viernes, 12 de agosto de 2022
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Estupefacto

Roberto Ramírez Ocampo, Columnista

Roberto Ramírez Ocampo

Directivo de Democracia y Modernización Ganadera (Demogan). Consultor de Empresas en comercio internacional.

Luego de que la APP del río Magdalena fracasara por falta de interesados, el presidente Duque, decidió “transformar el fracaso en oportunidad”. 

El viernes 17 de junio, con la presencia de la señora ministra de Transporte, la directora del DNP, el alcalde de Barranquilla y el director de Cormagdalena pasaron de volver factible que el río movilizara 15 millones de toneladas de carga al año —volviendo realidad la multimodalidad— a entregarle parte del dinero de la APP al dragado de Barranquilla.

El presidente propone que, en 48 días que restan de gobierno, quede un CONPES para el dragado del puerto de Barranquilla, y dejar la figura lista para que el próximo gobierno siga adelante con un proyecto de gran importancia —pero que exige incluir entre 5 y 10 gerencias, direcciones, ministerios, alcaldía y gobernación— para que, de manera coordinada, se pueda firmar no el 7 de agosto por la mañana, sino ojalá el 5 de agosto por la tarde, algo que los barranquilleros esperaban se llevara a cabo desde antes de terminar los tres primeros meses de este gobierno.  



Quedé estupefacto con la eficiencia demostrada, que nunca se había puesto en práctica por quienes tenían que haberlo hecho. Lástima que nuestro bien intencionado Presidente no hubiera tenido tiempo de darle velocidad a las necesidades del puerto desde el inicio. 

La pandemia llegó casi dos años después de haber iniciado el gobierno y frenó todo. Insisto que en los primeros 100 días de mandato la decisión del viernes 17 de junio tendría que haberse puesto en marcha.

Me conmovió que la señora Ministra y la directora del DNP estuvieran de luto riguroso sabiendo que iban a anunciar el proyecto del dragado. Era obvio que lo hicieran, pues estaban dando cristiana sepultura a un proyecto en el que habían invertido muchas horas y no alcanzo a imaginarme cuánto dinero; no está de más que le informen al país los montos que lamentablemente perdió el país y que lo complementen con un ejercicio de lecciones aprendidas, compartiéndolo con el nuevo gobierno. Ese será un excelente legado para tener claro, qué no hacer y qué perfiles tener en cuenta. 

La tímida sonrisa de la Ministra fue un gran alivio. Sin duda, intentaba darnos ánimos a quienes escuchábamos  estupefactos el anuncio.

A principios del 2020, una de las grandes empresas especializada en construir dragas contactó al oficial de marina Enrique Lequerica para que, en condiciones muy favorables para el país, se importara una draga con una capacidad de tolva de 2700 metros cúbicos, que sus dueños originales habían cancelado por cuenta de la pandemia y estaba a escasos 10 meses de ponerla en servicio.

Lequerica adelantó los cálculos y encontró que cumplía con las necesidades de Barranquilla. 

Inexplicablemente el negocio no avanzó, perdiendo los portuarios, la ciudad y el país una gran oportunidad.

Entiendo que quienes hoy lideran el proyecto piensan proponer una draga de 3700 metros cúbicos en tolva. Es fundamental conocer la matriz de cálculos. 

Si el Presidente y su equipo de trabajo logran sacar adelante las vigencias futuras en el poco tiempo que resta, dejará a más de uno maravillado. Yo, lamentablemente, creo que no es posible. 

Sí, amables lectores, estoy estupefacto, pues si entendí bien, el dinero de la APP ya no va y esa plata se queda felizmente en los puertos de la amada curramba. Me alegro por ellos y por el país, pero lamento que la navegabilidad del río se posponga nuevamente, con un agravante que estoy en la obligación de advertir: ese proyecto puede no ser terminado en los 45 días que mencioné o, eventualmente, puede no ser aceptado por el nuevo Presidente. 

Insisto, estoy estupefacto.