viernes, octubre 15, 2021
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El rol de la cultura en la elaboración de la pospandemia

Federico Escribal
Federico Escribal
Gestor cultural (UNTREF, Argentina). Director de la Cátedra libre de Gestión cultural (Universidad Nacional de La Plata, Argentina) y docente (Universidad Nacional de las Artes, Argentina). Fue director nacional de promoción de los derechos culturales y diversidad cultural (Argentina).

El año 2020, en el que se conmemoraba el 15º aniversario de la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (2005), iniciamos una etapa sombría y aún en desarrollo a nivel global, en la que vimos transformarse múltiples dimensiones de nuestra vida en sociedad. La cultura como sector no solo no estuvo exenta de esas mutaciones forzadas, sino que éstas la afectaron de una manera muy particular.

Debemos referirnos primeramente a la aceleración de la digitalización de la sociabilidad. Si bien progresivamente los diferentes gobiernos fueron habilitando diferentes instancias de encuentro interpersonal, siempre con restricciones, una serie de cuestiones concomitantes que han puesto en evidencia la precariedad estructural del sector y sus trabajadores alrededor del globo -y muy particularmente en nuestra región- merecen nuestra atención. 

Los espacios culturales, sustentados en modalidades de socialización abierta y espontánea por definición, fueron cerrados en una primera instancia y serán los últimos en reactivarse. En consecuencia, el impacto económico e institucional es aún más grave que en el terrorífico promedio general. Por otro lado, los bienes y experiencias de base simbólica que lograron seguir vinculándose con audiencias lo hicieron exclusivamente por canales digitales, algunos pre-existentes y otros generados específicamente a efectos de paliar la situación de desconexión. En la Argentina, por caso, uno de cada tres proyectos manifestó ser inviable en el entorno digital, tan temprano como se iniciaron las restricciones en abril de 2020. Esta situación generó una paradoja: si bien los contenidos digitales fueron un refugio y una compañía insoslayable para grandes sectores de la población, tal como demuestra un estudio reciente del Instituto de Altos Estudios de la Universidad Nacional de San Martin, la monetización de esos servicios -esenciales en términos de salud mental- fue escasa o nula. Llamando la atención sobre esta cuestión, el escritor norteamericano Stephen King escribió “Si crees que los artistas son innecesarios, intentá sobrevivir a una cuarentena sin música, libros, poemas, películas y artes plásticas”. 

Como contracara, las plataformas de contenidos -al igual que una mayoría de las empresas tecnológicas- vieron exponencialmente disparadas sus ganancias, lo que ha dado lugar a una discusión creciente en relación a la apropiación de la renta del sector cultural -con una contribución de alrededor del 7% al PBI global, y que en nuestro continente genera alrededor de 10 millones de empleos- cuyas bocas de expendio, o de distribución, son cada vez más concentradas. 

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Algunos primeros análisis indican que el sector reorientó su potencia creativa en 2020 a construir y consolidar instrumentos asociativos para discutir la orientación de políticas y presupuestos públicos en los diferentes niveles del estado, negociar escenarios más justos y equilibrados con el sector privado y hacer valer sus derechos laborales. Desde la UNESCO se expresó que “Solamente centrando toda nuestra atención en las condiciones de trabajo y empleo podremos poner verdaderamente la economía creativa al servicio del desarrollo sostenible, así como aunar la prosperidad económica con una diversidad cada vez mayor de las formas de expresar la creatividad y disfrutarla.”, constituyendo un llamado a reponer una mirada pública que pueda comprender la fenomenología de lo cultural más allá de su dimensión económica. Sintetizando, de poco sirve que el sector genere ingresos si estos son apropiados por unos pocos actores globales y nuestros creadores con mayor potencial ven sus carreras interrumpidas por la falta de sustentabilidad económica en sus tramos pre-industriales.

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Nuevamente volvió a emerger ante la conciencia pública la relevancia de contar con un Estado presente, toda vez que los ingresos genuinos se vieron interrumpidos abruptamente. Los ecosistemas culturales -que potencian por su propia condición otros sectores productivos, entre los cuales el turismo y la gastronomía son donde esto se hace más evidente- requirieron ser protegidos mediante transferencias directas, incluso en sociedades de fuerte impronta liberal y con gobiernos celosos del libre mercado. Desgravaciones fiscales, subsidios directos, compensación de costos laborales, estímulo de la demanda, fortalecimiento de la infraestructura fueron algunas de las iniciativas llevadas adelante en los cinco continentes.

Aun siendo una intriga en términos de cuando y cómo se dará, la recuperación pospandémica premiará a las sociedades más comprometidas con las culturas y las artes. Así como necesitamos de la producción de base simbólica para atravesar el confinamiento, necesitaremos de la experimentación artística y la creatividad extendida en las comunidades para darle un sentido de trascendencia a esta experiencia colectiva significativa que constituye la primera pandemia global en un mundo hiperconectado. Una excelente oportunidad para desmontar los condicionamientos ideológicos que nos impiden poner al ser humano en el centro de nuestro discernimiento para evaluar qué merece ser transformado y qué conservado del orden en el que germinó esta crisis.

Federico Escribal
Federico Escribal
Gestor cultural (UNTREF, Argentina). Director de la Cátedra libre de Gestión cultural (Universidad Nacional de La Plata, Argentina) y docente (Universidad Nacional de las Artes, Argentina). Fue director nacional de promoción de los derechos culturales y diversidad cultural (Argentina).

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