Ha nacido una esperanza
Andrés Botero Arbeláez
Abogado, Universidad Pontificia Bolivariana. Magíster en relaciones internacionales. Director Ejecutivo de la Cámara Ambiental del Plástico.
Desde el 16 de octubre de 1914, hasta nuestros días, se sigue repitiendo la ignominia contra los candidatos a la presidencia de la República. ¿Cómo puede una sociedad avanzar? cuando entre compatriotas se arrebatan la vida en un duelo cobarde, traicionero y a muerte, que de forma sanguinaria define el talante de lo que somos capaces de hacer los colombianos.
¡Qué desgracia nuestra incultura! ¿Cómo verán los conciudadanos del planeta nuestros actos? Pues, como son: dos campesinos por la espalda, armados con hachuelas, golpean el cráneo del general Rafael Uribe Uribe causándole la muerte al día siguiente.
Luego, en 1948, un 9 de abril, viviríamos el Bogotazo tras la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. 39 años después, en 1987, sería Jaime Pardo Leal, y dos años después, Luis Carlos Galán, pero esto ha sido insuficiente en nuestra historia de sangre y corrupción. En 1990, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro León Gómez pierden la vida tras miles y cruentos asesinatos que acallaron las voces de otros que pensaban diferente.
Y como si fuera una maldición colombiana, el pasado 7 de junio de 2025, unos infames criminales, indolentes con la vida, fraguaron un macabro plan que terminó, sin reserva y sin conciencia, atentando contra la vida de Miguel Uribe Turbay.
Hoy todas esas muertes tienen una esperanza. Todos los candidatos presidenciales, propios y ajenos —incluyo a Fernando Villavicencio—, serán reivindicados con las palabras que pronuncie Miguel al regresar a la vida. Su lucha contra la muerte trasciende los siglos y las ideologías políticas, reivindicando el legítimo derecho a disentir y pensar diferente. Más aún, cómo no pensar en Voltaire y su defensa hasta la muerte, para que el otro pueda decir aquello con lo que no se está de acuerdo.
Hoy ha revivido la esperanza de todos los colombianos. La luz triunfará por encima de la oscuridad, y la luz de sus ojos será el faro que alumbre el presente y el futuro de una Colombia en paz y unida, por la redención de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, de la oración sobre el poder de las balas.
Hoy, el rumbo del país parece haber sido jugado a los dados como la túnica inconsútil, sin una sola costura, en una sola pieza, de forma indivisible. La vida de Miguel hace parte de la fe cristiana y católica, incluso de todas las religiones. Aquí estamos nuevamente citados en el ágora de la lucha entre el bien y el mal, y ya no será con espadas, con arcos y flechas; será en las urnas y se cerrarán todas las brechas, todas las desgracias de nuestra amada Colombia, porque el universo no se queda con nada y Miguel ha sido ungido con el milagro de la vida, así que todos somos esclavos del Dios y que se haga en nosotros según tu palabra señor.
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