Crisis del etanol en Colombia: EE.UU. ya suministra el 51% y deja sin mercado la producción nacional
Miles de trabajadores del sector cañero salieron a protestar por la crisis del etanol en Bogotá y en el suroccidente ante el riesgo de cierres de plantas y despidos masivos. Entre las organizaciones movilizadas se encuentran sindicatos vinculados a Sintrainagro y a las principales centrales obreras CGT, CTC y CUT.
Los trabajadores alertan que la acumulación de inventarios, la caída de la demanda de gasolina y el aumento de importaciones han dejado a los productores nacionales sin salida comercial, lo que podría obligar a suspender operaciones en varios ingenios.
La tensión se intensificó tras los anuncios del Gobierno sobre cambios en la metodología de precios y en el esquema de abastecimiento del biocombustible. Según los sindicatos, estas medidas coinciden con un mercado saturado por etanol importado, principalmente desde Estados Unidos y con inventarios que superan decenas de millones de litros almacenados.
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El impacto laboral podría afectar a miles de trabajadores formales en el suroccidente del país, especialmente en el Valle del Cauca, principal centro de la agroindustria azucarera y de la producción de bioetanol en Colombia.
Tras las protestas, el Gobierno instaló mesas de diálogo interinstitucional con ministerios, la Procuraduría y representantes sindicales para ordenar el mercado, garantizar calidad y proteger el empleo. Hasta ahora, no se ha alcanzado una conclusión definitiva

Crisis del etanol Colombia: sobreoferta, importaciones y demanda en caída
La crisis del etanol en Colombia se explica por la coincidencia de varios factores que, juntos, generan un cuello de botella productivo. El más inmediato es la caída del consumo de gasolina, de la cual depende directamente el uso de etanol, ya que este se mezcla obligatoriamente con el combustible fósil.
Menos gasolina significa menos bioetanol y menos ventas implican acumulación de inventarios. Sindicatos y empresarios coinciden en que el sector enfrenta niveles inusuales de sobreabastecimiento: tanques llenos, producción en marcha y demanda insuficiente crean una ecuación insostenible para plantas diseñadas para operar de forma continua.
El segundo factor es el aumento de importaciones. Colombia permite el ingreso de etanol extranjero, principalmente desde Estados Unidos, lo que presiona aún más un mercado interno deprimido. Para los trabajadores, la crisis refleja una competencia asimétrica: mientras la industria nacional sostiene empleo formal rural y encadenamientos productivos, el producto importado no genera efectos equivalentes en el territorio.
Este escenario se produce en el marco del tratado comercial vigente entre Colombia y Estados Unidos, que facilita el acceso de biocombustibles extranjeros al mercado nacional. Durante el inicio de su gobierno, el presidente Gustavo Petro planteó la posibilidad de revisar o renegociar algunos tratados de libre comercio para proteger sectores productivos estratégicos.
Sin embargo, hasta ahora no se han materializado cambios en las condiciones comerciales que afectan a la agroindustria de la caña. Para sindicatos y actores regionales, la continuidad de estas reglas ha dejado a la producción nacional expuesta a choques externos en un momento de debilidad de la demanda interna.

Precio del etanol en Colombia y la disputa por la fórmula oficial
El conflicto se intensificó con la discusión sobre la metodología que fija el ingreso al productor de etanol, un mecanismo regulado por el Gobierno que determina cuánto reciben las plantas por cada litro vendido para su mezcla obligatoria con gasolina. De ese precio dependen directamente los costos laborales, la continuidad operativa de los ingenios y las inversiones en el sector.
En Colombia, el valor del etanol no se fija libremente en el mercado, sino mediante una fórmula administrada por el Ministerio de Minas y Energía que combina referencias internacionales de combustibles, costos de producción local y variables cambiarias. Este sistema busca garantizar abastecimiento interno, pero genera tensiones cuando caen los precios internacionales de la gasolina o aumentan las importaciones.
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Estudios de centros de investigación como Fedesarrollo señalan que el esquema colombiano intenta equilibrar estabilidad para los productores y costos para los consumidores, aunque puede producir desajustes cuando cambian rápidamente las condiciones globales de energía y transporte.
Los sindicatos advierten que una reducción en el precio del etanol en Colombia se trasladaría directamente al empleo, mediante recortes de producción, suspensión de contratos o renegociaciones laborales en una industria intensiva en mano de obra rural.
Trabajadores cañeros Colombia retoman movilizaciones
El conflicto dejó de ser técnico cuando los sindicatos anunciaron nuevas acciones de protesta. Organizaciones vinculadas a las principales centrales obreras han advertido que el sector podría detener operaciones si no se adoptan medidas urgentes.
Un comunicado sindical denuncia inventarios represados cercanos a 54 millones de litros y acusa al Gobierno de no controlar las importaciones ni garantizar la compra del producto nacional. También plantea que miles de empleos formales, con salarios relativamente altos para el campo colombiano están en riesgo inmediato.
Las organizaciones proponen aumentar progresivamente la mezcla de biocombustibles en la gasolina, siguiendo experiencias internacionales. Brasil, por ejemplo, utiliza porcentajes mucho mayores, lo que amplía la demanda interna y reduce la dependencia del petróleo.
La crisis del etanol en Colombia, desde esta perspectiva, no es solo una caída del mercado sino una disputa por la orientación de la política energética.
Ingenios azucareros Colombia y economía regional en riesgo
El valle geográfico del río Cauca alberga uno de los complejos agroindustriales más desarrollados del país. Ingenios agrupados en Asocaña integran cultivo, industria azucarera, biocombustibles y generación eléctrica con biomasa.
Este clúster sostiene decenas de miles de empleos directos y un número mucho mayor de ocupaciones indirectas en transporte, comercio y servicios. La crisis del etanol Colombia podría desencadenar un efecto dominó: menos producción implica menos contratación, menor consumo local y deterioro de las finanzas territoriales.
A diferencia de otros sectores rurales marcados por la informalidad, el trabajo cañero se caracteriza por estabilidad contractual y presencia sindical. Su eventual deterioro tendría consecuencias sociales profundas.

Alimentos o energía: el trasfondo político del conflicto
El presidente Gustavo Petro ha defendido la necesidad de priorizar cultivos alimentarios sobre energéticos, argumentando razones de seguridad alimentaria y sostenibilidad.
Esta visión cuestiona el modelo de monocultivo de caña destinado a biocombustibles. Sin embargo, el sector responde que la reconversión agrícola no es automática y que millones de toneladas de caña no pueden sustituirse rápidamente por otros productos sin afectar empleo e ingresos.
Además, la agroindustria sostiene que el bioetanol contribuye a reducir emisiones y a diversificar la matriz energética, lo que lo convierte en una herramienta de transición y no en un obstáculo.
Transición energética Colombia y costos sociales
El caso colombiano ilustra un dilema global: las políticas climáticas generan ganadores y perdedores en el corto plazo. Mientras el país avanza hacia energías más limpias, sectores tradicionales pueden quedar expuestos.
El bioetanol ocupa una posición ambigua. Es renovable, pero depende del consumo de gasolina. Si este disminuye por electrificación o cambios tecnológicos, su mercado también se contrae. Sin políticas de reconversión productiva y laboral, la transición energética Colombia corre el riesgo de trasladar los costos a regiones específicas y a trabajadores concretos.