sábado, 24 de septiembre de 2022
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Colombia sí tiene futuro

Andrés Botero, Columnista

Andrés Botero Arbeláez

Abogado, Universidad Pontificia Bolivariana. Magíster en relaciones internacionales. Director Ejecutivo de la Cámara Ambiental del Plástico.

Somos una sociedad única porque cada uno de nosotros representa la originalidad y la naturalidad con la que nuestros coterráneos se expresan ante el mundo, ante ellos mismos y ante nosotros. Compartimos un conjunto de principios y valores mínimos que son los faros sobre los cuales se erige la luz que guía nuestros pasos. Más allá de las regulaciones, el respeto por nuestros ancianos, el valor de nuestras acciones y el cuidado especial por nuestras actuaciones nos hace mejores padres, nos hace mejores hijos, mejores hermanos y mejores ciudadanos. 

La presencia de la familia en todo su esplendor, con primos, tíos y todos los demás, convierte los lazos familiares en el primer eslabón de una cadena social, cuyo modelo de actuación está basado en los principios y en los valores de la ética de nuestros ancestros. No debe existir ninguna conducta humana, ni en la práctica de los negocios ni en las relaciones humanas, donde el respeto por el otro, la ética, el compromiso por la verdad y el servicio mutuo no primen por encima de los intereses personales y de las conductas individualistas.

Yo creo en la honestidad, en la coherencia y en la responsabilidad social de millones de colombianos, que no solo son leales y transparentes, sino que además son profesionales en lo que hacen así no tengan un título universitario. La actitud positiva, la orientación al cliente, la generación de confianza, el alto desempeño en lo que hacemos e incluso la actitud de servicio y la integridad, nos hacen como colombianos inmejorables en la obtención de resultados. Por eso, debemos esforzarnos cada día más en inculcar a nuestros funcionarios y en el ambiente de trabajo una ética universal, que nos defina como colombianos; debemos inculcar en nuestros familiares la devoción por los principios y valores que hemos recibido de generación en generación y hacer del parentesco de consanguinidad un regalo y una invitación a ser mejores cada día. 



Nosotros, como colombianos, seamos empresarios o no, debemos reclamar ante nuestros proveedores, insistir ante nuestros clientes e invitar a nuestros competidores a que seamos colombianos ejemplares, a que el abuso de confianza nunca llegue a nuestras puertas, a que el hurto en sus distintas clasificaciones sea desterrado del actuar de los colombianos. Debemos dejar atrás la malversación, el ocultamiento y la destinación diferente de todo tipo de recursos y de todo tipo de tiempos. Debemos, de una vez por todas, acabar con la corrupción, desterrar todos los actos incorrectos y convertir la moral judeocristiana, no en un dogma de fe, sino en una regla de convivencia y protección que cubra en todo su radio de influencia a todos los colombianos, sin excepciones ni privilegios y con una ética que vaya más allá de los interés individuales de quienes tienen en sus manos los designios de nuestro país.