Inversiones forzosas: qué son, cómo afectarían el crédito y por qué el debate vuelve en plena emergencia económica
La propuesta de inversiones forzosas, que según el Ejecutivo podría ayudar a recaudar cerca de $8 billones junto con otras medidas fiscales, reabre un debate técnico y político que impacta directamente el crédito, el ahorro y la estabilidad financiera.
El debate no ocurre en el vacío. La economía colombiana cerró 2025 con un crecimiento de 2,6%, por debajo de lo esperado por distintos actores del mercado. La inversión sigue débil y el crédito no ha mostrado una recuperación robusta.
El debate sobre las inversiones forzosas entró en una nueva fase tras la reunión entre el ministro de Hacienda y la cúpula bancaria. Aunque el Gobierno mantiene sobre la mesa la posibilidad de obligar a las entidades financieras a destinar parte del ahorro del público a sectores estratégicos, el sector bancario presentó una contrapropuesta para evitar la imposición y abrir mesas técnicas de negociación.
El encuentro, que se dio en el marco de la nueva emergencia económica, no terminó con una decisión definitiva. Según lo revelado por los gremios financieros, los bancos propusieron desplegar un paquete de alivios para las zonas afectadas por la emergencia climática, acompañado de nuevos créditos productivos, como alternativa a un esquema obligatorio.
La conversación fue calificada como “constructiva” y ambas partes acordaron continuar en mesas técnicas durante la semana, con la expectativa de presentar una propuesta conjunta antes de finalizarla.
¿Qué son las inversiones forzosas?
Las inversiones forzosas son un mecanismo mediante el cual el Estado obliga a las entidades financieras a destinar un porcentaje de los recursos que captan del público (cuentas de ahorro, corrientes, CDT) hacia sectores definidos por el Gobierno, generalmente a tasas inferiores a las del mercado.
No se trata de una figura nueva. En Colombia ha existido históricamente, por ejemplo, en el sector agropecuario a través de instrumentos como Finagro. Lo que cambia ahora es la magnitud potencial y el alcance sectorial en el marco de una emergencia económica.

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¿Se pierde el dinero de los ahorradores con las inversiones forzosas?
Una de las mayores inquietudes con las inversiones forzosas es si el dinero de los depósitos estaría en riesgo. De acuerdo con diversos analistas, los expertos coinciden en que no hay confiscación ni pérdida del capital, pero sí podría verse afectada la rentabilidad de instrumentos como los CDT y el ahorro pensional.
El mecanismo funciona sobre la base del sistema de intermediación financiera: los bancos captan recursos del público y los colocan como crédito. Si el Gobierno obliga a prestar una parte a tasas más bajas, el margen del banco se reduce y eso puede trasladarse a una menor tasa pagada en nuevos CDT, a ajustes en tasas de colocación y menor rentabilidad de algunos portafolios.
El efecto final dependerá del porcentaje que se obligue a redireccionar y de las condiciones regulatorias que se definan.
¿Aumentarían las tasas de interés?
Seis exministros de Hacienda publicaron una carta abierta cuestionando la medida de inversiones forzosas. Según su advertencia, obligar a las entidades a destinar recursos a fines específicos encarece el crédito, reduce la disponibilidad de recursos y genera distorsiones en el mercado financiero .
Los exministros recuerdan que los bancos administran el ahorro de millones de colombianos y que una decisión estructural no debería tomarse bajo presión coyuntural, sino con debate técnico riguroso.

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¿Por qué el Gobierno insiste ahora?
La propuesta se enmarca en la nueva emergencia económica, con la que el Ejecutivo busca recursos rápidos para atender compromisos fiscales y financiar sectores productivos estratégicos.
Sin embargo, el contexto fiscal explica buena parte de la urgencia. En 2025 el Gobierno cerró con un déficit fiscal cercano al –6,3% del PIB y un déficit primario de –3,4% del PIB, lo que indica que el desbalance no se explica solo por intereses, sino por una brecha estructural entre ingresos y gasto rígido.
El recaudo tributario neto alcanzó $270,4 billones, pero quedó aproximadamente $9,9 billones por debajo de la meta oficial del Marco Fiscal de Mediano Plazo, lo que obligó a recortes presupuestales y mayor presión de financiamiento hacia 2026.
A esto se suma que la deuda pública del Gobierno Nacional Central llegó a 64,7% del PIB, uno de los niveles más altos de la serie reciente, con mayor peso de deuda interna de corto plazo, lo que incrementa riesgos de refinanciación y vulnerabilidad frente a cambios en condiciones financieras.
En este escenario, las inversiones forzosas aparecen como un mecanismo para movilizar recursos sin pasar por una reforma tributaria estructural inmediata ni aumentar directamente el déficit en el corto plazo.

El Gobierno ha planteado que el objetivo es orientar el crédito hacia actividades productivas específicas y dinamizar la economía. Sin embargo, el contexto genera ruido adicional:
- Suspensión del decreto del salario mínimo.
- Incertidumbre jurídica.
- Debate sobre el impuesto al patrimonio.
- Presiones fiscales por menor recaudo.
- Alta dependencia del endeudamiento para financiar el déficit.
El riesgo no es solo financiero: en una economía con inversión privada estancada y tasa de inversión en mínimos de dos décadas, introducir cambios regulatorios de carácter obligatorio puede encarecer el costo del crédito (como han advertido analistas) y afectar decisiones de inversión en un momento de fragilidad estructural.
La insistencia del Gobierno responde a una tensión fiscal estructural, donde la combinación de déficit alto, recaudo insuficiente y deuda creciente reduce el margen de maniobra y aumenta la presión por conseguir recursos de corto plazo.
¿Es una medida estructural o transitoria?
Por ahora, las inversiones forzosas forman parte de una propuesta anunciada dentro de la emergencia económica. Su impacto real dependerá de:
- El porcentaje obligatorio.
- Los sectores incluidos.
- La duración de la medida.
- Las tasas aplicables.
- La inclusión o no de inversionistas institucionales (como fondos de pensiones).
Si los fondos privados fueran obligados a invertir en instrumentos con menor rentabilidad, el crecimiento del ahorro pensional podría desacelerarse, aunque no habría expropiación ni pérdida inmediata del capital.
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