viernes, octubre 15, 2021
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¿Cualquier crecimiento le sirve al desarrollo?

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Mario Alejandro Valencia
Analista económico, profesor universitario de la Universidad Nacional de Colombia y el CESA. Twitter: @mariovalencia01.

Antes de la pandemia Colombia tenía niveles de crecimiento económico por encima del promedio de América Latina, lo que fue usado burdamente por el gobierno de Iván Duque para hacer propaganda sobre lo bien que le iba al país hasta que lo arruinó la crisis sanitaria. Del dicho al hecho hay mucho trecho, porque entender la estructura del país lleva a concluir que no todo tipo de crecimiento es útil, si el propósito es que el desarrollo económico sea un instrumento para mejorar el bienestar de la población en conjunto, objetivo en mora.  

Una investigación reciente del Grupo Proindustria mostró con detalle que las operaciones de producción y venta que son capaces de aportar más al bienestar en Colombia apuntan hacia elementos indispensables de cumplir: que tengan un proceso de transformación, que generen cadenas de valor con otras actividades y que usen factores de producción locales, entre ellos el más importante: personas. Pero el análisis va más allá, pues se puede establecer con precisión que existen al menos siete áreas que cumplen –más que cualquiera otras– las condiciones presentadas: elaborar productos alimenticios, fabricar textiles y prendas de vestir, producir autopartes y ensamblar automóviles, transformar la madera, refinar el petróleo, fabricar productos metalúrgicos, elaborar muebles y fabricar sustancias químicas. ¿Porqué? Porque generan encadenamientos productivos más significativos, tienen multiplicadores que hacen que las ganancias de la inversión sean más altas y ocupan empleo de mayor capacitación y remuneración.

Esto no significa que las otras actividades no lo hagan, pero con menos fuerza. Por ejemplo, refinar un barril de petróleo genera 139 % más valor que exportarlo crudo y la industria de confecciones ocupa al doble de personas que todo el sector financiero. Así que cualquier política de reactivación debe tener en cuenta lo anterior y sobrepasa el alcance de la reforma tributaria en curso. Obliga a otorgar incentivos a las empresas de los sectores mencionados.

En las últimas décadas el mercado dirigió la inversión hacia actividades poco intensivas en desarrollo tecnológico, poco encadenadas y poco generadores de empleos productivos. Fue una falla sobresaliente que debe corregirse recuperando la capacidad de que un gobierno pro industrialista dirija a la economía real, no a los negocios especulativos y monopólicos de sus amigos.

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Los gobiernos de países ricos dirigen la inversión hacia sectores capaces de multiplicar el crecimiento, el cual además debe ser equitativo y sostenible ambientalmente. Pero el crecimiento es solo un paso porque, también, debe procurar que la calidad de vida de la población mejore, reduciendo la desigualdad.

Las acciones no van en un solo camino, sino en muchos simultáneos. El gobierno debe ser un verdadero socio, no solo para cobrarles impuestos, sino para apoyarlos por medio de políticas comerciales, de estímulos fiscales medibles y evaluables, de protección a la competencia desleal y al contrabando, y de eficiencia en el gasto público para que la infraestructura no sea un lastre para las empresas.  

Lamentablemente nadie, absolutamente nadie en el gobierno de Iván Duque está pensando en esto. José Manuel Restrepo se fue del ministerio de Turismo sin lograr nada significativo y llegó a Hacienda a realizar un acuerdo político que dista mucho de poder llamarse una reforma tributaria estructural. Por Planeación Nacional han pasado dos directores sin dejar ningún plan concreto de reactivación ni reducción de la pobreza; el Conpes de reactivación depende de que el 75 % de los recursos lo aporten los privados, en momentos en que la inversión extranjera cayó dramáticamente. No existe un ministerio de industria, lo que refleja la poca importancia del tema, no hay conexión en términos de políticas económicas entre el comercio y la producción del país, muchísimo menos con la generación de empleo.

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Los intereses electorales dominantes se desligaron hace mucho de las necesidades económicas. El éxito de los grupos políticos en los extremos consiste en mantenernos en un permanente estado de caos, crisis y dependencia al asistencialismo. El día que Colombia se desarrolle, estos grupos perderán protagonismo, pero para que lo hagan es necesaria una coalición de empresas y trabajadores. En este sentido, el empresariado que hace parte de los sectores que pueden liderar el crecimiento está obligado a no seguir respaldando a quienes gobiernan para quebrarlos y las organizaciones de trabajadores no pueden apoyar a quienes ataquen las fuentes de creación de empleos decentes.  

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Mario Alejandro Valencia
Analista económico, profesor universitario de la Universidad Nacional de Colombia y el CESA. Twitter: @mariovalencia01.

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