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domingo, 11 de enero de 2026
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La Reforma del pensamiento agrícola colombiano

Miller Preciado, Columnista, Más Colombia

Miller Preciado

Ingeniero agrónomo, especialista en gerencia, MBA con énfasis en Finanzas y estudios de alta gerencia internacional. Gerente de Operaciones de Elite Blu, empresa exportadora de arándanos.

Hoy que hablamos de reformas como si fuera un menú de restaurante que debemos cambiar debido a la insatisfacción del paladar de los comensales, creyendo que el nuevo chef de la Casa de Nariño tiene mejor sazón para endulzar nuestra vida con reformas a todo lo conocido, quise aportar la mía y de esta manera aprovechar el frenesí.

¿Qué les parece si aplicamos una reforma al pensamiento agrícola en Colombia?


Soy ingeniero agrónomo y mi pasión es producir en el campo, buscar siempre alternativas para dejar en alto el nombre del agro en Colombia. Me he desempeñado como gerente de diversos cultivos y he visto cómo se puede generar riqueza y equidad desde las iniciativas empresariales en el campo.

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El camino recorrido me ha mostrado la necesidad de cambiar el pensamiento frente a lo que la sociedad conoce como el sector agrícola, pues a mi juicio en esta historia existen dos versiones:

  1. La de personas que han forjado grandes fortunas y aportado miles de trabajos formales e ingresos dignos a las familias en el campo, al paso que aportan a la sociedad en la disminución de la pobreza.
  2. La visión en la que todo lo que se acerca al campo es sinónimo de pobreza y los agricultores pierden sus cosechas o tienen que regalarlas luego de un arduo trabajo.

Esta última es la versión más popular entre los colombianos y es la razón por la cual se asume casi sin dudarlo que el campo es igual a pobreza y desigualdad. Ello hace que a pocas personas les llame la atención invertir en este sector tan marginado por nuestro pensamiento generalizado.

Creo que llegó el momento de reformar ese pensamiento y ver al campo como lo que realmente es: una fuente de abundancia para este país. Se debe despertar consciencia de la oportunidad que tenemos al frente. Por ello, hablaremos de algunas cifras y expectativas de crecimiento que podrían transformar la economía rural, cambiando la vida millones de personas en Colombia, creando miles de empleos y supliendo la necesidad inminente de alimentación de la humanidad.


Ahora bien, de acuerdo con nuestro último Censo Nacional Agropecuario, del cual hablaremos en una futura publicación, Colombia tiene 62.8 millones de hectáreas en bosques naturales y reservas de biosfera, lo cual equivale al 56,9% del área nacional.

Esto nos convierte en un país referente e importante en el aporte de sostenibilidad y nos genera una responsabilidad con el mundo de mantener y proteger dicha área, que, dicho sea de paso, es una tarea obligatoria para el futuro de la humanidad.

Según la mencionada fuente, también contamos con 43 millones de hectáreas con vocación agrícola y 2,4 millones con uso no agrícola. Lo revelador de estos datos es que usamos menos del 19% de nuestra área agrícola para producir comida. Si bien las cifras son variables, en Colombia sembramos un poco más de 7 millones de hectáreas de los 43 potenciales sin afectar las reservas.

Si bien las comparaciones son odiosas, para comprensión del lector me atreveré a hacer una, especialmente por la relevancia que tiene en el contexto actual. Hoy que tenemos en la cabeza la guerra entre Rusia y Ucrania y el impacto que esta ha causado en la economía, resaltamos lo estratégico de Ucrania por la producción de alimentos e insumos claves para la agricultura.

De acuerdo con los datos del Banco mundial, Colombia tiene más potencial agrícola que lo actualmente cultivado por Ucrania, pero en este país se cultivan 7 veces más terrenos que en Colombia.

Las métricas del mencionado banco muestran que Ucrania cultiva 32 millones de hectáreas anualmente y esto lo convierte en una potencia en la generación de alimentos, al punto de que han afectado la economía mundial gracias a su capacidad de producción de trigo, maíz y cebada.

¿Nos podremos imaginar qué tan relevantes seríamos si aprovecháramos nuestro potencial? ¿Qué tal si reformamos nuestro pensamiento y vemos el agro como esa posibilidad de ser relevantes en el aporte de alimentos y riqueza?


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Hoy tenemos más de 2,7 millones de agricultores en Colombia, muchos de ellos marginados de las oportunidades y del acompañamiento estatal, comercial y técnico. Prácticamente solos han logrado aprovechar una fracción de nuestro potencial. ¿Qué tal si desarrollamos una visión centrada en los cultivos estratégicos para la humanidad, donde enfoquemos la producción cultivando super alimentos que hoy demanda la sociedad?

El mundo ya tiene suficientes métricas sobre consumo, las cuales podemos utilizar a nuestro favor para realizar una planeación agrícola que esté centrada en suplir esa demanda, disminuyendo la incertidumbre comercial y las filas de descontento de miles de agricultores que plantan sus campos sin un norte y se exponen a los bajos precios de sus productos y a las sagaces mentes de intermediarios que aprovechan el desorden para lucrase en ocasiones de forma desmedida e indolente.

Los invito a analizar a detalle las posibilidades que ofrece nuestro campo, las vidas que podríamos impactar si establecemos proyectos agrícolas responsables, identificando mercados deseosos y justos en materia de precios.

Tenemos una población joven que merece una oportunidad de trabajo digno sin abandonar sus corregimientos, veredas o municipios, buscando un sueño citadino que en la mayoría de las ocasiones se convierte en una pesadilla de desempleo, pobreza, abusos y desilusión.

Reformar el campo sí es posible. Lo he vivido, pero nace desde lo que podemos hacer como sociedad y especialmente como conocedores del sector; nace a través de iniciativas de inversión con visión asociativa, en las que comercializadoras, productores y técnicos estemos alienados con el propósito de crear millones de oportunidades que combatan las desigualdades y aporten a la economía del país.

Invito a lo sociedad, a los inversionistas y al Estado a que tomemos de manera decidida el mundo de oportunidades que tenemos literalmente en nuestros pies, que seamos conscientes de que Colombia es un país agrícola y no debe haber vergüenza en ello.


Muy por el contrario, esta es una oportunidad real de generar divisas y convertirnos en despensa agrícola regional, cubriendo nuestra seguridad alimentaria en justas proporciones y dando una mirada hacia el mundo para aprovechar la demandada de buenos alimentos que, gracias a nuestra geografía, podemos producir todo el año y en casi todo el territorio nacional.

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