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Foro de y para las trasnacionales, o “cultura” al mejor postor

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Felipe Arango
Artista plástico, Byam Shaw School of Art, Londres. Presidente de la Unidad Nacional de Artistas (UNA)

El Ministerio de Cultura y la ministra Angélica Mayolo vienen anunciando con bombos y platillos la realización de un “Gran Foro de Arte, Cultura, Creatividad y Tecnología” que se realizará entre el 6 y el 9 de septiembre. 

No deja de ser irónico que luego de sus declaraciones al diario El Tiempo  del 5 de junio, donde la ministra habla de un decrecimiento de las actividades artísticas y del entretenimiento registradas en el PIB en el último trimestre del 2020 equivalentes a un 79.7 % y pérdidas del sector de 6 billones de pesos y 212.000 empleos, se pretenda reactivar la “cultura” con un foro diseñado, precisamente, para acabar de ofrecérsela en bandeja de plata a los grandes monopolios internacionales del mundo digital. 

El foro está enmarcado directamente en la lógica de la economía naranja, modelo de capitalismo artístico donde se mezcla estructuralmente arte e industria, arte y comercio, arte y diversión, arte y ocio, arte y moda, arte y comunicación y donde éste jamás está presente de forma pura o autónoma, sino siempre mezclado con las lógicas de lo comercial y lo utilitario. Como dicen Lepovestky y Serroy, “No ya un arte al servicio de grandes ideales superiores, sino un arte dedicado a la comercialización en masa”. Y como hemos ya mencionado, una esfera que se ha convertido en una realidad de dimensión planetaria que comporta inversiones e intereses financieros gigantescos donde, aún más tras la pandemia, su control se ha concentrado en unas pocas transnacionales digitales que actualmente son las más grandes empresas a nivel global.

En un país donde el presupuesto del ministerio no llega a más allá del 0.16 % del nacional, donde se habla de pírricos estímulos para los artistas y se les salva con “ingresos solidarios” de $160.000 pesos mensuales, se organiza un foro para impulsar los negocios de Apple, Amazon, Netflix o Disney. Durante la pandemia, supuestamente como medida de reactivación, se expidió el decreto 474 que creaba los Certificados de Inversión Audiovisuales, con el cual se le rebaja la tasa impositiva hasta en un 35 % a los “inversionistas extranjeros”, rebajas adicionales a las que ya se les otorgaba en la llamada Ley de Cine 2. 

Cínicamente, en el modelo de convertirnos en maquila cultural mediante la economía naranja, en su entrevista al diario El Tiempo del 3 de septiembre, la ministra nos informa que, ni cortos, ni perezosos, los pulpos digitales desde ese momento, han hecho inversiones por $679.000 millones de pesos y, tan sólo Apple, ha hecho inversiones por $180.000 millones. También nos cuenta alegremente que “hemos avanzado en el carné ATA que permite las importaciones de los elementos de producción” y que “el SENA y Amazon avanzan en un programa de formación de jóvenes para que se incorporen a la cadena de valores como maquilladores, diseñadores y técnicos, entre otros trabajos”. O sea, el negocio, la tajada grande y el control para las transnacionales, mientras para los colombianos, trabajitos tercerizados como maquilladores o técnicos a bajo precio.

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La clara pretensión con el foro (ahí sí, sin tratar ni siquiera de utilizar alguno de los nuevos maquilladores entrenados por Amazon para ocultar sus designios) es enmarcar las artes y la cultura en ese concepto del entretenimiento mercantil y banal al servicio, y para el beneficio, de los gigantes digitales. Se harán profundos análisis y estudios en “industrias culturales y creativas sobre tendencias, lo que pasa en el mundo en producción audiovisual, transformación digital, circulación de artistas, gastronomía, música, procesos de cocreación (sic) y transmedia (sic)”. Todo estrictamente ceñido a los intereses de empresarios internacionales y donde se establezcan las condiciones mejores para poder exprimir la naranja hasta la última gota. Del artista o el empresario nacional, al final quedará la mera cáscara y el cansancio de feriar su trabajo, arriesgar su patrimonio y quizás endeudarse para poder soñar en conseguir un peso. 

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Obviamente habré eméritos “invitados” como Ole Obermann “head global” de Bytedance, empresa dueña de TikTok, Vinton Cerf, vicepresidente de Google, Cary Granat, productor estadounidense que adquirió, entre otras, los derechos de “crónicas de Narnia”, Garry Kasparov, ajedrecista y asesor de estrategia de varias empresas, Danny Santiago, estilista de moda y de “styling” de “Sex and the City”, Sam Nicholson, fundador de Stargate Studios y, claro, Alejandra Serna, directora de producción de Netflix para Latinoamérica. Listado de insignes CEOs de las multinacionales y con los cuales, como subraya la abogada, actual encargada del Ministerio de Cultura “queremos abarcar todos los ámbitos, que incluyen las industrias culturales y hacia donde deben apuntar”.

Desgraciadamente, el blanco hacia el cual apuntan es la destrucción de la cultura y las artes nacionales, la implantación del modelo de maquila y a acabar con el derecho constitucional a la cultura y a una vida digna para los artistas y aquellos que se incorporen a la “cadena de valores”, que finalmente será la de Google, Amazon, Facebook, Disney o Netflix. 

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Felipe Arango
Artista plástico, Byam Shaw School of Art, Londres. Presidente de la Unidad Nacional de Artistas (UNA)

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