Biden propone impuesto a las multinacionales

Las negociaciones sobre la implementación de un impuesto global a los beneficios de las multinacionales son de vieja data. En 2013, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lanzó un plan de acción dirigido a buscar soluciones ante la evasión de la base de tributación y la transferencia de beneficios a multinacionales, mediante el “Proyecto BEPS” (Base Erosion and Profit Shifting, por sus siglas en inglés). Si bien en 2020 alrededor de 137 países se comprometieron a lograr un acuerdo final sobre un impuesto global, la pandemia y las reticencias de la administración Trump dilataron el proceso.
Joe Biden puso de nuevo el debate en el centro de la mesa, al proponer aumentar los impuestos tanto a nivel estadounidense como a nivel global. En el primer caso, anunció, a principios de abril, una reforma tributaria tendiente a aumentar el recaudo, con el propósito de financiar un amplio programa plurianual en infraestructura. El nuevo presidente le apostó a elevar del 21% al 28% el impuesto de sociedades a las empresas estadounidenses ubicadas en EE.UU y al 21% para sus filiales en el exterior. No obstante, Republicanos y Demócratas no se han puesto de acuerdo al respecto.
En el segundo caso, Biden propuso un valor a la tasa global a las empresas multinacionales de 21%, cifra que luego redujo al 15%. El Departamento del Tesoro sustentó la medida argumentando que “la competencia a la baja en los impuestos corporativos” entre los países, ocurrida en los últimos 30 años, “socavó” sus capacidades “para recaudar los ingresos necesarios para realizar inversiones críticas”. Según la nueva administración estadounidense, esta tasa mínima mundial garantizaría “un campo de juego más equilibrado en la tributación de las empresas multinacionales” y “estimularía la innovación, el crecimiento y la prosperidad, al tiempo que mejoraría la equidad en la clase media y los trabajadores”. Pese a la reducción de la propuesta al 15%, dicho valor es superior a la tasa del 12,5% esperada por la OCDE en el marco del ‘Proyecto BEPS’.
Según la organización internacional, el impuesto a las multinacionales generaría «100 mil millones de dólares anuales» de recaudo y serían “repartidos de manera homogénea para las economías de ingresos altos, medios y bajos”. Frente a lo anterior, el Tesoro estadounidense resaltó que “las discusiones deben seguir siendo ambiciosas” y conducir a “elevar esa tasa” más allá de la propuesta del valor piso, del 15%. Asimismo, hizo un llamado de atención para trabajar “de manera multilateral” en la garantía de “un sistema fiscal mundial equitativo” y “equipado para satisfacer las necesidades de la economía global del siglo XXI”.
Por otra parte, además de proponer la adopción de una tasa mundial, la OCDE también prevé adaptar el marco fiscal mundial a la digitalización de las multinacionales, lo cual generaría ganancias más allá del territorio de establecimiento fiscal. En este sentido, la Declaración Marco Inclusiva de la OCDE/G20 sobre BEPS (2020) menciona la importancia de recaudar beneficios por parte de las empresas en el territorio donde realizan actividades económicas.
Salvo Irlanda, país que aplica uno de los impuestos más bajos para las empresas, la propuesta de la administración Biden ha sido bien acogida por los Estados miembros de la OCDE. El Grupo de los siete (G7), alianza conformada por Alemania, Canadá, Japón, Francia, Italia y Reino Unido, ha apoyado la propuesta estadounidense, de la misma manera que el Fondo Monetario Internacional (FMI). Kristalina Georgieva, Directora general del FMI, resaltó que un impuesto por encima de las tasas «del 10% o incluso menos”, vigentes en muchos países, “sería beneficioso». En su concepto, la medida permitiría que los países invirtieran más en sectores esenciales como la educación, la salud y las tecnologías digitales.
La OCDE ha expresado la voluntad de lograr un acuerdo global durante el G20, que se llevará a cabo los primeros días de julio, y después en una reunión final en octubre.