domingo, 4 de diciembre de 2022
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El ingenio de la locura

Andrés Botero, Columnista

Andrés Botero Arbeláez

Abogado, Universidad Pontificia Bolivariana. Magíster en relaciones internacionales. Director Ejecutivo de la Cámara Ambiental del Plástico.

Albert Einstein decía que, “si no se lo puedes explicar a un niño de 6 años, ni tú mismo lo entiendes”. La verdad es que todos nosotros, desde los 6 años, podemos racionalizar cualquier verdad que se nos presente en la vida. Con las dificultades propias que traen las complejidades particulares en cada verdad, pero lo cierto es que desde muy niños podemos aprender los elementos fundamentales de nuestra vida como adultos. 

Por eso, a los niños deberíamos hablarles sobre el uso del dinero, sobre la responsabilidad en el trabajo y la honestidad en el amor. Podemos hablarles sobre los principios universales y sobre la ética o los valores de nuestra sociedad. Debemos, asimismo, involucrarlos en el desarrollo cotidiano de nuestro país, para que puedan ejercer en beneficio de este esos valores y esa ética inculcada desde la infancia. 


La relación que subyace en las anteriores palabras deriva de la importancia que hoy le damos a nuestras tradiciones, a nuestra cultura ancestral, a nuestro contexto social y al momento histórico que vivimos. Es necesario hacer un alto y vernos en 360° para evaluar nuestro tiempo, nuestros argumentos y el énfasis que hacemos en aquello que consideramos verdaderamente importante frente a la relación con nuestros hijos, pareja o compañeros de trabajo. 

Debemos estar siempre alertas para no permitir que la rutina de cada día nos obnubile desencadenando en nosotros la locura, en la acepción que le daba el Dr. Einstein cuando decía: “locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar que el resultado sea distinto”. Esta definición no solamente tiene un contenido lingüístico, sino que a su vez es una invitación a la acción, es un acto revolucionario y una invitación a crear, a innovar, a hacer las cosas de una manera diferente por el simple hecho de obtener resultados diferentes. 

Y, si esos resultados diferentes se inculcan desde la infancia, podemos construir una sociedad en la que el sinónimo de la locura sea el ingenio y la creatividad, la búsqueda de algo nuevo y diferente, y la expresión de una cultura que se nutre a sí misma del presente y del futuro.

Nosotros, como colombianos, debemos dejar el legado a nuestros hijos y a nuestros nietos, la punta de lanza del conocimiento, el desarrollo civilizacional de un conglomerado social. Esos niños y esas niñas siempre serán los más importantes. Por ello, debemos prestar especial atención al contexto en el que crecen y a la manera como se educan; debemos ser extremadamente celosos en la forma y el contenido de la información que reciben nuestros pequeños. 

Por todo lo anterior, nunca debemos olvidar que mientras los jóvenes encuentran su camino en la vida, sus familiares más cercanos deben estar allí para apoyarlos y para mostrarles el camino más conveniente, aquel que les brinde herramientas para la vida, instrumentos para conocer el mundo y, muy especialmente, esos valores éticos capaces de transformar su corazón y su mente en seres humanos que aporten al desarrollo de la humanidad, que tengan la capacidad de soñar, que tengan el ingenio de la locura.