Cómo la OTAN y la guerra en Ucrania están redefiniendo el poder de la Unión Europea
La Unión Europea atraviesa un momento de presión simultánea en seguridad, financiación de la guerra en Ucrania y rezago tecnológico, en un contexto de dependencia estratégica de Estados Unidos.
La Unión Europea enfrenta una de las coyunturas más complejas de las últimas décadas. A pesar de su peso económico, el bloque se encuentra condicionado por la OTAN, una guerra en su frontera oriental cuyo financiamiento recae cada vez más sobre sus presupuestos y una carrera tecnológica en la que ha quedado rezagado frente a Estados Unidos y China.
El Foro Económico Mundial ha puesto en evidencia estas tensiones. Desde la presión estadounidense sobre el gasto militar y la guerra en Ucrania, hasta la crisis por Groenlandia y el debate sobre la dependencia tecnológica.

¿Cómo influyen Estados Unidos y la OTAN en las decisiones europeas?
El punto de partida de esta secuencia fue la postura adoptada por el presidente estadounidense Donald Trump, quien presionó para que los aliados europeos elevaran su gasto en defensa hasta el 5% del PIB y asumir una mayor parte del costo de la guerra en Ucrania.
Trump cuestionó el volumen del apoyo financiero otorgado por Estados Unidos y sostuvo que Europa, por proximidad geográfica, debe cargar con la mayor responsabilidad política y económica del conflicto.
¿Quién está pagando la guerra en Ucrania?
La guerra en Ucrania continúa siendo el principal factor de presión sobre la política exterior y fiscal europea. Mientras Estados Unidos revisa su nivel de compromiso, la Unión Europea ha reafirmado su apoyo indefinido a Kiev y anunció un paquete de financiación de $90.000 millones de euros para los años 2026 y 2027.
Esta decisión consolida el traslado de una parte sustancial del esfuerzo bélico a los presupuestos europeos y reduce el margen de maniobra del bloque en otras áreas estratégicas, como inversión, cohesión social y transición tecnológica.

¿Qué muestra el caso Groenlandia sobre la relación transatlántica?
En paralelo, la tensión en torno a Groenlandia expuso fisuras inéditas dentro de la alianza atlántica. La presión de Trump para controlar la isla, considerada clave para la seguridad del Ártico, derivó en amenazas de aranceles contra aliados europeos y en una escalada diplomática que puso en duda la cohesión de la OTAN.
La crisis se contuvo tras un preacuerdo alcanzado entre Trump y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que estableció un esquema de doble vía: un mayor compromiso de la Alianza en la defensa del Ártico para contener a Rusia y China, y un canal de negociación trilateral entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia para revisar el acuerdo de defensa de 1951.
Sin embargo, el contenido del entendimiento no fue divulgado en detalle y tanto Dinamarca como Groenlandia señalaron no conocer los términos exactos, lo que alimentó la percepción de una negociación opaca.
¿Cuál fue la respuesta de la Unión Europea y de Dinamarca?
Frente a este escenario, la Unión Europea expresó su respaldo a Dinamarca y reiteró que la soberanía territorial no es negociable. La primera ministra danesa Mette Frederiksen dejó claro que su país está dispuesto a discutir cooperación en seguridad e inversiones, pero no a ceder control sobre Groenlandia.
En paralelo, Dinamarca y la OTAN intensificaron maniobras militares en el Ártico durante 2026, con operaciones de vigilancia y protección de infraestructura crítica, como señal de disuasión frente a actores externos.

¿Por qué Europa está rezagada en la carrera tecnológica?
Más allá de la seguridad, la Unión Europea enfrenta un desafío estructural en la carrera tecnológica. En inteligencia artificial, inversión privada, desarrollo de modelos avanzados y capacidad de cómputo, el bloque se encuentra claramente por detrás de Estados Unidos y China, según datos discutidos recientemente por la Comisión Europea.
Aunque la UE ha priorizado un enfoque regulatorio, este liderazgo normativo no se ha traducido en una ventaja competitiva. La fragmentación del mercado, la menor disponibilidad de capital y la fuga de talento han profundizado la dependencia tecnológica de actores externos.
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