David Racero, protagonista de los escándalos del gobierno Petro por abusos laborales y clientelismo
El congresista David Racero, figura emblemática del Pacto Histórico, protagoniza uno de los escándalos del gobierno Petro que nuevamente deja en entredicho el accionar del gobierno frente al discurso de defensa de los derechos laborales y en contra de las prácticas clientelistas al interior del poder.
Denuncias por coacción económica, uso indebido de funcionarios públicos y tráfico de influencias comprometen la imagen del proyecto progresista que prometió una transformación del Estado.
David Racero, expresidente de la Cámara de Representantes, está en el centro de una tormenta política y judicial. La Procuraduría General abrió una indagación preliminar por presuntas violaciones a los derechos laborales de su equipo en el Congreso, y el Consejo de Estado estudia una demanda por pérdida de investidura.
Según las denuncias, el congresista habría exigido aportes económicos a una asesora de su Unidad de Trabajo Legislativo (UTL) a cambio de conservar su puesto. En otro caso, ordenó a un funcionario del Congreso que abandonara sus funciones para atender tareas logísticas en un supermercado, del que el propio David Racero sería socio. Este hecho ha sido calificado como un uso irregular de recursos públicos para fines privados, una práctica que contradice directamente los principios del progresismo.

Presunto clientelismo de David Racero
Además de las violaciones laborales, David Racero enfrenta señalamientos por presunto tráfico de influencias. Una investigación periodística reveló que su tío, José Luis Mayorca, fue nombrado subdirector en el SENA, y que al menos tres aportantes de su campaña terminaron contratados en esa entidad. El nombramiento se habría dado bajo la administración de Jorge Londoño, aliado del Pacto Histórico.
Estas revelaciones alimentan la percepción de que los escándalos del gobierno Petro no son hechos aislados, sino síntomas de una cultura política que repite las prácticas tradicionales del clientelismo, pese a su retórica de renovación.
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Reacciones ambiguas del Pacto Histórico
El presidente Gustavo Petro, ante la gravedad del caso, optó por no referirse directamente a David Racero. Sin embargo, en medio de la controversia, publicó en su cuenta de X (antes Twitter) un mensaje que fue interpretado como una respuesta indirecta: “Nuestro mayor reto es no traicionar el mandato ético del cambio. No hay lugar para privilegios personales ni prácticas del pasado.”
La ambigüedad del mensaje fue criticada por varios sectores, al considerar que el mandatario evita pronunciarse con claridad sobre uno de los escándalos del gobierno Petro que más golpea la credibilidad moral del Pacto Histórico.

La senadora María José Pizarro aseguró que guardará silencio prudente sobre el caso de David Racero, pero que el Pacto Histórico sigue comprometido con los derechos laborales, y que casos individuales no deben ensombrecer el propósito colectivo del gobierno del cambio.
La senadora Aida Avella defendió que Racero es una “persona impecable” y calificó las investigaciones como “hostigamiento”.
El deterioro de la imagen del gobierno y el Congreso
Con casos como los de Racero, Roa y el escándalo de la UNGRD —que reveló desvíos de recursos en zonas con presencia del ELN— la promesa de un gobierno sin corrupción se ve cada vez más lejana. Según Transparencia Internacional, Colombia ha caído tres posiciones en el Índice de Percepción de la Corrupción desde que Petro asumió el poder.
En el Congreso, estos escándalos del gobierno Petro han golpeado especialmente a las bancadas del oficialismo, que no han podido desmarcarse de prácticas cuestionables. La falta de autocrítica y sanciones ejemplares refuerza la percepción de que el cambio fue solo de actores.

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¿Qué futuro le espera a David Racero?
Los procesos en la Procuraduría y el Consejo de Estado aún están en fase preliminar, pero podrían derivar en sanciones disciplinarias y pérdida de investidura. Si se comprueba que David Racero usó funcionarios públicos para actividades privadas o exigió dinero a sus asesores, enfrentaría no solo inhabilitación política, sino también eventuales procesos penales por coacción laboral y peculado.
En casi tres años de gobierno, el relato del cambio ha sido fragmentado por prácticas que antes se denunciaban con vehemencia. Los escándalos del gobierno Petro, desde la corrupción en la UNGRD hasta las denuncias contra David Racero, ponen en entredicho la coherencia del proyecto político que prometió erradicar las viejas lógicas del poder.
David Racero, quien personificaba el discurso de la justicia social y la meritocracia, hoy representa la contradicción más dolorosa del progresismo: decir una cosa y hacer otra.