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domingo, 11 de enero de 2026
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La caída del 20% en el precio del arroz pone al borde del desastre a miles de productores, advierte Fedearroz

El desplome del precio del arroz en 2025 puso al límite a miles de agricultores colombianos y agravó la crisis del sector arrocero.

Precio del arroz

La profunda caída del precio del arroz durante 2025 dejó al borde del colapso a miles de productores en todo el país. Con pérdidas cercanas al 20%, contrabando creciente, inventarios altos y ausencia de políticas públicas estructuradas, el sector arrocero enfrenta uno de los años más críticos de la última década, advirtió en entrevista con Más Colombia Rafael Hernández Lozano, gerente general de la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz). 

Detrás de la coyuntura inmediata, una alerta mayor preocupa a los expertos: si la producción continúa estancada mientras crecen los costos y la inseguridad en las zonas rurales, Colombia podría entrar en una dependencia acelerada del arroz importado justo en un momento en que los mercados internacionales son cada vez más volátiles.


Un año crítico para el mercado arrocero 2025

El mercado arrocero en 2025 estuvo marcado por un deterioro abrupto de los precios, cuya caída llevó al sector a operar por debajo de sus costos reales de producción. Según Fedearroz, este desbalance dejó a cientos de familias sin margen financiero para sostener sus cultivos y forzó la búsqueda de medidas de emergencia.

Rafael Hernández Lozano explicó que, desde mediados de año, los precios se ubicaron en niveles que “no cubrían los costos de los agricultores”, lo que llevó al gremio a solicitar un incentivo al almacenamiento que finalmente no fue aprobado. La ausencia de este respaldo agravó la presión sobre el mercado y evidenció la vulnerabilidad estructural de una cadena productiva clave para la seguridad alimentaria del país.

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Este deterioro no solo golpeó la economía rural, sino que también reactivó tensiones sociales en zonas donde el arroz es el principal motor económico y uno de los pocos generadores de empleo estable, la caída del precio del arroz pone en riesgo este panorama.

Cultivo de arroz
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El acuerdo de precios que evitó una catástrofe

Frente a la crisis de precios, el Ministerio de Agricultura y la Superintendencia de Industria y Comercio implementaron un régimen de libertad regulada para fijar precios mínimos de compra de arroz paddy verde. Sin embargo, según Hernández Lozano, la industria se apartó de esos precios y demandó renegociaciones.


El resultado fue un acuerdo en los precios del arroz entre Fedearroz y la industria molinera. Aunque los valores quedaron por debajo de los inicialmente propuestos, permitieron frenar el deterioro de la cadena productiva. Más de 9.000 agricultores se vincularon voluntariamente al acuerdo, lo que les dio un ingreso mínimo para evitar pérdidas totales en la cosecha.

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No fue el mejor precio del arroz, pero al menos se salvó la cosecha”, afirmó el gerente general de Fedearroz, al tiempo que destacó que esta medida funcionó más como un salvavidas que como una solución permanente.

Contrabando: el golpe silencioso que hunde los precios

Uno de los factores más determinantes en la caída de ingresos fue el contrabando arroz Colombia, especialmente de producto procedente de Ecuador. El ingreso de arroz fuera de los canales formales presionó aún más los precios internos y afectó directamente la rentabilidad de los productores.

Fedearroz solicitó al Gobierno nacional aplicar mecanismos de control más estrictos, e incluso propuso que las importaciones legales se canalicen exclusivamente por vía marítima y por un único puerto, para facilitar el rastreo y reducir el contrabando. Sin embargo, esta medida tampoco se implementó.

“El efecto del contrabando sigue siendo un lastre que afecta la estabilidad del mercado”, explicó Hernández Lozano, resaltando que esta situación ha erosionado la posibilidad de que el precio del arroz pueda recuperarse de manera significativa en el corto plazo.

Inventarios altos y consumo estable: un equilibrio delicado en el precio del arroz

Mientras la producción sigue acumulándose en los silos y los molinos, el consumo de arroz en Colombia se ha mantenido relativamente estable, con una media cercana a 42 kilos per cápita al año. El problema radica en el exceso de oferta.


Según estimaciones de Fedearroz, los inventarios podrían rondar las 300.000 toneladas a mediados de año, aunque la industria ha hablado de cifras que podrían alcanzar hasta 700.000 toneladas. Esta discrepancia obliga a esperar cifras oficiales de entidades como el DANE para tener claridad sobre la verdadera dimensión de los inventarios.

El exceso de oferta no solo influye en la caída de precios, sino que también ralentiza la rotación del producto en toda la cadena productiva, dificultando la recuperación económica del sector.

Un futuro incierto para el sector arrocero

La caída del precio del arroz no es el único reto que enfrenta la producción nacional. La apertura de exportaciones desde países como India, junto con altos inventarios globales, hace difícil que los precios internacionales repunten de manera significativa en el mediano plazo.

Además, Colombia se prepara para una liberación total de importaciones de arroz desde Estados Unidos, prevista para entrar en plena vigencia en 2030. Este escenario representa un desafío adicional para los productores nacionales, que deberán competir con oferta extranjera muchas veces más barata.

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Para enfrentar esta situación, Fedearroz impulsa el programa AMTEC (Programa de Adopción Masiva de Tecnología), que busca reducir los costos de producción mediante la modernización tecnológica en los cultivos. Según Hernández Lozano, sólo con una adopción amplia de estas prácticas, idealmente en cerca del 80% del área sembrada Colombia podrá competir eficientemente con las importaciones a partir de 2030.

Primer plano espiga de arroz
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El reclamo central: falta de políticas públicas claras

Más allá de los precios, el gerente general de Fedearroz fue enfático en señalar que el sector carece de políticas públicas claras y sostenibles. Hernández Lozano afirmó que no ha habido inversiones significativas en infraestructura rural, como vías terciarias o distritos de riego, especialmente en zonas clave como Casanare, donde “hay un río cada 15 kilómetros, pero ni un solo distrito de riego”.


Esta ausencia de infraestructura mantiene la producción anclada a sistemas altamente estacionales, donde el 70% del área sembrada depende del arroz secano, lo que acentúa las fluctuaciones de producción y de precios.

Inseguridad rural: otro obstáculo para producir

A la presión económica se suma un deterioro acelerado de la seguridad en las zonas productoras. De acuerdo con Hernández Lozano, los agricultores enfrentan “extorsiones, robos, secuestros y otros delitos” que dificultan la actividad agrícola y ponen en riesgo la permanencia de las familias en sus tierras.

Es muy difícil hacer agricultura con esta inseguridad. Todo el mundo está pagando vacunas”, afirmó, reflejando una preocupante realidad que trasciende lo económico y se instala como un asunto de derechos y seguridad humana en el campo.

Un sector que alimenta pero trabaja al límite con el precio del arroz

Con una caída del 20% en el precio del arroz, contrabando persistente, inventarios elevados y ausencia de políticas estructurales, el sector arrocero colombiano llega a 2026 con un panorama frágil y lleno de incertidumbre.

La advertencia de Rafael Hernández Lozano, gerente general de la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz), apunta a un problema sistémico: sin inversiones rurales significativas y mecanismos efectivos de control del mercado, uno de los alimentos esenciales de la canasta básica seguirá en riesgo y por ende el precio del arroz.