Vivir

Marta Isabel González
Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.
¡Hola, lectores! Llevo ya un buen tiempo escribiendo sobre emprendimiento y si bien es una parte importante de mi vida que además me encanta, también es cierto que hay otras cosas que me gustaría compartir con ustedes porque las buenas historias están en todas partes, no solo en la locura de emprender. Por eso, a partir de hoy mi columna cambiará y será de la siguiente manera: una semana escribiré sobre temas enfocados en emprender y la siguiente sobre temas de la vida. ¿Cómo así? Así… hay tantas cosas que merecen ser contadas que no quiero limitarme a mi mundo y a mis experiencias; por eso, la columna de hoy es sobre Naty.
A Naty la conocí de la forma más rara posible: El mono, mi amigo casi hermano de toda la vida, me llamó en marzo de 2020 y me dijo con entonado acento rolo: Mona, tú eres muy buena para hablar con la gente y animarla. Tengo una amiga que perdió una pierna hace 3 meses en un accidente, porfa llámala y la animas. No sé qué tan necesario sea aclararlo, pero evidentemente entré en pánico y le dije que no. ¿Cómo carajos puedo yo animar a una persona que no solo perdió una pierna sino que no conozco? Tres horas y media después llamé al Mono a decirle que efectivamente había hablado con ella y que ella me había animado a mí. Esa es Naty, un derroche de energía positiva, lo que no quiere decir que no haya tenido momentos duros porque tampoco es un robot. Dos años y medio después no solo somos amigas sino que ahora damos conferencias juntas y contamos nuestras historias con la esperanza de que puedan ayudar en algo a alguien.
Más de esta columnista: Que tu marca sea como tú
Esta es una mujer que en ese accidente perdió casi toda su sangre; que fue víctima de un paseo de la muerte y está viva porque alguien la llevó a Bogotá a que la atendieran en contra de las opiniones de muchos; que ha tenido mil problemas y victorias aprendiendo a manejar sus prótesis; que es emprendedora desde antes de tener este accidente y que no permitió que haber perdido una pierna acabara con su negocio; una mujer que sin una pierna hace paseos a lugares remotos de Colombia en los que atraviesa ríos y sube montañas, en resumen una mujer que se salvó de la muerte para conjugar con ganas el verbo vivir. Ojalá todos fuéramos un poquito más como Naty y no permitiéramos que los pequeños o grandes problemas acaben con nuestro entusiasmo por vivir.
Más de esta columnista: Demasiado bien