Bancos de cemento para árboles de verdad
Fernando García Rubio
Director ejecutivo de Confecaucho y Cenicaucho.
Mientras que los bancos esperan el pago de los créditos de manera mensual, nuestros cultivos permanentes tropicales como aguacate, cacao, caucho natural, entre otros, inician su etapa productiva a los 3, 4, 5, 6 y más años. La carencia de personal técnico en los bancos que conozca la realidad de los sistemas productivos y el no tener acercamiento a los gremios para conocer sus realidades ocasionan que en muchas regiones se le niegue la herramienta financiera al campesino. Sin tener su árbol en producción, el campesino no tiene flujo de caja y si no tiene flujo de caja no puede cumplir con sus obligaciones, pero no significa que no lo vaya a realizar, solo necesita es tiempo; tiempo que le otorga su cultivo permanente pero que nunca es valorado cuando se trata de planificar a largo plazo.
No está muy lejos de este “valle de la muerte” el eslabón agroindustrial e industrial de nuestras cadenas productivas que se deben enfrentar a funcionarios que poco o nada conocen de la realidad comercial de cada uno y se someten a los conceptos que emite la oficina de riesgos sin consulta alguna en el mundo real.
En Colombia, el acceso al crédito formal en zonas rurales sigue siendo inferior al 20% en muchas regiones, lo que empuja al productor hacia el «gota a gota» y al agroindustrial e industrial a hipotecar y acceder a otro tipo de manejos financieros que los limitan en su crecimiento y por ende el apoyo al eslabón primario de su cadena de valor.
Para los gremios del sector agropecuario, su misión fundamental es el bienestar productivo de sus agricultores y por ende busca el apoyo de los aliados que promuevan este atributo ya sea a través de créditos, incentivos, etc. Siempre será garantía de éxito en un proceso financiero, tener de cerca al gremio respectivo, dando las alertas a tiempo, ofreciendo las explicaciones técnicas de cada momento, entre muchos otros aspectos sobre los cuales el sector financiero poco o nada conoce y sobre todo en cultivos permanentes tropicales.
El problema no es solo productivo: es biológico y financiero a la vez. Mientras que un cultivo transitorio (como el maíz o el arroz) entrega retornos en pocos meses, un árbol de cacao o de caucho natural es una inversión a largo plazo y estamos hablando de 20 y hasta 30 años: requiere tres, cuatro o hasta seis años de cuidados intensivos, podas y fertilización antes de entregar su primer fruto rentable. Este es el famoso «valle de la muerte» de los cultivos permanentes tropicales que las oficinas de riesgo ignoran y desconocen en cada caso: un periodo donde el productor solo tiene egresos, pero el banco ya está tocando a la puerta exigiendo intereses o respaldos financieros que ya están hipotecados o no tienen.
Las alternativas para mejorar estos aspectos existen y pasan por el entendimiento inicial de cada cadena de valor, sus tiempos, sus riesgos reales, su potencial y sus tiempos productivos y el potencial comercial que puede tener para responder con las obligaciones financieras. Lograr ampliar la cobertura de los seguros agropecuarios a los impactos climáticos y a la realidad de cada territorio sería un buen comienzo.
Otra alternativa sería mejorar la falta de períodos de gracia reales y de líneas de crédito que entiendan la curva de maduración de los frutales tropicales y la curva de crecimiento de los árboles maderables y de caucho natural, esto empuja al productor hacia la informalidad. No es falta de voluntad de pago; es un desfase técnico entre la velocidad del dinero y la velocidad del desarrollo de las plantaciones.
Siguiendo con las alternativas, sería muy valioso la creación de unidades técnicas especializadas dentro de los bancos comerciales que hablen el mismo idioma que el Ing. Agrónomo Forestal; un analista de crédito que entiende qué es una «poda de formación», un «injerto» o un “rayado y equipamiento de un árbol” evaluará el riesgo de forma mucho más precisa que uno que solo mira una pantalla en una oficina sin conocer en persona la especia que analiza.
Cerrar la brecha no requiere de milagros sino de voluntad real técnica y administrativa. Necesitamos una arquitectura financiera que reconozca que un árbol es un activo vivo que puede producir y generar rentabilidad por más de 20 años. Esto implica transitar hacia créditos con periodos de gracia ajustados a la biología, fortalecer los seguros paramétricos y, sobre todo, validar el cultivo mismo como garantía. Los cultivos permanentes tropicales no necesitan y tampoco piden caridad, necesitan herramientas financieras a su medida. Colombia no puede seguir pretendiendo que el campo se adapte a las hojas de cálculo de las oficinas de riesgo y sus funcionarios en Bogotá. Necesitamos una banca que huela a tierra, que camine de la mano con los gremios de los cultivos permanentes tropicales, que entienda de fenología, que se ponga la botas y camine con los campesinos, agroindustriales e industriales del subsector y que sepa que financiar un árbol no es un gasto, sino una apuesta por la soberanía agropecuaria a largo plazo y la sostenibilidad. Mientras los bancos y sus créditos no aprendan a esperar la cosecha, seguiremos sembrando esperanza, pero cosechando deudas.