viernes, 12 de agosto de 2022
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Diciendo no más

Victoria E. González M., Columnista

Victoria E. González M.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires.

En medio del jolgorio para algunos y la tristeza para otros por los resultados de las elecciones presidenciales quedan muchas enseñanzas, no solo acerca del proceder político de los dirigentes, de los electores o del futuro del país, sino, en particular, del manejo que hacen medios y periodistas de los sucesos sociales y políticos más importantes. 

Por el interés personal y profesional sobre este asunto, principalmente por el deber que tenemos tantos y tantas de contribuir a la formación de nuevos comunicadores-periodistas desde nuestra labor como docentes, siento una profunda preocupación en relación con el desempeño de muchos de nuestros medios en las últimas contiendas políticas, pero en particular, en estas elecciones que acaban de pasar.  

Esa preocupación aflora básicamente porque los periodistas “estrellas” de esos medios se han convertido en referentes para los y las jóvenes que llegan a nuestras aulas. ¿Cómo hacemos entonces para competir con esos referentes? Maestros y maestras empeñados en la enseñanza de la ética, de la rigurosidad, del respeto, del equilibrio nos preguntamos a diario cómo enfrentar la práctica periodística que manipula, que distorsiona, que miente y que incita al odio y cómo garantizar que luego de cinco años de carrera, esas enseñanzas no se diluyan en medio de la urgencia por mantener un empleo.



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Sumado a esto, sentimos permanentemente la vergüenza de ser señalados por pertenecer a una profesión para muchos despreciable y carroñera. Y no es para menos. Tenemos un amplio sector del periodismo colombiano que ha tomado partido abiertamente por algunas opciones políticas. Si bien sabemos por nuestra formación profesional que la objetividad del comunicador es imposible porque somos sujetos normales, con creencias, prejuicios e ideologías, también tenemos muy claro que esto no puede ser óbice para que como periodistas ignoremos de manera irresponsable nuestro compromiso de mantener el equilibrio por encima de los intereses personales.  

Titulares escandalosos y tendenciosos; entrevistas que buscan conducir a la descalificación del entrevistado antes que obtener la información que puede ofrecernos; superficialidad en los análisis; “noticias” que incitan al pánico económico y social; amarillismo disfrazado de periodismo investigativo; interpretaciones amañadas sobre cifras y encuestas; amenazas veladas y explícitas en las redes sociales; discusiones ambiguas que impiden a las audiencias entender si los periodistas están informando u opinando; omisión de conflictos de intereses a la hora de tratar algunos temas. Y ahí no termina la lista. Esta tan solo representa unos pocos botones de la  inmensa muestra. 

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En un momento de un nuevo comienzo, urge entonces un análisis profundo de lo que están haciendo algunos medios y periodistas con nuestra profesión en Colombia. Esos mismos, que en las últimas horas han anunciado un seguimiento implacable al nuevo gobierno que llega, pero nunca lo hicieron con los gobiernos anteriores, deberían sentarse a hacer un balance de la manera como han ejercido su profesión y de cuáles son las enseñanzas que les  están dejando a las nuevas generaciones de periodistas.

Del mismo modo, urge que las audiencias empiecen a ponerle freno a la información nociva y tendenciosa. Porque no son los gobiernos los que deben poner límites a estos medios irresponsables; son las audiencias que, diciendo no más y explorando otras alternativas para informarse, los obliguen a entender que su mala práctica trae consecuencias y que hay que volver por el camino de la ética y la responsabilidad.

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