viernes, 8 de mayo de 2026
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La Unión Europea podría ampliar la definición y el uso de los Organismos Genéticamente Modificados

La Comisión Europea publicará este mes un informe sobre las Nuevas Técnicas Genómicas, que podría conducir a un cambio en la legislación europea sobre los Organismos Genéticamente Modificados. Francia aboga por ampliar el uso de la biotecnología en la producción agrícola.
Union Europea

A raíz de una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) de 2018, la cual determinó que las plantas obtenidas mediante las Nuevas Técnicas Genómicas (NTG) hacían parte de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), el Consejo de la Unión Europea solicitó realizar un estudio sobre la materia. Sus conclusiones han generado gran expectativa, pues podrían revolucionar el marco jurídico que rige la biotecnología orientada a la producción agrícola.  

François Burgaud, consejero del Presidente de SEMAE, gremio francés de semilleros, explica que las  Nuevas Técnicas Genómicas (cuando se aplican en material vegetal, también se conocen como Nuevas Técnicas de Mejoramiento de Plantas o New Breeding Techniques), agrupan diferentes técnicas de mutagénesis y edición genética. La más conocida de estas, llamada CRISPR-Cas9, permite cortar y modificar el ADN en lugares específicos del genoma, lo que le valió recibir el premio Nobel de química a sus desarrolladoras, Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, en 2020. 

A diferencia de los transgénicos, en los que se transfiere material genético de una especie distinta a la especie vegetal de interés, las NTG manipulan directamente el genoma de la especie de interés sin introducir material genético foráneo para expresar una nueva característica deseada, como la resistencia a plagas o a condiciones climáticas extremas. Sin embargo, para Benoît Biteau, ingeniero agrónomo y diputado europeo del Grupo de Los Verdes/Alianza Libre Europea, no debería existir diferencia entre las NTG y los OGM en términos de bioseguridad y regulación. En su concepto, “esta semántica solo sirve para eludir la normativa”.

La disputa en torno a los transgénicos comenzó con una directiva europea de 2001, que reglamentó la comercialización y liberación en el medio ambiente de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y determinó procedimientos de evaluación de riesgos y autorización para su cultivo y para el consumo humano. En Francia, dicha directiva fue transpuesta en el Código de Medio Ambiente en 2008, pero al adaptarla a la legislación nacional se prohibió el cultivo de semillas transgénicas y se excluyó de la normativa a las semillas obtenidas por mutagénesis, una de las nuevas técnicas genómicas.

En 2015, organizaciones agrícolas denunciaron ante el Consejo de Estado francés los “cultivos tolerantes a herbicidas” obtenidos por mutagénesis, por considerar que eran “nuevos OGM”. El Consejo de Estado del país galo se dirigió al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el cual profirió la sentencia de 2018 ya mencionada. Esta señala que “los organismos obtenidos por mutagénesis son Organismos Genéticamente Modificados”, pues “las técnicas y métodos de mutagénesis modifican el material genético de un organismo de una manera no natural”. En febrero de 2020, el Consejo de Estado francés concluyó en la misma dirección que el TJUE y le solicitó al Estado identificar las variedades obtenidas por mutagénesis a las que no se les realizó evaluación de riesgos, con miras a retirar las variedades en cuestión del catálogo de especies de plantas agrícolas y a suspender su cultivo.

Burgaud lamentó esta decisión y defendió las ventajas de aplicar las NTG a “todos los cultivos, hasta al hombre y al animal”. Para el gremio de semilleros francés que representa, sería necesario “dejar de interesarse en la técnica utilizada” y “privilegiar el resultado del producto logrado”. En consecuencia, propone revisar la Directiva europea de 2001 que les “impide el uso de herramientas de biotecnología a los europeos, cuando todos sus competidores no tienen restricciones”. Burgeau resaltó que “los agricultores europeos perdieron mucho” al tener que esparcir grandes cantidades de agroquímicos, lo cual resulta “más costoso que la compra de semillas modificadas directamente” para combatir plagas, por ejemplo.

El eurodiputado Biteau estima que una semilla modificada cuesta un 60% más que una semilla tradicional y precisa que “viene acompañada de un paquete tecnológico”, también costoso. En su concepto, los OGM amenazarían la diversidad genética, al contaminar “de manera irreversible” el ecotipo de los cultivos convencionales que se encuentren ubicados en las cercanías, por lo que considera que “estamos jugando al aprendiz de brujo». Para él, la ausencia de una visión de largo plazo sobre las posibles consecuencias de esta práctica es “absolutamente criminal”.

Ante este escenario, la posición del Gobierno francés es clara. Según el ministro de Agricultura, Julien Denormandie, “el marco legal europeo ya no es compatible con el marco científico”. En enero de 2022, Francia asumirá la presidencia del Consejo de la Unión Europea. Si bien para Biteau “es posible que se coloque en la agenda este tema”, asegura que “el Parlamento Europeo no está listo para cambiar la legislación existente”. El estudio, que se hará público a más tardar el 30 de abril, ayudará a esclarecer el rumbo que tomará Europa frente al uso de semillas modificadas según Nuevas Técnicas Genómicas en los próximos años.

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