lugar a duda se constituye en el hecho político más importante del año que se inicia, vale la pena recordar una famosa frase del activista de los derechos civiles en los Estados Unidos Martin Luther King, cuando en uno de sus memorables discursos manifestó lo siguiente:

“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los de sin ética, lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Esta reflexión del Doctor King, que tiene como antecedente otra muy importante de Gandhi, cuando dijo: “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena” , cobra una gran vigencia en Colombia, cuando estamos próximos a unas elecciones parlamentarias y presidenciales que van a resultar trascendentales para el futuro de nuestro país, por cuanto históricamente la abstención electoral que yo llamaría el silencio electoral ha sido el común denominador cuando se trata de elegir a los miembros del Congreso y al Presidente de la República.



En lo que va corrido del presente siglo la abstención electoral ha superado el cincuenta por ciento (50%) de la población apta para votar, con excepción de la elección del 2.018 donde la abstención fue del cuarenta y siete por ciento (47%), cifras realmente preocupantes, agravadas por el delito de compra de votos, que se ha convertido en una práctica común en nuestro país, como lo demuestra un estudio realizado por el Barómetro Global de Corrupción, donde el 40% de los colombianos consultados manifestaron que les han ofrecido dinero por su voto, si bien es difícil calcular cuántos votos se compran en Colombia, se puede decir  que cerca del treinta por ciento (30%) de los votos totales provienen de esta práctica delictual,  lamentablemente tolerada por la sociedad colombiana, hecho que las autoridades competentes no han investigado a plenitud, salvo casos aislados, como la exsenadora Aida Merlano, que es apenas la punta del iceberg de toda una asociación para delinquir que históricamente ha utilizado esta práctica para hacerse elegir en los cargos de elección popular.

En la sentencia proferida por la sala de juzgamiento de la Corte Suprema de Justicia, que condenó a quince (15) años de prisión a Aida Merlano, actualmente detenida en Venezuela, se ordenó investigar a diez y siete (17) personas, entre ellas al senador Arturo Char, al representante a la Cámara Laureano Acuña, a la diputada Margarita Ballén y al empresario Julio Gerlein, sin que hasta el momento estas investigaciones hayan avanzado. 

Nos preguntamos que pasa entonces con ese otro cincuenta por ciento (50%) de la población apta para votar a quien le es totalmente indiferente la suerte del país, que no venden su conciencia pero tampoco ejercen su derecho constitucional a elegir, son múltiples las razones que se esgrimen para mantenerse en silencio, la más común de ellas el desprecio por la clase política que ha gobernado a Colombia durante toda su vida republicana, pero precisamente es este SILENCIO DE LOS BUENOS, como lo decía el Doctor King la causa fundamental de los malos gobiernos que hoy tienen a Colombia como uno de los países con mayor desigualdad social y económica en el mundo, según el Banco Mundial la desigualdad de ingresos en Colombia es la más alta entre todos los países que integran la OCDE y la segunda más alta entre diez y ocho países de América Latina y el Caribe, para medir esta desigualdad este organismo financiero multilateral dice que los ingresos del 10% de la población más rica de los colombianos es once veces mayor que la del 10% más pobre, y lo compara con el país más equitativo de la OCDE, la República Eslovaca, donde el 10% de la población más rica gana apenas tres veces más que el 10% más pobre.

Esta desigualdad económica y social, agravada indudablemente por la pandemia del Covid-19 ha llevado a que el año anterior 7.47 millones de colombianos se encuentren en situación de pobreza extrema, cifra realmente escandalosa y que nos debe avergonzar a todos.

Para comenzar a superar esta difícil situación social y económica se requiere entonces que los colombianos, que en su gran mayoría son gente buena y trabajadora, tomen conciencia de sus derechos políticos y acudan a las urnas para elegir a quienes interpreten realmente el sentir popular, es necesario superar el nivel histórico de la abstención, para que al menos el ochenta por ciento (80%) de los ciudadanos en capacidad de votar lo hagan a conciencia, eligiendo a quienes consideren que presentan los mejores programas y políticas públicas que solucionen los graves problemas que aquejan a nuestra patria, independientemente de sus ideologías políticas, no más silencio por parte de los buenos, no más silencio de aquellos que con su silencio han permitido y siguen permitiendo que las élites políticas corruptas sigan gobernando nuestro querido país.