Industria de alimentos para mascotas: un mercado en expansión
Ante el boom de la industria alimentaria para mascotas, Pixie y Pet Gourmet, empresas del sector, y un productor de arroz que abastece la industria, comparten su experiencia.
En nuestro país, son cada vez más numerosos los hogares con mascotas. Euromonitor registró que el gasto en el cuidado de mascotas ha crecido un 63,1% entre 2015 y 2020, al pasar de US $726,2 millones (2,7 billones de pesos) a US $1.184,5 millones (4,4 billones de pesos). Según esta misma fuente, en 2020 la comida ocupó el 90% del presupuesto que los dueños invirtieron en el cuidado de sus mascotas. Ese año, los colombianos gastaron US $1.065,1 millones (3,9 billones de pesos) en la compra de comida para su mascota, es decir, un 62,8% más que en 2015, cuando fue de US $654,2 millones (2,4 billones de pesos). En este contexto favorable, las empresas de alimentos para mascotas se han beneficiado con el alza de la demanda.
Desde que Óscar Nemogá abrió Pet Gourmet en 2012, una empresa bogotana dedicada a la alimentación canina natural y saludable, ha notado “un incremento claro de la demanda”. En su opinión, este fenómeno se debe a los cambios demográficos y de estilo de vida, pues, “desde hace unos años, muchos jóvenes ya no quieren tener hijos sino mascotas: las familias unicelulares y las personas solas con una mascota son una realidad”.
Camilo Raigoso, médico veterinario y fundador de Pixie, una empresa dedicada a la producción de comidas para perros y gatos, coincide con Nemogá y enfatiza la relación emocional que vincula a los dueños con su mascota. En su opinión, los dueños de mascotas ya no tienen perros “con el fin de que cuiden la casa”, sino que, al considerarlos “un miembro más de la familia, se preocupan mucho por la alimentación de su mascota”.
Según Raigoso, el incremento de las ventas de la empresa también está relacionado con la “ola de bienestar” que hace que “los humanos nos cuidemos mucho más, busquemos etiquetas más limpias, ingredientes más naturales, de mejor calidad y sin componentes químicos. Y queremos lo mismo para nuestras mascotas”. Asimismo, explica que esta tendencia va de la mano con la popularización en Colombia, hace unos 12 años, de la dieta BARF, como se le conoce a la alimentación canina que se basa en alimentos naturales y crudos.
Como resultado de estas tendencias, Raigoso pasó de preparar comidas para unos 15 perros en una olla y un molino casero, en 2012, a formalizar su negocio en 2016 y producir actualmente unas 2,2 toneladas al día de alimento fresco, que abastecen a 25.000 clientes. Para ello, utiliza maquinaria especializada (clipadoras, embutidoras y mezcladoras), lo que requirió una estandarización previa de los tiempos, movimientos y temperaturas. “Ha sido un gran desafío y un aprendizaje escalar la producción artesanal a la industrial”, puntualiza.
Productos premium 100% colombianos
Óscar Nemogá, de Pet Gourmet, resalta que todas sus recetas se elaboran con ingredientes locales. La empresa se abastece de verduras en el sector de Paloquemao, en Bogotá, y compra las carnes y los pollos a proveedores de la capital.
Privilegiar a los productores nacionales también fue la apuesta de Raigoso, aunque su empresa se ve obligada a importar “algunos productos que no se consiguen en Colombia o aquellos cuya producción no alcanza los volúmenes necesarios”. Este es el caso de la avena, importada de Chile y Canadá, y de la premezcla de vitaminas y minerales, que se trae de Francia. Sin embargo, Raigoso enfatiza que “todos los componentes frescos son nacionales”.
Además de recurrir a productos colombianos, el fundador de Pet Gourmet señala que sus recetas han sido elaboradas con base en “productos premium”, los cuales podrían ser “utilizados por el humano para preparar su almuerzo”. En esto mismo concuerda Raigoso, quien explica que “no quería usar ningún tipo de subproductos”.
Según indica el fundador de Pixie, la comida de buena calidad requiere una composición alta en micro y macronutrientes, no contener conservantes y ser digerible en más del 90%, lo cual significa que casi todo lo que ingiere el perro es absorbido por su organismo. Además, debe estar elaborada con ingredientes frescos y naturales, tener alrededor de un 70% de humedad y estar empacada en un material de alta barrera, que impida la hiperoxidación de las grasas y la oxidación de las vitaminas. Es recomendable, asimismo, que las recetas estén guiadas por los estándares de la Association of American Feed Control Officials (AAFCO) y de la National Research Council (NRC), entidades estadounidenses encargadas de proveer información acerca de los requerimientos nutricionales para perros y gatos.
Además de prestar una particular atención a la calidad de la comida, ambas empresas trabajan en pro de una mayor palatabilidad de la dieta y variedad en las presentaciones. Óscar Nemogá advierte que “a veces los perros se aburren de comer todos los días lo mismo” e invita a brindar al amigo de cuatro patas “productos con sabores nuevos y texturas nuevas”. Para ello, empresas como las mencionadas ofrecen tortas de varios sabores, productos liofilizados (deshidratados para conservarse más tiempo), “salchichones”, galletas, donuts, helados y hasta tortas de cumpleaños.
La industria de alimentos para mascotas, un cliente marginal de los productores
Detrás de los platos naturales hay un extenso listado de productos como carnes (cerdo, conejo, pavo, pollo, res), cereales (arroz, avena, quinoa), vegetales (acelgas, arveja, batata espinaca, habichuela, zanahoria) y aceites vegetales. Óscar Nemogá señala que la venta de materias primas para la industria de alimentación de mascotas “es una particularidad dentro de la cadena de distribución de los productores, más bien dirigida a la venta para consumo humano”. Camilo Raigoso concuerda con lo anterior y añade que “fue difícil cambiarles el chip a los productores sobre el hecho de que sus productos eran necesarios para elaborar alimentos para mascotas que [exigían] la misma calidad que los destinados a humanos”.
Para varios de los productores, esta colaboración ha sido la ocasión de mejorar y diversificar sus prácticas. José Luis Figueroa, agricultor y proveedor de arroz integral para Pixie, recuerda haberse sorprendido ante la propuesta comercial de esta empresa. Figueroa llevaba cuatro generaciones en el cultivo de arroz blanco en el Tolima, en una finca de 106 hectáreas, y su colaboración con Pixie lo llevó a producir por primera vez arroz integral. Explica que lo usual era “vender el salvado de arroz y las cascarillas de arroz blanco como subproductos para realizar harinas y tortas dirigidas a la alimentación animal”, subproductos que representan alrededor de 200kg de una tonelada de arroz, aproximadamente.
Con el manejo del arroz integral el proceso fue muy diferente. El arroz integral requiere “mucho cuidado” y una “muy buena calidad de grano seleccionado en el lote”, señala Figueroa. Se trata de un “grano 100% entero”, que “conserva más nutrientes, vitamina A y B” que el arroz blanco. Como resultado, cada mes le vende alrededor de 6 toneladas de arroz integral a Pixie, equivalentes al 50% de su producción.
A través de Figueroa, Pixie también se abastece de quinoa producida por la comunidad indígena de La Estrella, en el departamento del Cauca. Mediante el sistema de trueque, Figueroa le entrega parte de su producción de arroz blanco a la comunidad y a cambio recibe quinoa. Para la comunidad indígena, que siembra este cereal en el marco de un programa de restitución de tierras, el vínculo con Pixie representa una oportunidad de ventas. En efecto, Figueroa advierte que “la quínoa hasta ahora es un producto que se está dando a conocer. No hay muchas personas que la compren, pues el cultivo no es tan industrializado como el del arroz y es más costoso”.
Con respecto al abastecimiento de conejos, Camilo Raigoso relata cómo se unieron treinta productores de la cadena cunícola (cría y producción de conejos), un sector “poco tecnificado” en el país, para lograr volúmenes suficientes que pudieran ser sacrificados en mataderos certificados y así vender la producción a empresas de alimentación para mascotas.
¿Un producto al alcance de todos?
Con un precio unitario promedio de 6.500 pesos por una porción de torta de 80 gramos, los clientes de Pet Gourmet apuntan a clientes “de estrato cuatro y para arriba”. Por otra parte, los productos de la marca están pensados para ser administrados como complemento de las dietas convencionales de relleno o BARF, con lo que los dueños pueden decidir con qué frecuencia compran dichos productos. Nemogá recomienda, en efecto, no limitarse a “una sola fuente de alimentación”, ya que “los concentrados tienen unas cargas químicas importantes”. En consecuencia, sugiere complementar este tipo de dieta “con productos más naturales, sin conservantes o ingredientes artificiales”.
En contraste, Raigoso explica que sus productos son solicitados en todos los estratos, sobre todo por personas entre los 25 y los 40 años, y añade que el presupuesto dedicado a la alimentación varía en función del tamaño del perro. “Un perro pequeño de unos 2 kilos puede comer una dieta de 30.000 pesos al mes, mientras que un perro gigantesco, tipo Fila Brasileiro, puede comer dietas de entre 550.000 y 600.000 pesos al mes”, puntualiza. La empresa cuenta entre sus clientes a propietarios de perros que buscan una alimentación más sana o cuyas mascotas tienen requerimientos especiales, por tener insuficiencia renal o hepática, o enfermedades de la piel que necesitan “una alternativa a las dietas médicas que no son tan palatables”.