Entrevista exclusiva con movimiento de colombianos en el exterior tras encuentro con Petro
El encuentro de Petro con colombianos en el exterior dejó anuncios sobre retorno y participación. En entrevista con +57 Conexión Colombia.
El 5 de febrero de 2026, al cierre de su visita oficial a Washington D.C., el presidente Gustavo Petro se reunió con la diáspora en un evento cargado de simbolismo político. Allí planteó que los colombianos en el exterior no debían ser vistos solo como remitentes de remesas, sino como actores políticos y culturales con incidencia en el rumbo del país.
El discurso incluyó llamados a la participación electoral, críticas a instituciones como el Consejo Nacional Electoral y propuestas sobre identidad regional y retorno digno de deportados. Sin embargo, meses después, la discusión se ha desplazado hacia una pregunta concreta: qué ha cambiado realmente para los colombianos en el exterior más allá de la retórica.
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Desde organizaciones migrantes como +57 Conexión Colombia, el balance muestra avances institucionales puntuales, pero también limitaciones estructurales que siguen afectando la vida cotidiana de millones de migrantes.

Colombianos en el exterior y el nuevo Viceministerio: avance con dudas
Uno de los anuncios más relevantes para los colombianos en el exterior ha sido la creación del Viceministerio de Asuntos Migratorios, Consulares y de Protección Internacional. El Gobierno lo presentó como un paso para coordinar funciones dispersas y mejorar la atención a más de seis millones de personas fuera del país.
La organización +57 Conexión Colombia considera que la creación del nuevo viceministerio representa un avance institucional al intentar centralizar funciones dispersas y mejorar la atención a los más de seis millones de colombianos en el exterior.
Sin embargo, advierte que la medida sigue siendo insuficiente frente a los vacíos históricos de protección, especialmente porque no incorpora un enfoque explícito de derechos, género y cuidados, lo que deja en situación de mayor vulnerabilidad a mujeres migrantes, hogares transnacionales y personas en condición irregular.
Además, señala que la reforma se plantea bajo un esquema de “costo cero”, basado en la redistribución de cargos existentes, lo que podría limitar su capacidad real de transformación. La organización también cuestionó la ausencia de mecanismos claros de participación de la diáspora (en particular de grupos tradicionalmente excluidos como personas deportadas o trabajadores migrantes) y concluye que, por ahora, el anuncio se percibe más como un gesto político que como un cambio estructural en la política migratoria del Estado.
Retorno de deportados: dignidad discursiva, reintegración incierta
Los llamados “retornos con dignidad” han sido, en la práctica, una respuesta tardía y politizada al aumento de deportaciones desde Estados Unidos, más que el resultado de una política sostenida de protección y reintegración.
El viraje del Gobierno colombiano se produjo sólo cuando se intensificaron las redadas y expulsiones bajo la administración de Donald Trump en 2025, lo que incluso derivó en tensiones diplomáticas y en el envío de aeronaves militares para repatriar connacionales, sostiene +57 Conexión Colombia.
Aunque las autoridades presentaron la medida como humanitaria y anunciaron que los deportados regresarían “libres y sin esposas”, la decisión se tomó después de presiones externas, incluidas advertencias de sanciones migratorias desde Washington.
La reintegración prometida se apoya principalmente en créditos y acceso a programas ya existentes, lo que traslada el costo del retorno a los propios hogares. Proponer endeudamiento como vía de reinserción resulta especialmente problemático porque muchos migrantes ya contrajeron deudas para financiar su salida del país, advirtió la organización.
Sin cambios estructurales en empleo, seguridad social y condiciones de vida, el retorno puede reproducir las mismas causas que impulsaron la migración, afectando con mayor intensidad a mujeres cuidadoras y familias transnacionales.

Voto exterior y polarización: participación con obstáculos
La polarización política colombiana no solo se reproduce en el exterior, sino que en muchos casos se intensifica, convirtiendo el voto de la diáspora en un nuevo campo de disputa simbólica y programática entre sectores enfrentados del país.
En entrevista, la organización explicó que el antagonismo entre petrismo y uribismo moviliza a los núcleos más militantes, pero al mismo tiempo desincentiva a quienes se ubican en posiciones intermedias o están cansados del tono confrontacional.
Esta dinámica resulta especialmente sensible en comunidades migrantes donde las redes de apoyo (clave para empleo, vivienda o regularización) son frágiles y pueden fracturarse por conflictos políticos, lo que lleva a muchas personas a abstenerse de participar para evitar tensiones dentro de su propia comunidad, agregó la organización.
Además, advirtió que a esta polarización se suman obstáculos estructurales del voto exterior como la distancia a los consulados, los horarios restringidos, la información fragmentada y las brechas digitales, factores que terminan concentrando la participación en quienes ya tienen posturas políticas definidas, concluyó +57 Conexión Colombia.

La “colombianidad” a una “latinoamericanidad”
Desde una mirada crítica, el llamado del presidente Gustavo Petro a pasar de la “colombianidad” a una “latinoamericanidad” para los Colombianos en el exterior opera más como un recurso simbólico que como una estrategia capaz de incidir en las causas económicas y sociales que siguen empujando la migración.
La consigna puede integrar en el plano discursivo, pero no sustituye empleo formal, ingresos dignos ni sistemas efectivos de protección social. En conversación con integrantes de la diáspora, la percepción dominante es que la identidad compartida convoca, pero no altera las condiciones materiales que obligan a salir del país.
Además, la idea de que los símbolos movilizan por sí solos al “imaginario colectivo” desconoce que, en la práctica, los gestos culturales más influyentes suelen provenir de la industria cultural antes que de la política institucional. Un ejemplo citado con frecuencia es la presentación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl 2026: en pocos minutos logró articular una narrativa visual y musical de identidad latina (con referencias campesinas, nacionales y panamericanas) que conectó con audiencias globales y tradujo símbolos complejos en orgullo y pertenencia.
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Ese tipo de impacto, amplificado por los medios y las redes, resulta comunicativamente más eficaz que discursos políticos que no vienen acompañados de soluciones tangibles en empleo, cuidados o seguridad social, explicó +57 Conexión Colombia.
En síntesis, el giro hacia la “latinoamericanidad” para los Colombianos en el exterior se percibe como insuficiente cuando pretende ocupar el lugar de políticas públicas concretas y evaluables. La identidad puede inspirar y cohesionar, pero no reemplaza la acción estatal sobre las desigualdades estructurales.
Mientras no se traduzca en medidas verificables que mejoren las condiciones de vida dentro del país, seguirá predominando la sensación de que la cultura moviliza emociones, mientras que la política (cuando es efectiva) debería transformar realidades. Hoy, para buena parte de quienes viven fuera, lo pendiente es lo segundo.
Remesas, cuidados y vacíos de protección
Los colombianos en el exterior sostienen economías familiares mediante remesas que representan una de las principales fuentes de divisas para el país. También mantienen redes de cuidado transnacional, crianza a distancia y apoyo económico a familiares.
Sin embargo, continúan enfrentando vacíos en protección laboral, seguridad social y reconocimiento institucional. Las personas en situación migratoria irregular, los trabajadores informales y los hogares monoparentales concentran mayores riesgos.
Dentro de los Colombianos en el exterior se encuentra el caso de las mujeres migrantes es particularmente crítico. Muchas trabajan en sectores precarizados (como servicios domésticos y cuidado) con bajos salarios, escasa protección legal y alta carga emocional por la separación familiar.