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lunes, 11 de mayo de 2026
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Bancos de semillas: por qué son un seguro para la biodiversidad y el futuro

Pese a que históricamente se han utilizado 6.000 plantas comestibles como alimento, la humanidad hoy obtiene más de la mitad de su ingesta calórica de solo tres de ellas.
cultivo de maíz

Todos los días leemos sobre él: el cambio climático llegó para quedarse y sus efectos ya pueden sentirse en la vida cotidiana, en los sistemas productivos y en las expectativas que tenemos del futuro que le espera a nuestro planeta y a nosotros mismos. 

Uno de los aspectos que más generan preocupación es el que tiene que ver con la agricultura, una actividad económica altamente vulnerable y de la que depende la humanidad, pero que enfrenta una contradicción difícil de subsanar con los modelos productivos propios de la agricultura comercial.


Esta contradicción se debe a que, si bien la agricultura debe afrontar las variaciones climáticas y medioambientales, está cada vez más especializada en un número limitado de cultivos y, más aún, en un número limitado de variedades de cada uno de ellos. 

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Pocos cultivos y, más aún, pocas variedades

En cuanto a la dependencia de un número reducido de cultivos, las estadísticas son preocupantes. Pese a que hay al menos 200.000 especies de plantas comestibles y a que históricamente se han utilizado 6.000 de ellas como alimento, la humanidad hoy obtiene más de la mitad de su ingesta calórica de solo tres de ellas: el maíz, el arroz y el trigo. Además, menos de 200 plantas hacen un aporte significativo a la producción de alimentos y dos tercios de dicha producción se limitan a solo 9 especies, según la FAO. Esto nos hace altamente dependientes. 

En cuanto a la dependencia de un número limitado de variedades de cada cultivo, preocupa que todos los años se pierden algunas de ellas. Si bien pueden no ser las más productivas o las que brindan los frutos más grandes y lustrosos —como suelen gustarle al mercado—, su adaptación a, por ejemplo, sequías prolongadas, tierras inundadas o suelos ácidos las convierte en un seguro para la seguridad alimentaria global y les otorga un valor incalculable. 

Ahí es cuando los bancos de semillas cobran toda su relevancia, pues no solo ayudan a preservar la biodiversidad vegetal, sino que brindan a los fitomejoradores materiales genéticos para adaptar los cultivos alimenticios al cambio climático. Y, en caso de catástrofes climáticas, sociales o de cualquier otra índole, los agricultores pueden echar mano de sus colecciones.

Bancos de semillas: la última línea de defensa de la agricultura

De acuerdo con el The Global Crop Diversity Trust (Crop Trust) —una organización creada en 2004 por la FAO y Bioversity International que se dedica a la preservación de la diversidad de los cultivos—, en el mundo hay aproximadamente 1.700 bancos de semillas, los cuales albergan colecciones de especies de plantas que son invaluables para la investigación científica, la educación, la preservación de especies y la salvaguardia de las culturas indígenas.


El más famoso de ellos es la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, Noruega, también conocida como “La bóveda del juicio final” o “El arca de Noé de las semillas”. Allí se busca albergar, a una temperatura de -18 ºC, un duplicado de todas las semillas alojadas en otros bancos alrededor del mundo, con lo que se convierte en un seguro ante posibles daños a los bancos locales de semillas, como ocurrió en Siria a raíz de la guerra. 

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Con la colección más diversa de semillas de cultivos alimentarios del mundo, Crop Trust estima que, actualmente, la bóveda de Svalbard contiene 1.145.693 variedades de semillas de casi todos los países del mundo, y tiene capacidad para albergar 4,5 millones de variedades de cultivos y 2.500 millones de semillas. 

De propiedad del gobierno noruego, es administrada con el apoyo del Global Crop Diversity Trust. La ubicación de este banco de semillas, en en el archipiélago de Svalbard, a medio camino entre la Noruega continental y el polo norte, fue elegida con la esperanza de que el permafrost y la roca densa en la que se enclava la bóveda asegurara la congelación permanente de las muestras de semillas, en caso de fallas en los sistemas de enfriamiento. Sin embargo, el cambio climático también alcanzó a esta región, y en 2017 la bóveda afrontó el deshielo ocurrido luego de que altas temperaturas asolaran a la región. 

Colombia inauguró importante banco de semillas

En marzo de este año, fue inaugurado en Palmira, Valle del Cauca, el nuevo banco de germoplasma del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT). Las nuevas instalaciones, cuya construcción comenzó en el 2018, albergan el banco de germoplasma del Centro, que alberga unas 68.000 accesiones de fríjol común, forrajes tropicales y yuca, tres cultivos de gran importancia para los pequeños agricultores del mundo. 

Según el Centro, “como repositorio de semillas, el CIAT proporciona semillas a agricultores vulnerables en todo el mundo. Como banco de germoplasma, permite a los científicos entender los rasgos genéticos ocultos de las plantas – muchas de las cuales ya no existen en las fincas ni en la naturaleza”.

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