Conflicto en Siria y la victoria amarga de Estados Unidos
La caída de Bashar al Assad en Siria no traerá la paz esperada, dejó a Estados Unidos e Israel con una victoria ambivalente. El país queda fragmentado, con el grupo Hayat Tahrir al-Sham (HTS), sucesor de Al Qaeda, el de las Torres Gemelas, en el poder. En una década más de 300 mil civiles han muerto y hay millones de refugiados. La larga guerra ha dejado a Siria convertida en un campo de batalla geopolítico.
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El inicio del caos y las manos ocultas
En 2011 Siria entró en la tormenta de las “primaveras árabes”. Lo que comenzó como un clamor popular por más justicia y libertades se transformó rápidamente en un escenario de guerra. Las primeras protestas pacíficas terminaron sofocadas por el gobierno de Bashar al Assad, lo que desató un conflicto que sobrepasó todas las previsiones. Las calles se llenaron de violencia y, a medida que el caos crecía, los actores internacionales entraron al juego con sus propios intereses.
Lo que inicialmente pareció una insurrección popular fue aprovechado por Estados Unidos y sus aliados como una oportunidad estratégica. El objetivo: debilitar a un gobierno alineado con Rusia e Irán. Pero, mientras el país se desangraba, los grupos opositores mostraron su diversidad y distintas facciones de islamistas radicales manejadas desde fuera protagonizaron la contienda.
La irrupción de Al Golani y la paradoja del poder
No todos los grupos opositores buscaban lo mismo. Las facciones se multiplicaron. El líder de HTS, Abu Mohammad al-Golani, es una figura que encarna la contradicción del conflicto sirio. Estados Unidos, que lo había catalogado como terrorista global y ofrecido recompensas millonarias por su captura, terminó siendo su respaldo indirecto.
Al Golani aprovechó la situación para posicionarse como una alternativa viable al régimen de Assad, intentando incluso lavar su imagen a través de entrevistas en medios internacionales como CNN.
Al final, Bashar al Assad, acorralado y sin apoyo suficiente de sus aliados tradicionales, como Rusia e Irán, optó por exiliarse. El gobierno quedó en manos de HTS, lo que representa una victoria amarga para Estados Unidos que logró el ansiado objetivo de remover a Bashar al Assad. Pero el enemigo que ayudaron a empoderar podría convertirse en un problema mayor.

Rusia, Turquía e Irán: intereses encontrados
Mientras tanto, las potencias regionales también aprovecharon el desmoronamiento sirio. Rusia intervino militarmente a solicitud de Asad en 2016. Con el conflicto en Ucrania ocupando sus recursos, Moscú se vio imposibilitado de emprender una enorme guerra .
Turquía, bajo el liderazgo de Recep Tayyip Erdogan, usó la crisis como excusa para atacar a los kurdos, quienes habían logrado una autonomía relativa en el norte de Siria. Para Erdogán, evitar que esta autonomía se extendiera a Turquía era una prioridad. Además, Ankara instrumentalizó el retorno de millones de refugiados sirios como una carta política interna.
Por su parte, Irán, debilitado por sanciones económicas y su propia lucha contra Israel, también redujo su apoyo. Hezbollah, su principal aliado en la región, enfrentó un escenario insostenible: desgastado por años de combates y sin capacidad de intervenir en dos frentes a la vez.
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Israel y la sombra del Monte Hermón
Israel, siempre alerta ante cualquier amenaza en la región, no perdió tiempo. Tras la salida de Assad, sus fuerzas ocuparon el Monte Hermón, una zona estratégica que nunca había caído en manos israelíes desde 1973. Con los Altos del Golán ya bajo su control desde hace décadas, Israel extendió su influencia en territorio sirio con el argumento de garantizar su seguridad.
Bombardeos a instalaciones militares y ataques preventivos se multiplicaron. Para Israel, la salida de Assad era solo un paso más en su estrategia de contener a Irán y Hezbollah. Pero, paradójicamente, la inestabilidad creada podría ser una amenaza a largo plazo.

La balcanización: una estrategia conocida
Lo que sucede en Siria no es nuevo. La estrategia de dividir y fragmentar países para debilitar su influencia ya fue aplicada por Estados Unidos en Yugoslavia y la Unión Soviética. Henry Kissinger lo dijo en 2013: un país dividido en regiones autónomas sería el mejor escenario.
El derrocamiento de Assad ha debilitado al llamado Eje de la Resistencia –Yemen, Hamas, Siria, Irán y Hezbollah–, el acercamiento de Turquía y las monarquías del Golfo a los BRICS estará en veremos, lo que representa una victoria parcial para Estados Unidos e Israel. Sin embargo, la presencia de un gobierno extremista como HTS crea nuevas incertidumbres. Siria, ahora fragmentada y agotada, queda como una sombra de lo que fue.
El precio humano de la guerra
Detrás de los movimientos geopolíticos, el mayor costo lo ha pagado la población civil. El conflicto ha dejado más de 300 mil civiles muertos. Cinco millones y medio de refugiados que han buscado asilo en Turquía, Europa y los países vecinos. Siete millones de desplazados internos, atrapados en su propio país.
Ciudades históricas como Alepo y Homs quedaron reducidas a escombros. Campamentos de refugiados improvisados son el hogar temporal de millones de personas que, tras años de guerra, solo buscan sobrevivir.

Un futuro sombrío
La salida de Assad no significa el fin del conflicto en Siria. Con HTS en el poder y la intervención continua de potencias extranjeras, el país sigue siendo un campo de batalla. Mientras Estados Unidos, Israel, Rusia y Turquía buscan consolidar sus intereses, la reconstrucción de Siria parece un sueño lejano.
El panorama internacional también juega un papel. Siria ocupa un lugar clave en la proyectada nueva Ruta de la Seda de China, y la guerra en Ucrania, son piezas de un mismo rompecabezas. Por su parte Trump siempre ha tenido como objetivo prioritario el ataque a Irán, el cual queda aislado de su aliado sirio.
La inestabilidad en la región y los enfrentamientos parecen estar lejos de resolverse, Siria queda atrapada entre el poderío de las potencias globales y el sufrimiento de su gente. El precio de la guerra ha sido demasiado alto, y las perspectivas de paz son tan inciertas como el futuro de la región.