Efectos colaterales | Más Colombia
martes, 10 de marzo de 2026
Inicio  »  Columnistas  »  Efectos colaterales

Efectos colaterales

Marta Isabel González, Columnista, Más Colombia

Marta Isabel González

Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.

Empiezo diciendo que no quiero romantizar nada, que estar enfermo es horrible, que hubiera preferido no aprender nada de lo que la enfermedad me ha hecho aprender, pero si uno ya está en la inmunda entonces sacarle algo bueno puede ayudar a que el sufrimiento por lo menos sirva para algo.

Hace algo más de un año tengo dolores que a veces son horribles y a veces suaves, pero casi siempre me duele algo. Aprendí a dormir como una momia, boca arriba, porque en cualquier otra posición me es imposible quedarme dormida a causa del dolor. Uso un bastón que a veces odio  y a veces amo. Lo odio porque la gente se queda mirándome, porque siempre estoy encartada y porque me daña las pintas que me pongo; pero también lo amo porque sin él llevaría más de un año sin salir de mi casa y sin disfrutar muchas cosas de la vida que en un apartamento sencillamente no es posible tenerlas.


Y aunque la enfermedad es horrible, como no quiero enloquecerme ni convertirme en una persona amargada, hace unos días decidí hacer una lista de los efectos colaterales que la enfermedad ha tenido en mi vida. Acá dejo algunos:

Purga: siempre he sido amiguera, soy el tipo de persona que nunca llama a saludar pero sale de primera a ayudar cuando alguno de mis amigos necesita una mano en lo que sea. Es por eso que agradezco infinitamente que esta enfermedad me dejó muy claro por quien debo seguir saliendo a ayudar en lo que sea y por quien no. No creo que nadie me deba nada, pero sí debo admitir que durante este año tan difícil esperaba más de algunas personas. No está mal que no hayan estado, pero ahora sé que tampoco tengo que estar para ellas.

Paciencia: nunca he sido paciente, pero esta maldita enfermedad no me dejó otra opción. Aprendí a esperar, pero no solo a esperar sino a esperar en paz. Entendí que pocas cosas son tan urgentes como creo que son y que esperar es de alguna forma una manera de acceder a información antes de tomar una decisión. Antes me daba rabia la gente que caminaba despacio y ahora la que camina despacio soy yo.

Disciplina: hay dos cosas que nunca me han caracterizado: la disciplina y el gusto por la actividad física y las dos son requisitos esenciales para poder recuperarme. Si no hago fisioterapia todos los días no hay opción de volver a caminar bien. No me quedó ninguna opción y aprendí a hacer ejercicio aunque no tenga ganas, aunque me cueste y aunque me cause dolor. Creo que esto me va a servir para muchas cosas en la vida.

Agradecimiento: ni en mis momentos más pesimistas pensé que me iba a dar un tumor en la cadera y que iba a tener que aprender a vivir con dolor. Eso me hizo entender que absolutamente todo lo bueno que tengo en la vida, por insignificante que parezca, es un motivo para agradecer.


A ti que lees esto espero que nunca te pase nada malo en la vida, que la enfermedad te pase por el lado sin siquiera mirarte y que el sufrimiento no se acuerde de ti; pero si algún día sufres espero que tus efectos colaterales sean tan buenos o mejores que los míos.

Otra columnas de Marta Isabel González:

Tibia

Vender ideas

Señora junior