lunes, octubre 18, 2021
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¿Acuerdos para qué?

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Felipe Arango
Artista plástico, Byam Shaw School of Art, Londres. Presidente de la Unidad Nacional de Artistas (UNA)

En la reciente reunión de principios de junio del G-7 y la posterior del G-20, los países más ricos del mundo aprobaron la iniciativa de un impuesto mínimo global a las grandes multinacionales mundiales. A inicios de julio, 130 países ratificaron el acuerdo en las negociaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, mejor conocida como OCDE y de la cual Colombia es miembro.

Como todo lo procedente de esta organización y las demás que representan a las potencias mundiales, el acuerdo beneficia a los poderosos e impone sus criterios a los más débiles. Como lo indica la ONG Oxfam, “Los países ricos están obligando a los países en desarrollo a elegir entre un acuerdo desventajoso o ningún acuerdo” y lo denuncia como una “nueva forma de colonialismo económico”.

Lo que podría parecer un avance, obligar a las multinacionales a pagar un impuesto mínimo del 15 por ciento sobre los beneficios, es realmente un retroceso. El acuerdo   prevé un reparto “más justo” de los beneficios entre los países donde las empresas tienen su sede y aquellos en donde realmente desarrollan sus actividades, incluso sin presencia física, pero de esta medida se excluye a las industrias extractivas, como la minería, y a los servicios financieros regulados, aunque no del impuesto mínimo (o sea que si se logra que paguen, será en los países más desarrollados). Adicionalmente, un impuesto del 15 %, es realmente menor a las tasas promedio de impuestos que venían pagando.

Las “superempresas” multinacionales dominan la economía mundial. Las 50 mayores según su valor, representan en conjunto el 28 % del PIB mundial, cifra que se multiplicó por seis en los últimos treinta años, ya que representaban solo un 4.7 % del PIB mundial en 1990. El promedio de ganancias de las mismas pasó de un 6.9 % en 1990, a un 12.5 % en 2000, un 16.8 % en 2010 y un 18.2 % en 2020. Y la tasa promedio de impuesto que pagaban pasó de 35.5 % en 1990, a 31.6 % en 2000, 24.6 % en 2010 y 17.4 % en 2020. El acuerdo del G-7 es una ulterior rebaja al promedio de impuestos que tributaban y venía en un descenso vertiginoso (El tiempo, mayo 30, 2021).

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De las 10 empresas con mayor capitalización de mercado, 5 de las primeras 6 son del mundo digital, precisamente el sector que ha venido apropiándose a través de compras y fusiones masivas en las artes, la literatura, la música, los audiovisuales y demás renglones del sector, de la cultura, la información, el entretenimiento, el conocimiento y el saber mundiales. Por capitalización en dólares, en 2020, las 6 primeras son: Apple con $2.26 billones, Aramco (multinacional saudí de hidrocarburos) $1.87 billones, Microsoft $1.68 billones, Amazon $1.63 billones, Alphabet $1.190 billones y Facebook $778.000 millones (El Tiempo mayo 30, 2021).

Estas gigantescas empresas multimedia son quienes realmente controlan la cultura mundial. Deciden qué se ve, qué se oye, qué se lee, a quién se promueve, a quién se compra y a quién se veta. El remedo de libre acceso y de los gustos son determinados por algoritmos que dependen exclusivamente de la mercantilización y las ganancias exponenciales. La falsa sensación de libertad es la ilusión con la que embelecan y convencen incautos.

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Ya es hora de que además de obtener pingües ganancias, tributen justamente y los enormes recursos potenciales que de allí se generen se inviertan en todos los países donde ejercen y no sólo en sus sedes. Y como gran parte del negocio al que se dedican es a la “cultura” (y su manipulación), el mayor porcentaje debe invertirse en la misma. Quizás así se garantice la sobrevivencia de una cultura soberana, con intereses más allá de lo económico y mercantil, y donde la única manera de ser artista no sea convertirse en mano de obra barata al servicio de estos pulpos.

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Felipe Arango
Artista plástico, Byam Shaw School of Art, Londres. Presidente de la Unidad Nacional de Artistas (UNA)

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