Tortas para niños que parecen esculturas
Reunirse con la familia o con los amigos, recibir detallitos, partir la torta y, por supuesto, soplar las velas, son elementos infaltables en una celebración de cumpleaños. Pero, si quien cumple es un niño o una niña, el ponqué adquiere una dimensión especial.
Tradicionalmente hecha con masa de vainilla o de chocolate y adornada con cobertura blanca, de chocolate o de pastillaje, la torta de cumpleaños condensa la celebración de los años vividos y los buenos deseos para el año que viene.
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Bien sea adornada con una vela sencilla, de número o con el personaje infantil de moda, quizás de tipo volcán o con la tecnología que la hace prenderse y apagarse en varias ocasiones o tener llama de colores, la torta y la vela que la acompaña son protagonistas a la hora de pedir el deseo y cantar el cumpleaños feliz.
¿Quién no recuerda haber sentido algo de pena mientras sus seres queridos y amigos le cantaban, sin saber si guardar silencio o acompañarlos en la tonada? Luego quedaba esperar la partida de la torta y la repartida de las porciones según un orden específico, que mezclaba “edad, dignidad y gobierno” con lazos de amistad y de cariño.
Hoy en día, las tortas infantiles de cumpleaños siguen siendo tan importantes como antes e incluso más. Y, de las opciones un tanto limitadas del pasado, no queda nada. Desde hace varios años, se han puesto de moda las tortas para niños decoradas con un sinfín de personajes, hechos casi siempre en pastillaje con precisión escultórica.
Y, como es ya costumbre en la época que vivimos, también circulan en redes sociales imágenes y memes que hacen alusión a las tortas fallidas, esas que no lograron traducir a cabalidad los personajes de moda y quedaron hechas un “bodrio”.
Decorar las tortas para niños: una moda que coge fuerza
El ritual suele comenzar una o dos semanas antes de la fiesta, cuando el cumpleañero elige el motivo que desea para su torta. Imágenes en Pinterest o en Google ayudan a elegir el tema y el estilo favorito. Luego viene la llamada a la empresa que las hace, el envío de las ideas o las imágenes de referencia, y a esperar. El día de la celebración —y tras un angustioso trayecto para lograr que llegue íntegra a su destino—, hace su entrada la torta, ante la mirada expectante del niño.
Ángela Velásquez está del otro lado de la historia. Desde hace nueve años, se dedica a hacer realidad las ideas de torta que niños y adultos tienen en su cabeza. Arqueóloga de profesión, sintió que debía darle un giro a su vida cuando quedó embarazada de su hija, y encontró en los días de cocina con su abuela una oportunidad de negocio.
“Ya no era fácil salir a campo y trabajar en arqueología, así que empecé a hacer cupcakes y tortas para la familia y amigos, y poco a poco los pedidos empezaron a crecer. Entonces, empecé a estudiar más sobre métodos y técnicas de decoración”, explica.
Así nació La Casa de Rayas, un emprendimiento unipersonal con el que fabrica entre 20 y 30 tortas al mes. Un número que parece pequeño, pero que es enorme si se tiene en cuenta el trabajo que implica cada unidad.

Esta bogotana cuenta que “cada vez hay mayor interés en que las tortas sean más personalizadas, con mayor cantidad de detalles y que estén presentes los personajes preferidos por el cumpleañero”.
Por esta razón, el precio de las tortas depende del número de porciones y de los ingredientes utilizados, pero especialmente “del tiempo que toma decorar la torta. Entre más compleja sea la decoración, más tiempo me toma y el precio es mayor. Hay tortas que me toman una o dos horas y otras me pueden tomar más de diez horas”.
Para lograr los resultados que sus pequeños clientes esperan, utiliza fondant, impresiones en papel de arroz, tintas comestibles y colorantes de origen vegetal. Sin duda, su mayor herramienta son sus manos; con ellas les da vida, en tercera dimensión, a un sinnúmero de motivos que los niños y las niñas están acostumbrados a ver en 2D.

Celebraciones pequeñas e incluso virtuales
Como en tantos otros ámbitos de la vida, las celebraciones de cumpleaños cambiaron con la pandemia. Ya no se recomendaba hacer fiestas grandes —durante muchos meses estuvieron terminantemente prohibidas— y la idea de comer varias personas de una misma torta sonaba, por decir lo menos, sospechosa. Entonces, fue necesario adaptar el negocio de las tortas decoradas a la nueva cotidianidad.
“El impacto fue muy grande porque no se podían hacer reuniones sociales, así que ya no tenía mucho sentido hacer tortas grandes. El negocio cambió para convertirse en uno de tortas muy pequeñas que se ofrecían de regalo al cumpleañero o varias tortas o cupcakes iguales que se enviaban a las casas de los invitados de la celebración virtual, para que todos cantaran y comieran ‘de la misma torta’, pero cada uno en su casa”, cuenta Velásquez.

Por fortuna, los días de los confinamientos parecen haber quedado atrás, y el negocio poco a poco está volviendo a la “normalidad”. Las fiestas de cumpleaños han regresado y padres y niños parecen tener ganas renovadas de celebrar por lo alto, con invitados, torta, piñata, sorpresas y todo aquello que se puedan permitir. Pero, como las cosas no siempre salen como uno espera, cuando pasó el chaparrón de los confinamientos llegó el de los precios.
Las tortas que hace Velásquez llevan harina, huevos, azúcar, chocolate, frutas para hacer la mermelada, arequipe, cremas vegetales y colorantes de origen vegetal, entre otros ingredientes que varían según el tipo de masa y de relleno que el cliente elige.
El 80% de los insumos que utiliza es nacional, de manera que la ya famosa crisis de los contenedores no la ha afectado tanto. Aun así, algunos de los colorantes para alimentos de origen vegetal que utiliza vienen de Estados Unidos y la harina lleva trigo importado, pues Colombia casi no lo produce, de manera que las alzas en los precios internacionales la han afectado.
Además, la fuerte inflación que se vive en Colombia ha encarecido también las materias primas de origen nacional. Como resultado, “todos los insumos han aumentado de precio, algunos más del 35%. Los que más han subido son los huevos, la harina y el azúcar”, explica la fundadora de La Casa de Rayas. Ante esta situación, en los últimos seis meses se vio en la obligación de aumentar los precios de sus productos en aproximadamente un 20%.

Los desafíos de un futuro bajo en azúcar
El negocio de las tortas decoradas no es ajeno a las últimas tendencias en alimentación saludable, que abogan por la eliminación o la reducción del consumo de azúcar. Para prepararse al cambio progresivo en los hábitos de consumo, Velásquez tiene pensado hacer un curso en técnicas de repostería baja en azúcar y dedicar un tiempo a hacer pruebas, de manera que pueda ofrecer productos con estos requerimientos en un futuro cercano.
“Cada vez los clientes solicitan más productos bajos en azúcar. Sin embargo, yo todavía no los ofrezco, pues aún no he encontrado una receta que me dé la misma calidad en sabor y textura de los productos que tengo en este momento.
El uso de otro tipo de endulzantes toca verlo con cuidado. No se trata solo de reemplazar el azúcar por otra cosa, ya que en una torta el azúcar no solo tiene la función de endulzar sino que también tiene otros efectos fisicoquímicos en la masa, como son el color, la textura y el mismo crecimiento de la mezcla en el proceso de horneado”.

Velásquez explica que, “a veces, por no poner azúcar para endulzar se deben añadir otros químicos a la masa para que dé color, textura y tamaño, entonces se deja de comer azúcar pero se pasa a consumir otras sustancias problemáticas”. Y añade: “Claro que hay recetas y productos muy buenos sin azúcar y sin químicos, pero para llegar a una muy buena calidad hay que contar con muy buenos ingredientes que balanceen adecuadamente el producto y eso es costoso”.
En todo caso, los cumpleaños son una ocasión especial y el dulce, por lo menos por ahora, es un invitado de honor a la fiesta. Los niños, incluso los de familias que cuidan al detalle la alimentación, suelen tener licencia para comer más azúcar que de costumbre en este día.
Para Velásquez, un poco de azúcar no viene mal cuando se trata de pasar un día inolvidable. “Lo más bonito de mi trabajo es ver cuando los niños reciben las tortas y se emocionan al verlas”, dice Velásquez con una sonrisa parecida a la que hacen sus clientes cuando ven llegar su torta de cumpleaños.