Protestas de los agricultores europeos: ¿Crisis del libre comercio?
Los agricultores europeos intensifican sus protestas. Manifestaciones en Alemania, Bélgica, Francia, Países Bajos, Rumania, Grecia, Polonia y España, amenazan con extenderse a toda Europa, en rechazo al libre comercio con el Mercosur y a nuevas medidas ambientales.
Los agricultores piden mayor apoyo y se oponen a los tratados de libre comercio con el Mercado Común del Sur (Mercosur)
Los tractores y manifestantes han bloqueado las vías, cercado varias ciudades y protagonizado numerosos enfrentamientos con las fuerzas policiales.
Los agricultores protestan contra las regulaciones que los obligan a mantener en barbecho el 4% de sus tierras, denuncian aumentos en los costos de producción tales como la energía y los fertilizantes y se quejan de la competencia desleal de productos que llegan de terceros países de fuera de la Unión Europea y que no cumplen las regulaciones europeas en materia de pesticidas y fertilizantes.
La subida de los precios del diesel ha sido otro motivo de las movilizaciones y ha obligado a mantener una política de subsidios a su consumo.
Los agricultores califican las regulaciones ambientales de burocráticas y asfixiantes. Algunos gobiernos como el francés han anunciado medidas para contrarrestar las protestas, entre ellas la prohibición de importaciones de productos que no cumplen las regulaciones europeas como los provenientes de Ucrania.
Aunque muchos agricultores reciben apoyos provenientes de la Política Agrícola Común de la Unión Europea, estos son calificados de insuficientes por parte de los sectores movilizados, los cuales ven con preocupación los inmensos recursos dedicados a la guerra y los pocos a apoyar el agro de lo que depende la comida de esas naciones.
Dentro de las peticiones de los agricultores europeos está la exigencia de que no se suscriba el Tratado de Libre Comercio con el Mercosur, pues sienten amenazados sus intereses por la producción de países como Brasil y Argentina que son potencias agrícolas y ganaderas.
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El agro amenazado por el libre comercio
A pesar de que La Unión Europea ha dado un fuerte apoyo a Ucrania, también ha adoptado medidas para controlar las importaciones provenientes de ese país, y países como Polonia, Hungría y Eslovaquia han tomado medidas para impedir la importación desde Ucrania de trigo, maíz, colza y girasol.
El problema radica en que dar preferencias a Ucrania, vulnera los intereses de sectores agrícolas de los países menos desarrollados de Europa Central.
España ha pedido control a las importaciones de productos agrícolas provenientes de Marruecos y Turquía y ha exigido que la Unión Europea adopte controles que exijan a esos países el cumplimiento de los requisitos sanitarios y la aplicación de salvaguardias a los tomates. También ha pedido que se otorguen subsidios a la producción española.
La Unión Europea que es una importante potencia agrícola y un gran exportador está ante la disyuntiva de eliminar regulaciones y controles internos a los agricultores, aumentar los subsidios e imponer nuevas barreras a los productos extracomunitarios que afecten a sus productores.
En la práctica, la Unión Europea es un tratado de libre comercio que otorga beneficios a sus miembros que no da a terceros países. por lo que la perforación de los acuerdos de la Unión por razones geopolíticas y militares está suscitando un enorme descontento.
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Nuevo auge del proteccionismo a través de medidas ambientales
Esto, sumado a los cuestionamientos de Brasil a las regulaciones ambientales que quiere poner la Unión Europea, han hecho tambalear la aprobación del tratado de libre comercio UE-Mercosur.
La OMC ha previsto que en 2024 habrá un descenso en el comportamiento económico mundial lo cual supone una desaceleración en el crecimiento comercial. En ese marco, las tensiones geopolíticas han acentuado la intervención de los diferentes gobiernos en la esfera económica, a través de estímulos a la relocalización de empresas, el control de las inversiones extranjeras y la asignación de numerosos subsidios para la promoción de la producción de energías renovables.
Por su parte, y a pesar de la identidad entre Estados Unidos y Gran Bretaña sobre numerosos temas internacionales tales como la guerra en Ucrania, estas dos naciones no han podido suscribir un tratado de libre comercio.
Además, las nuevas regulaciones determinadas en el Pacto Verde de la Unión Europea han sido criticadas y calificadas como una especie de proteccionismo verde. El presidente Ignacio Lula de Brasil en la Cumbre Amazónica realizada en agosto de 2023 denunció que tales regulaciones terminan siendo “medidas proteccionistas disfrazadas de preocupación ambiental por parte de los países ricos”.
Estados Unidos a pesar de defender el libre comercio, no ha suscrito ningún tratado desde 2014 y por el contrario ha adoptado numerosas medidas proteccionistas como la ley de Biden sobre control de la inflación expedida en 2022 y que los países europeos han calificado de proteccionista.
Está por verse el resultado de las movilizaciones europeas, pero lo que queda claro desde ya son los significativos impactos sociales que genera el libre comercio y lo complejo que será que la economía que hoy conocemos haga transición a una con menor impacto ambiental, sin que eso conduzca a una crisis económica y social sin precedentes.