sábado, 9 de mayo de 2026
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Un largo camino

Victoria E. González M., Columnista, Más Colombia

Victoria E. González M.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo.

La decisión de la Corte Constitucional que ubica a Colombia como el primer país de América Latina en donde el aborto es libre y legal hasta la semana 24 de gestación sorprendió a muchos que no esperaban ni por asombro que algo así sucediera. La marea verde inundó las calles con los cánticos y aplausos de cientos de mujeres que, por fin, luego de una ardua batalla, consiguieron que se les respetara su derecho a decidir. 

Se trata sin duda de un fallo histórico. Sin embargo, es importante reconocer que todavía nos quedan largos caminos por recorrer para que realmente las mujeres podamos decir que nuestros derechos ya no serán vulnerados. Las altas cifras de feminicidios, violaciones, el acoso sexual, el acoso laboral, las inequidades reflejadas en el famoso techo de cristal o las relaciones abusivas siguen siendo hechos cotidianos que son cómodamente ignorados.

Esto, porque subsiste algo mucho más grave que alimenta y normaliza todas estas situaciones, algo que se llama patriarcado y que no es otra cosa que un sistema que promueve la subordinación de lo femenino y que cuando visibiliza a las mujeres, lo hace para culparlas de todo.

Fiel reflejo de ello es, por ejemplo, que los medios siguen usando conectores causales para justificar la violencia contra las mujeres con sus titulares tipo “La mató por celos”; que el acoso en muchos escenarios se sigue planteando como sinónimo de galantería o que las diferencias de salarios entre hombres y mujeres se siguen justificando porque “las mujeres son más trabajadoras, pero menos capaces de tomar decisiones importantes”. 

De otra parte, en la política local, que en este momento nos roba tantas horas de debate y de análisis, la cuestión no es menos compleja. De acuerdo con un informe de la Registraduría Nacional del Estado Civil y ONU Mujeres, la participación de mujeres en el Congreso colombiano es apenas del 19,7%. En las alcaldías, según información del diario La República, en 2019 solo 121 mujeres ganaron las elecciones de un total de 1.101 alcaldías locales.

Preocupa en este punto, además, que pocas de ellas se lanzaron de candidatas (754 se postularon a estos cargos, lo que representa solo un 16%, según el mismo diario). Igualmente, aún circulan afirmaciones tan absurdas como que en este país aún no estamos preparados para que una mujer sea presidenta o que en las fórmulas presidenciales, las mujeres deben conformarse con una candidatura a la vicepresidencia porque se trata de  un cargo que no tiene muchas complicaciones ni muchos retos. 

El camino es largo, muy largo. Se podría empezar, por ejemplo, por dejar de victimizar a las mujeres culpándolas de todos los males de la tierra, comenzando por haberse comido esa primera manzana; por visibilizar todos los aportes que a lo largo de la humanidad han hecho las mujeres; por dejar de asignarles roles considerados indelegables como ser cuidadora, criadora o esposa; por dejar de reproducir en el hogar y en la escuela estereotipos destructivos que conllevan a construir mujeres frágiles y dependientes afectiva y económicamente. Ese sería un bonito comienzo. ¿Para cuándo?

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