La dura batalla por el salario mínimo 2025: Estas son las razones de los que piden un alza histórica y de los que defienden un aumento reducido
La discusión del incremento del salario mínimo 2025 enfrenta un intenso debate entre quienes promueven un incremento significativo y aquellos que advierten sobre las consecuencias económicas de aumentos excesivos.
Este año, el rango de la negociación en la Comisión Permanente de negociación del salario mínimo 2025 oscila entre el 12% que piden los trabajadores y pensionados. Y la cifra sugerida por ACOPI del 5,2%, que revela las distintas visiones sobre el impacto de esta medida en la economía colombiana.
El debate sobre el salario mínimo en Colombia refleja las tensiones inherentes a una economía en desarrollo que busca equilibrar la creación y la redistribución de riqueza.
Ambos sectores, el de los trabajadores y el de los empresarios, coinciden en que la efectividad dependerá de un enfoque integral que incluya políticas de reactivación económica, apoyo a las MiPymes y estrategias de reindustrialización.
Las partes involucradas continúan en la mesa de concertación buscando llegar a un acuerdo antes del vencimiento del plazo ordinario. Sin embargo, las reuniones del tripartito se han visto interrumpidas, por lo que no se descarta que la última palabra la tenga el Gobierno y el aumento del salario mínimo 2025 se dé por decreto.

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Argumentos a favor de un aumento sustancial
Para muchos sectores sociales, un incremento significativo en el salario mínimo 2025 es fundamental para responder a las necesidades básicas de los trabajadores. Colombia ocupa un puesto rezagado en el ranking global de salarios mínimos. Colombia ocupa el puesto 71 entre 123 países en el ranking de salario mínimo de Datosmacro, por debajo de países como México, Panamá y Bolivia.
Un aumento significativo podría generar múltiples beneficios económicos y sociales, como inyectar poder adquisitivo a los hogares, lo que incentivaría el consumo. Además, esta medida sería crucial para combatir la pobreza y la desigualdad, dos problemas estructurales que siguen afectando a millones de colombianos.
Sin embargo, las centrales han dicho que este incremento debe ir acompañado de otras medidas que incentiven la reactivación económica.

Preocupaciones sobre un aumento elevado
Por otro lado, gremios como ACOPI, que representa a las micro, pequeñas y medianas empresas, advierten que un aumento significativo podría poner en riesgo la sostenibilidad de estas organizaciones. Argumentan que el bajo crecimiento económico, proyectado en un 1,9% para 2024, y una inflación aún superior al rango objetivo del Banco de la República (5,2%) limitan la capacidad del sector empresarial para asumir mayores costos laborales.
Según ACOPI, un incremento elevado podría desencadenar presiones inflacionarias, llevando al Banco de la República a implementar políticas monetarias más restrictivas. Esto encarecería el crédito, afectando tanto a las empresas como a los consumidores.
Además, para el gremio el aumento del salario mínimo 2025 sin medidas para mejorar la productividad podría traducirse en un aumento de precios generalizado, perjudicando el poder adquisitivo de los trabajadores que se busca beneficiar.
Otro aspecto crítico es la alta dependencia de las importaciones en la economía colombiana, que limita el impacto positivo de un aumento salarial en la producción nacional. Sin políticas industriales efectivas, un mayor salario podría terminar beneficiando más a los productores extranjeros que a la economía nacional.

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El desafío de equilibrar intereses
La negociación del salario mínimo 2025 en Colombia requiere un equilibrio entre los intereses de los trabajadores, las empresas y el gobierno. Si bien un aumento significativo puede ser una herramienta para reducir la pobreza y estimular la demanda interna, las preocupaciones sobre su impacto en la inflación y el empleo formal no son infundadas.
De hecho, trabajadores y empresarios coinciden en que cualquier ajuste debe ir acompañado de políticas estructurales que fortalezcan la productividad, reduzcan los costos de formalización y promuevan la reindustrialización del país.
El contexto actual es desafiante, la desaceleración económica y la persistente informalidad exigen soluciones integrales. En este sentido, la discusión del salario mínimo 2025 no puede desvincularse de otras medidas económicas, como el fortalecimiento del tejido empresarial, la mejora en el acceso al crédito y la ejecución de la política de reindustrialización.