lunes, octubre 18, 2021
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El vacío de las palabras

Victoria
Victoria E. González M.
Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires.

En este país pasan tantas, pero tantas cosas a diario, que no hay tiempo para digerir ninguna. Uno tras otro se agolpan los sucesos en larga, pero presurosa fila y quienes fungimos de espectadores muchas veces no tenemos más remedio que verlos pasar con asombro fugaz.

Quizá por ese estallido diario, quienes tiene el oficio de narrar lo que sucede han venido fabricando fórmulas para hacer más expedito su trabajo. Algunas veces esas fórmulas se construyeron en las mismas salas de redacción desde tiempos lejanos y se siguieron reproduciendo en las escuelas de periodismo, pero otras tantas, se calcan de las disertaciones de las elites económicas y políticas cuyas voces son las que mayor presencia tienen en los medios tradicionales.

“En extrañas circunstancias”; “hasta las últimas consecuencias”; “cero tolerancia”; “con todas las medidas de bioseguridad”; “ataque aleve”; “castigo ejemplar” son solo algunas de las frases que describen las condiciones de ocurrencia de los hechos. A estas se suma la descripción de los protagonistas que pueden ser, por ejemplo, “fuerzas oscuras”, “vándalos”, “los violentos”, “las mayorías” o “un puñado de ciudadanos indignados”.  

El resultado de esta estrategia narrativa es un discurso mediático vacuo que pasa por nuestros ojos y oídos sin dejar huella. Que no nos informa y que se repite sin sentido como sucedía con las odiosas planas que nos ponían de castigo en la primaria.

No existe cuestionamiento a lo dicho por ningún funcionario, no hay seguimiento que permita establecer si esa tolerancia cero, que otrora anunciara el presidente, el fiscal o el ministro, en relación con algún hecho delictivo, condujo a algún resultado. Tampoco surgen muchas preguntas sobre los giros que desde el establecimiento se van dando a las palabras para quitarles el verdadero sentido que tienen. Hoy el presidente y sus funcionarios ya no hablan de masacres sino de homicidios colectivos y mañana, en todos los medios el término se instala sin incomodidades, sin dudas ni discusiones acerca de las implicaciones políticas y sociales que conlleva un giro de este tipo.

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Para que el oficio de narrar acontecimientos vuelva a su curso hay que empezar por romper las plantillas. Abandonar la certeza de la fórmula que se aplica de manera indiferenciada para cubrir hoy un atentando y mañana, una movilización. Deliberar sobre el significado que tiene cada palabra cuando se construye una noticia o un reportaje, y de las consecuencias que trae esta estrategia unificadora, normalizante y sin matices. En pocas palabras, entender la responsabilidad que un periodista tiene con sus audiencias de explicarles y de acercarlas a los hechos que pasan día tras día.

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Victoria
Victoria E. González M.
Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires.

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