Arancel cero cortará el hilo del que pende la industria colombiana
Una decisión que repite los errores del pasado
Colombia vuelve a enfrentar un dilema que ya vivió hace tres décadas: entre abaratar las importaciones o proteger su producción interna. El decreto que elimina los aranceles a los hilos, telas y cueros (impulsado por el Gobierno de Gustavo Petro) ha sido presentado como una medida para impulsar la competitividad del sistema moda. Pero detrás del discurso de modernización y reindustrialización, los hechos apuntan a una dirección contraria: una nueva ola de desprotección productiva que profundiza la dependencia de las importaciones.
El país, que en los años setenta llegó a tener más de 30 hilanderías y 400.000 hectáreas de algodón, hoy cuenta con solo tres plantas de hilatura activas y menos de 15.000 hectáreas sembradas. Y con el arancel cero, esos pocos eslabones que aún sobreviven podrían desaparecer.
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El decreto del arancel cero: ¿una ayuda o una sentencia?
El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo justifica la medida como una forma de bajar los costos de producción para las 142.000 micro, pequeñas y medianas empresas del sistema moda.
Según la Cámara Colombiana de la Confección, el país produce solo el 5% de los hilos que necesita, por lo que el 95% restante se importa con un arancel del 10% que, según los confeccionistas, eleva los precios y limita la competitividad. Sin embargo, de acuerdo con la CUT las hilanderas sobrevivientes abastecen aproximadamente el 25% de la demanda nacional.
Pero lo que para los confeccionistas es un alivio temporal, para los productores de algodón y las hilanderías es un golpe estructural. El presidente de Conalgodón, César Pardo Villalba, advierte que la medida acabaría con el mercado nacional de algodón, condenando al campo a sustituir su cultivo por maíz o soya y destruyendo los encadenamientos productivos que aún unen la agricultura con la industria.
En palabras simples: Colombia se quedará sin hilanderías, sin algodón y sin autonomía productiva.

Del algodón al acero: un país que dejó de producir
Lo que está ocurriendo con el algodón no es un caso aislado. Desde los años noventa, el país ha venido desmontando su estructura industrial bajo el paradigma neoliberal de la “apertura económica”.
Se desmanteló la protección arancelaria, se redujeron los incentivos a la producción interna y se apostó por un modelo de importaciones baratas y exportaciones de bajo valor agregado. El resultado es evidente: Colombia produce cada vez menos y depende cada vez más.
De Coltejer y Everfit, símbolos de una industria pujante, solo quedan recuerdos. Hoy, las hilanderías sobrevivientes (Fabricato, Colhilados, Hilandería Universal, Miratex, Lafayette y Geomatrix) trabajan a media máquina. El propio Gustavo Lenis, presidente de Fabricato, lo resume con crudeza: “Si traer hilo de Asia es más barato, ¿para qué producirlo aquí?”.
La misma lógica que llevó al país a importar acero chino mientras cerraban sus siderúrgicas es la que amenaza el sector textil y el campo algodonero.
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El costo social y la falsa competitividad
El Gobierno argumenta que la eliminación de aranceles permitirá defender 2,5 millones de empleos en confección. Sin embargo, las centrales obreras CGT y CUT advierten que la medida pone en riesgo más de 8.000 empleos directos y 30.000 indirectos del sector hilandero, principalmente mujeres cabeza de hogar.
La promesa de abaratar la ropa y dinamizar el mercado interno también es cuestionable. Según estudios técnicos de la CGT, el costo del hilo representa menos del 1,5% del precio final de una prenda, por lo que suprimir el arancel apenas reduciría unos pocos centavos por prenda, sin mejorar realmente la competitividad. En cambio, sí destruiría los últimos empleos industriales formales del sector.
El problema de fondo no es el precio del hilo, sino el dumping asiático, la subfacturación y la evasión fiscal. Plataformas como Temu o Shein introducen millones de prendas al país sin pagar aranceles ni IVA, generando una competencia desleal que ni siquiera el arancel cero corrige.
El país deja de recaudar más de $160.000 millones anuales por subfacturación en importaciones de hilos, pero la respuesta del Estado es (paradójicamente) bajar aún más los aranceles.
Una reindustrialización sin industria
La medida, que el Gobierno justifica como parte de su “política de reindustrialización”, parece reproducir el mismo error que denunció en sus antecesores: liberalizar los insumos sin proteger la producción nacional, lo que rompe los encadenamientos internos y aumenta la dependencia externa.
En lugar de fortalecer las hilanderías o modernizar la producción algodonera, se opta por importar todo lo que no se produce, en lugar de producir lo que se importa.

Fortalecer la cadena, no romperla
El debate sobre el arancel cero no debería reducirse a confeccionistas contra hilanderos. Lo que está en juego es el modelo productivo del país. El algodón no es solo una fibra: es la base agrícola de una cadena que genera valor industrial, empleo formal y exportaciones con valor agregado.
Colombia no puede competir con China en precios, pero sí en calidad, sostenibilidad y trazabilidad local. Para eso, el Estado debe usar todas sus herramientas:
- Compras públicas que prioricen insumos nacionales.
- Créditos blandos para modernizar la maquinaria textil.
- Política agrícola activa que garantice rentabilidad al cultivo del algodón.
- Lucha real contra el contrabando técnico y la subfacturación.
- Aranceles inteligentes y cupos productivos, como los que usan Brasil o México, para proteger sectores sensibles sin aislar al país del comercio global.
El hilo que sostiene la soberanía
Colombia ya aprendió lo que ocurre cuando renuncia a su capacidad de producir. Hoy importa alimentos, fertilizantes, combustibles, acero y textiles. Cada vez que cae una hilandería o un cultivo, el país pierde autonomía, empleo y riqueza social.
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El arancel cero, lejos de ser un paso hacia la reindustrialización, puede convertirse en el hilo que termine de deshacer la industria nacional. La verdadera competitividad no está en importar más barato, sino en producir mejor, con equidad y con visión de largo plazo.