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La teoría del derrame daña la política cultural

Federico Escribal
Federico Escribal
Gestor cultural (UNTREF, Argentina). Director de la Cátedra libre de Gestión cultural (Universidad Nacional de La Plata, Argentina) y docente (Universidad Nacional de las Artes, Argentina). Fue director nacional de promoción de los derechos culturales y diversidad cultural (Argentina).

Importando del terreno económico la fantasía de que fortalecer a los fuertes redunda en el bienestar del sector emergente, las capacidades estatales para intervenir en el mundo de la cultura y las artes ha sido crecientemente apropiada por los grandes jugadores.

Algunos países suramericanos se han consolidado en los últimos años como exportadores de talento futbolístico, impactando en ocasiones en la dinamización de circuitos económicos locales o regionales. Los clubes formadores de los deportistas de élite han sido reconocidos, y de unos años a esta parte un porcentaje de cada transacción se destina a las entidades de origen de los futbolistas. Por los montos que se movilizan en el mercado del fútbol, en ciertas ocasiones un humilde club de barrio logra a través de esas inyecciones fortalecer su infraestructura, actualizar equipamientos y optimizar la formación de las nuevas generaciones de deportistas. Esto expresa una conciencia integral de que no existirían ligas como la Premier en Inglaterra o la Serie A en Italia sin la concurrencia de talento formado globalmente en instituciones deportivas de base comunitaria.

En el campo de la cultura, por su parte, las políticas culturales hegemónicas orientan la asignación de recursos hacia los circuitos artísticos siguiendo un patrón peculiar. En lugar de apuntar a la multiplicación de los ámbitos formativos, que en su conjunto provean el día de mañana algunas trayectorias de excelencia desde un volumen amplio de participación creativa, se suele caer en el error de apoyar y financiar experiencias a partir de su previa inserción en los circuitos comerciales. Aquí, el nivel de conocimiento social sobre la propuesta (o “fama”, para ser más claros) resulta el determinante clave. Sería como una política deportiva que, en lugar de buscar formar al Messi del mañana, o a cinco o diez jugadores de esa característica, destinase los fondos públicos… a auspiciar a Messi. A esto, teóricos como la brasilera Marilena Chaui le han llamado la instrumentalización de la cultura.

Curioso lugar el de la cultura a los ojos de la política y el Estado. Con un grado de personalismo extremo los gobiernos de la región suelen encomendar las políticas culturales de Estado a artistas famosos. Es como si pusiéramos al frente del Ministerio de Salud a una persona por el mero mérito de haber estado largamente internado, en tratamientos varios, es decir, por haber sido un asiduo usuario del sistema sanitario. O a un usuario frecuente del transporte público como máxima autoridad en el área de Transporte. Los resultados están a la vista. Muchas veces más interesados en la reproducción de sus círculos profesionales – sociales que en una promoción integral de la práctica de base simbólica, la formación artística y la circulación – consumo de la producción propia, dan cuenta de un modelo largamente agotado. En momentos en los que la región y el mundo tienen tremendos desafíos, como la reducción de la brecha social y la necesidad de reconfiguración de un sistema productivo para resultar ambientalmente sustentable, cuyo único elemento común es que requieren complejos procesos de cambio cultural, se insiste en pensar la creatividad exclusivamente desde un criterio comercial. 

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Más aún, la teoría del derrame como canon neoliberal, sugiriendo que nutriendo a los más fuertes los débiles se fortalecerán por concurrencia, pareciera estar más vigente que nunca en la matriz de las políticas culturales contemporáneas, en las que grandes productoras al servicio de las plataformas digitales trasnacionales aparecen privilegiadas en detrimento de experiencias de base comunitaria, cooperativas y vinculadas con las tradiciones populares de nuestro continente. Los consagrados, financiados al mismo tiempo desde el sector privado y el público, terminan inhibiendo la posibilidad de la promoción de una competencia real en los circuitos comerciales, en tanto para ingresar en ellos las trayectorias emergentes requieren estímulos particulares.

En tanto lo que está en juego excede largamente la dimensión económica, y pone en juego la propia soberanía cultural, seguiremos insistiendo con estos debates.

Federico Escribal
Federico Escribal
Gestor cultural (UNTREF, Argentina). Director de la Cátedra libre de Gestión cultural (Universidad Nacional de La Plata, Argentina) y docente (Universidad Nacional de las Artes, Argentina). Fue director nacional de promoción de los derechos culturales y diversidad cultural (Argentina).

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