viernes, octubre 15, 2021
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Cada dos semanas muere un mundo

Federico Escribal
Federico Escribal
Gestor cultural (UNTREF, Argentina). Director de la Cátedra libre de Gestión cultural (Universidad Nacional de La Plata, Argentina) y docente (Universidad Nacional de las Artes, Argentina). Fue director nacional de promoción de los derechos culturales y diversidad cultural (Argentina).

La homogeneización cultural que la modernidad occidental ha promovido como un dogma religioso en el momento colonial y que la globalización ha acelerado está configurando un mundo simbólicamente devastado, en el que cualquier gesto creativo solo adquiere valor en tanto sea comercializable. Lo que está en juego es la capacidad de imaginar futuros deseables que preserven la dimensión humana.

La homogeneización cultural que la modernidad occidental ha promovido como un dogma religioso en el momento colonial y que la globalización ha acelerado está configurando un mundo simbólicamente devastado, en el que cualquier gesto creativo solo adquiere valor en tanto sea comercializable. Lo que está en juego es la capacidad de imaginar futuros deseables que preserven la dimensión humana.

En las cuatro semanas que pasaron desde la publicación de mi columna pasada en este portal –siguiendo el promedio que se desprende de los cálculos oficiales de la UNESCO– dos idiomas han dejado de ser practicados en nuestro planeta. Más allá de los enfoques románticos y los esencialismos que tanto daño generan en torno a la forma en la que se aborda políticamente lo cultural, creemos que en este momento de tanta efusividad en torno a los debates sobre el futuro del proyecto humano, un debate global serio y profundo en relación a la importancia de la diversidad cultural se vuelve tan urgente como aquel que aborda la cuestión medioambiental.

No es de extrañar la ausencia de protección sobre el patrimonio inmaterial de las comunidades indígenas, tradicionalmente tensionadas en sus modos de vida por los modelos económicos basados en el extractivismo de materias primas. Al tiempo que sus derechos culturales son vulnerados, un 86% de los indígenas a nivel global trabajan en la economía informal, y tienen casi tres veces más probabilidades de sufrir desnutrición y vivir en la pobreza extrema que el resto de las sociedades.

Desde la perspectiva ecológica, adicionalmente, el debate es particularmente relevante, en tanto el control territorial por parte de comunidades indígenas resulta el mayor garante efectivo de biodiversidad. Es por esto que –en ámbitos como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo– se está postulando que referentes indígenas incrementen su participación efectiva en foros globales ambientales, como la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas. 

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Atendiendo el riesgo de desaparición en el que se encuentra cerca del 40% de las 6.700 lenguas que se hablan aún hoy en el planeta, la UNESCO ha instituido la Década de las Lenguas Indígenas, iniciando en 2023, tan solo unos años después de haber dedicado el año 2019 a la misma cuestión. En función de estos desafíos, desde hace unos años el gobierno boliviano viene trabajando sobre un Instituto Plurinacional de Estudio de Lenguas y Culturas (IPELC), acompañado por 33 institutos específicos para cada una de las lenguas que componen el mosaico idiomático de su sociedad nacional. Complementariamente, desde 2019 vienen impulsando la creación de un Instituto Iberoamericano de las Lenguas Indígenas en el ámbito de la cooperación iberoamericana, que podría constituirse como un ámbito estratégico en este sentido. Lamentablemente, el debate en torno a esta necesidad dista de ser amplificado lo suficiente como para lograr apropiación social por parte de sectores a los que aún estos debates les resultan indiferentes.

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El ejercicio idiomático es una dimensión central del proceso de filiación identitaria, al tiempo que la configuración de cada lengua determina la forma en la que se entiende el mundo, las cosas y las relaciones. Este principio de la relatividad lingüística no debe ser malinterpretado asumiendo que el idioma limita, sino por el contrario, enfatizar que la estructura de cada idioma estimula la atención sobre ciertos aspectos de la realidad que resultan relevantes para esa cultura en ese momento. Por eso, perder una lengua es perder una forma de entender el mundo. Y sucede cada dos semanas.

Federico Escribal
Federico Escribal
Gestor cultural (UNTREF, Argentina). Director de la Cátedra libre de Gestión cultural (Universidad Nacional de La Plata, Argentina) y docente (Universidad Nacional de las Artes, Argentina). Fue director nacional de promoción de los derechos culturales y diversidad cultural (Argentina).

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