¿Estamos en alguna mesa o estamos en el menú? (I)
Fundación Misión Salud
César Moreno-Romero: Químico Farmacéutico, Universidad Nacional de Colombia. Máster en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, y Doctorando en Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Salamanca.
El concepto de familia humana ante la geopolítica del “sálvese quien pueda” y el eventual reparto planetario de las superpotencias en “esferas de influencia”.
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En víspera de determinante reunión de los presidentes de Colombia y Estados Unidos en Washington D.C., desde la Fundación Misión Salud presentamos en Más Colombia algunos planteamientos ante la actualidad geopolítica, conforme a los aportes que hemos propuesto en esta columna en los recientes tres años a propósito de la necesaria protección y fortalecimiento del Estado de Derecho de Colombia y de los sistemas democráticos en el mundo actual, en clave de construcción [y protección] de confianza y gestión de cambio [procedente] con trasfondo en autonomía sanitaria y soberanía de las naciones.
Con ironía, el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, incorporó en su discurso pronunciado recientemente en Davos que “si no estamos en la mesa, estamos en el menú”, llamando a las “potencias medianas” a confluir en agendas y esfuerzos para que ante la actualidad geopolítica presenten contrapeso en conjunto ante las grandes potencias.
En su discurso, Carney hizo clara referencia tanto a “grandes potencias” como a “potencias medianas” y no mencionó a los países menos desarrollados, aunque tácitamente en su frase antes citada, se entendería que dichas sociedades, entre ellas la colombiana, están en el menú.
Podría decirse que el trasfondo del discurso de Mark Carney es el de “sálvese quien pueda” en un contexto global en el que el derecho internacional pierde vigencia y lo que prima es la cruda realpolitik.
Si bien es legítimo el planteamiento de Carney en cumplimiento de sus funciones como primer ministro de Canadá, corresponde, dado la relevante repercusión que adquirió, hacer análisis crítico al respecto desde Colombia y observar las perspectivas y agendas que en el contexto global actual es procedente aclarar y construir.
Depredación vs. familia humana
El primer planteamiento que proponemos es la necesidad de valorar y trascender las categorías de “países en vías de desarrollo [1]”, “países de renta baja y media”, el G77, el Sur Global y el Movimiento de Países No Alineados, observando posibles afinidades y convergencias para promover sinergias y alianzas entre pueblos y sociedades, más allá que entre gobiernos y Estados, teniendo como trasfondo el concepto de familia humana.
Este concepto es determinante en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948). Permite consolidar principios y preceptos para el bien de la humanidad y para guiar a las sociedades ante los actuales fenómenos de la “posverdad” y otros conexos que no solo propician confusión, incertidumbre, miedo y acciones tendenciosas, sino que, en el caso específico de estados de derecho y sistemas democráticos, los lesiona, incluso distorsionando las dinámicas electorales.
En esta perspectiva, diversos mecanismos desde la sociedad civil y la academia constituyen importantes plataformas para conformar una eventual alianza global por la familia humana.
Al respecto podríamos, en perspectiva de paz y justicia, observar al Tribunal Permanente de los Pueblos [2] y otras instancias y mecanismos que con consistentes fundamentos conceptuales y sensibilidad por genuinos principios y preceptos, permiten valorar diversas posibilidades de respuesta ante las necesidades y apremios actuales de la familia humana, en la cual se hermanan todos los seres humanos y en la que no se admiten segregaciones ni divisiones entre depredadores, sobrevivientes y presas.
Al respecto, es avance de alcance universal la notable obra académica y social de Orlando Fals Borda (1925-2008) [3] en cuyas vertientes encontramos, entre otras vigentes dinámicas de conocimiento y acción social, la noción del sentipensante, la Investigación-Acción-Participativa-IAP y la dinámica de la acción comunal.
Familia humana más allá de fronteras
El segundo planteamiento que proponemos se refiere a que como sociedades es necesario reivindicar y avanzar en mecanismos que permitan compaginar las nociones de soberanía nacional con los derechos humanos de alcance universal.
Subrayo que el discurso de Carney es legítimo, incluida su prerrogativa de pronunciar la frase antes citada, aunque también he dialogado y tengo muy presentes a ciudadanos e instancias genuinamente canadienses que no aceptan que nadie haga parte del menú, aunque sí reconocen que conviven con una realidad: en el mundo hay diversas mesas en dinámicas inequitativas, y está lejos el tiempo de utopía en que la familia humana asista a una sola mesa de ágape y paz.
Inaceptable que el menú sean sociedades, sean países. Del menú sólo deben hacer parte recursos, bienes y servicios gestionados sostenible y sustentablemente en bien de la familia humana y con las consideraciones pertinentes para con otras especies y las dinámicas planetarias correspondientes.
Científicos que generan conocimiento en diversas disciplinas y pensadores que construyen saberes, han guiado a la familia humana en perspectiva de cambio global [4], coinciden en que es imprescindible actuar con sensibilidad ante los límites planetarios, de la especie humana (considerando también el conocimiento que surge de las neurociencias y las reivindicaciones que surgen de los neuroderechos) y de los ecosistemas.
Fenómenos como las armas nucleares, la afectación de la capa de ozono o la imprevisible progresión de la inteligencia artificial y otras tecnologías exponenciales, nos obligan a contemplar una realidad en la que es necesario definir mecanismos para dimensionar y acotar los alcances de los desarrollos científicos y tecnológicos en perspectiva de la familia humana armónica con la naturaleza.
En las siguientes columnas continuaremos formulando esta secuencia de planteamientos en desarrollo a la luz de los análisis de importantes pensadores y juristas. En esta edición, el trasfondo formal es la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948). En la siguiente, el trasfondo será la Carta de las Naciones Unidas (1945) y destacaremos algunas acciones en Colombia y en América Latina y Caribe en perspectiva de familia humana, y de su vida, salud y bienestar.
[1] Entre otras razones, porque las vías del desarrollo de algunas sociedades son claramente insostenibles e incluso inaceptables, dado que consumen o depredan los recursos disponibles en el planeta de modo que tanto no es viable dicho ritmo de gasto de energía, bienes y servicios, como implican agresiones de los Estados más poderosos a sociedades más vulnerables.
[2] Cuyo secretario general es Gianni Tognoni, quien amén de su notable obra de alcance global en bien de la reivindicación de los derechos humanos, es un imprescindible investigador científico en el campo de la salud pública y cofundador de la disciplina de la farmacoepidemiología.
[3] Valiosos han sido los recientes ejercicios sociales, comunitarios y académicos conmemorativos del natalicio 100 del eminente sentipensante.
[4] Definido como una serie de al menos ocho alteraciones a escala planetaria relacionados con la actividad antropogénica. Una de dichas series de alteraciones se refiere al cambio en los sistemas climáticos [cambio climático].
Otra columna de la Fundación Misión Salud, por César Moreno-Romero
Es imprescindible proteger y ampliar confianzas en bien de vida, salud y bienestar