domingo, 7 de agosto de 2022
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“Actualmente, los TLC nos cuestan una fortuna”: Jimmy Mayer

Jimmy Mayer y Emilio Sardi cuentan sus experiencias como empresarios de los sectores petroquímico y farmacéutico. Ambos coinciden en la necesidad de crear una política industrial que permita aumentar las exportaciones.

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En el simposio Patriotismo económico e industrialización, convocado por Juntos Colombia, se discutió sobre los retos que enfrenta la industria nacional. Rodrigo Lara, senador y director de dicha Fundación, señaló que es urgente que el Gobierno empiece a trazar una nueva política industrial cuyo objetivo sea generar valor agregado y empleo, pues “el país no puede seguir dependiendo de las exportaciones de materias primas”. 

Según Emilio Sardi, vicepresidente ejecutivo de Tecnoquímicas S.A. y uno de los industriales más conocidos del sector farmacéutico, antes de siquiera sugerir una solución deben abordarse los problemas. “Yo ubico el deterioro de la industria, y con ella del país, desde el momento en que se aprobaron las aperturas económicas”, afirmó. Aunque los efectos no se vieron inmediatamente, pues la explotación petrolera compensó el déficit de la producción industrial, para Sardi los efectos de esta política fueron muy nocivos: las importaciones aumentaron desmedidamente, la producción se contrajo y muchas empresas tuvieron que cerrar o migrar a otros países.

Por ejemplo, señaló el industrial, “desde la firma e implementación de los Tratados de Libre Comercio (TLC), pasamos de importar dos millones de toneladas de alimentos a importar quince. En el sector farmacéutico, mientras en 1942 el valor de las importaciones fue de 35 millones de dólares, en 2020 fue de 2.500 millones de dólares”. Para hacer frente a esta situación, Sardi propuso, primero, crear una política industrial centrada en la producción y no solo en la comercialización, y, segundo, renegociar los TLC. “Si Estados Unidos, México y Canadá pudieron renegociar el TLC de América del Norte (NAFTA), por qué nosotros no podríamos hacer lo mismo”, adujo. 



Por su parte, Jimmy Mayer, fundador y expresidente del Grupo Sanford de Colombia, hizo énfasis en el papel central de las exportaciones para los procesos de industrialización del país. Mayer afirmó que “es fundamental revisar las leyes de comercio exterior. En cuatro décadas pasamos de una protección absoluta a una nula, y ni la una ni la otra nos funcionan. Actualmente, los TLC nos cuestan una fortuna: tenemos un déficit creciente con la Unión Europea y Estados Unidos; se estima que en 10 años el déficit con México sea de 47.000 millones de dólares; y ahora hay quienes piensan en firmar otro TLC con Japón sin saber siquiera qué exportar”, afirmó Mayer. 

Colombia, a juicio de Mayer, no cuenta con una regulación que permita el desarrollo de las empresas nacientes ni la exportación de productos con valor agregado y, de acuerdo con su experiencia, esto es lo primero en lo que debería pensarse. 

Según relató el empresario, las exportaciones permitieron el crecimiento exorbitante del Grupo Sanford: “cuando la primera petroquímica colombiana nació, su producción era de tan solo 16.000 toneladas de resina de policloruro de vinilo (PVC). Con el tiempo nos aventuramos a exportar y la producción aumentó exponencialmente y se diversificó”, afirmó Mayer. Sin embargo, dejó claro que el crecimiento pudo haber sido mayor, si el Gobierno los hubiera apoyado. Esa, de hecho, es una de las falencias más grandes que tiene la producción en Colombia, señaló. 

De acuerdo con Mayer, otros países tienen una regulación mucho más sólida, que no solo reduce la incertidumbre para invertir, sino que les otorga mayores incentivos a los empresarios. “Si yo quisiera montar una empresa farmacéutica, por ejemplo, lo haría en Costa Rica, donde no hay muchos impuestos, y pensaría después en importar a Colombia aprovechando el TLC que tenemos”, explicó Mayer. En su concepto, la política industrial que se trace debe priorizar las exportaciones, pero no de materias primas, sino de productos con valor agregado. Resultaría rentable, adujo el industrial, bajar los impuestos a las empresas que transforman las materias primas, que de todas maneras son muy pocas, para que puedan exportar sin tantas dificultades y barreras. 

En esto coincidió Sardi, para quien las nuevas directrices económicas deben orientarse a ajustar la balanza comercial, es decir, la relación entre las importaciones y las exportaciones. Por ahora, concluyó, “en Colombia no hay puertos, sino desembarcaderos de importaciones”