HomeEmpleoLas brechas de género en el mercado laboral continúan

Las brechas de género en el mercado laboral continúan

Las mujeres son más del 60% de la población inactiva

De acuerdo con los reportes del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) para 2021, de los 49,9 millones de colombianos un total de 40.292.924 están en edad de trabajar. 

De esta última cifra, 24.380.584 personas, que representan el 48,8% de los colombianos, hacen parte de la población económicamente activa —aquella que quiere trabajar o está trabajando—. Discriminadas por sexo, las cifras del DANE indican que, de los 24,3 millones de personas económicamente activas, 14,2 millones son hombres y 10,1 son mujeres, una diferencia cercana al 29%.

En cambio, 15.912.341 personas, que equivalen al 31,9% del total de la población, hacen parte de la población económicamente inactiva —aquella que no participa en el mercado laboral—. De estas, 5,5 millones son hombres y 10,4 millones son mujeres, de manera que las mujeres económicamente inactivas prácticamente duplican a los hombres en esta misma situación.

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Según Patricia Jaramillo, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), la razón por la que las mujeres constituyen más del 60% de la población económicamente inactiva es que se encuentran dedicadas al trabajo doméstico y al trabajo de cuidado tanto del hogar como de la comunidad. En ambos casos, se trata de trabajos no remunerados. 

“Históricamente ha operado una separación entre el trabajo de cuidado —el que se realiza de puertas para adentro, en el hogar— y el trabajo productivo —el que participa en las cadenas de empleo y de producción—. Mientras el primero no se encuentra en la estadísticas nacionales ni se tiene en cuenta en el ingreso de los hogares, el segundo sí”, afirmó Jaramillo.

La docente señaló que en 2020, con la llegada de la pandemia, el número de mujeres inactivas aumentó. A su juicio, “este es un fenómeno que debe tenerse en cuenta a la hora de evaluar las brechas de género en materia de acceso laboral y desempleo. Muchas mujeres hoy son catalogadas como población económicamente inactiva porque, ante la crisis, han decidido asumir a tiempo completo las labores de cuidado en el hogar y en la comunidad. Así que no se trata de que las mujeres no estén interesadas en trabajar, porque sí lo están haciendo, solo que en sus hogares”.

Esto coincide con las cifras del DANE, que evidencian un aumento progresivo del porcentaje de mujeres económicamente inactivas desde 2018. Mientras que en 2018 se reportaron 9.177.201 mujeres inactivas, en 2019 la cifra ascendió a 9.429.196 y, en 2020, con la pandemia, llegó a 10.561.469, una cifra que no se había visto en las últimas dos décadas. En 2021, el total de mujeres inactivas descendió a 10.442.107, una cifra que, sin embargo, es superior a la de 2019 en casi un millón de personas.

La brecha de género que existe en la población ocupada es cercana al 38%

La población ocupada es un subgrupo de la población económicamente activa que, en la semana de referencia, trabajó por lo menos una hora remunerada o que, aunque no trabajó, tiene un trabajo (DANE).

De acuerdo con las cifras del DANE, mientras que en 2018 se crearon 74.500 empleos y la población ocupada fue de 22,4 millones de personas, en 2019 desaparecieron 169.875 empleos y la población ocupada se redujo a 22,3 millones de personas. En 2020, a raíz de la pandemia de Covid 19 y de las medidas tomadas para hacerle frente, el mercado laboral del país sufrió un decrecimiento cercano al 11% con respecto a 2019. Se perdieron 2.443.805 empleos y la población ocupada descendió a 19.843.475 millones de personas, una cifra que no se había observado desde 2010.

El panorama cambió un poco el año pasado. Según el DANE, a cierre de 2021 20.830.120 personas se encontraban ocupadas. Esta cifra representa un incremento del 5% con respecto a 2020, pero un decrecimiento del 6,5% con respecto a 2019. Así que, aunque el mercado laboral en 2021 recuperó 681.000 empleos frente a 2020, aún le falta recuperar 1,5 millones para llegar a niveles prepandemia.

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Ahora bien, de los 20,8 millones de ocupados, 12.628.021 —equivalente al 61,6%— son hombres y 8.202.099 —equivalente al 38,4%— son mujeres. Con estos datos, la brecha entre el porcentaje de hombres ocupados y el de mujeres ocupadas es cercana al 38%. Según los reportes del mercado laboral que realiza el DANE, la mayoría de mujeres ocupadas se concentra en las zonas urbanas. Mientras que 7.005.015 de las mujeres activas residen en zonas urbanas, 1.197.084 residen en zonas rurales. 

Para Patricia Jaramillo, esta brecha es apenas una muestra de las dificultades que enfrentan las mujeres en el campo. “Aunque no tenemos cifras oficiales de la situación en la que viven las mujeres en la ruralidad, porque las encuestas y los instrumentos de medición no han podido llegar de forma eficiente allá, sus condiciones son más arduas. Por ejemplo, en las ciudades hemos visto que los hombres cada vez dedican más tiempo a los trabajos de cuidado. En el campo, no. Y es muy difícil que ocurra por la división sexual del trabajo, porque los roles están más naturalizados y porque la composición de la economía campesina puede impedirlo. Pero aquí volvemos a lo mismo: las mujeres rurales sí trabajan, solo que en labores no remuneradas. En el campo, las mujeres se encargan del cuidado de los animales domésticos, de la administración de las huertas, de las semillas y de ciertos cultivos”, aseguró la docente de la Universidad Nacional.

Las mujeres son las más afectadas por el desempleo

La población desocupada es un subgrupo de la población económicamente activa que no trabaja ni se encuentra interesada en participar en el mercado laboral, como estudiantes, jubilados, amas de casa, etc. (DANE).

De acuerdo con las cifras del DANE, mientras en 2018 se registraron 2.405.939 desocupados, en 2019 dicha cifra ascendió a 2.614.959 y en 2020 alcanzó un punto máximo de 3.756.703. Por su parte, a cierre 2021 se reportaron 3.550.464 personas desocupadas, es decir, que en la semana de referencia buscaron empleo y que no trabajaron ni siquiera una hora.

Discriminadas por sexo, las cifras del DANE revelan que, de los 3,5 millones de personas desocupadas, 1.941.620 son mujeres y 1.608.843 son hombres, lo que equivale al 54,7% y al 45,3%, respectivamente. 

Con estos datos, la tasa de desempleo —calculada a partir de la división entre la población desocupada (3,5 millones de personas) y la población económicamente activa (24,4 millones de personas)— fue del 14,6% en 2021. Por sexo, las cifras fueron las siguientes: mientras la tasa de desempleo de las mujeres fue del 19,1%, la de los hombres fue del 11,3%. Esto revela una brecha de género de alrededor del 40,8%.

A diferencia de lo que ocurre con la población de mujeres económicamente inactiva, que se encuentra concentrada en las zonas rurales, el desempleo de las mujeres es más intenso en las zonas urbanas. Según las últimas cifras del DANE, mientras la tasa de desempleo femenino en 2020 fue del 15,3% en las zonas rurales, en las urbanas ascendió al 19,8%.

Los datos de la entidad indican que las actividades en las que más se perdieron empleos en 2021 son altamente feminizadas. Las actividades relacionadas con el comercio fueron las que reportaron mayores pérdidas de empleo el año pasado. De los 581.776 empleos que se destruyeron, el 59,8% pertenecía a mujeres. La segunda actividad con mayores pérdidas de empleo fue Administración pública, educación y atención de la salud humana. De los 409.371 empleos perdidos, el 71,4% era de mujeres.

Lo anterior significa que, más allá del hecho de que las mujeres se dedican en mayor proporción que los hombres a las labores de cuidado, estas han sufrido con especial fuerza las consecuencias de la crisis económica profundizada con la pandemia. 

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Según Patricia Jaramillo, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), la razón por la que las mujeres constituyen más del 60% de la población económicamente inactiva es que se encuentran dedicadas al trabajo doméstico y al trabajo de cuidado tanto del hogar como de la comunidad. En ambos casos, se trata de trabajos no remunerados. 

“Históricamente ha operado una separación entre el trabajo de cuidado —el que se realiza de puertas para adentro, en el hogar— y el trabajo productivo —el que participa en las cadenas de empleo y de producción—. Mientras el primero no se encuentra en la estadísticas nacionales ni se tiene en cuenta en el ingreso de los hogares, el segundo sí”, afirmó Jaramillo.

La docente señaló que en 2020, con la llegada de la pandemia, el número de mujeres inactivas aumentó. A su juicio, “este es un fenómeno que debe tenerse en cuenta a la hora de evaluar las brechas de género en materia de acceso laboral y desempleo. Muchas mujeres hoy son catalogadas como población económicamente inactiva porque, ante la crisis, han decidido asumir a tiempo completo las labores de cuidado en el hogar y en la comunidad. Así que no se trata de que las mujeres no estén interesadas en trabajar, porque sí lo están haciendo, solo que en sus hogares”.

Esto coincide con las cifras del DANE, que evidencian un aumento progresivo del porcentaje de mujeres económicamente inactivas desde 2018. Mientras que en 2018 se reportaron 9.177.201 mujeres inactivas, en 2019 la cifra ascendió a 9.429.196 y, en 2020, con la pandemia, llegó a 10.561.469, una cifra que no se había visto en las últimas dos décadas. En 2021, el total de mujeres inactivas descendió a 10.442.107, una cifra que, sin embargo, es superior a la de 2019 en casi un millón de personas.

La brecha de género que existe en la población ocupada es cercana al 38%

La población ocupada es un subgrupo de la población económicamente activa que, en la semana de referencia, trabajó por lo menos una hora remunerada o que, aunque no trabajó, tiene un trabajo (DANE).

De acuerdo con las cifras del DANE, mientras que en 2018 se crearon 74.500 empleos y la población ocupada fue de 22,4 millones de personas, en 2019 desaparecieron 169.875 empleos y la población ocupada se redujo a 22,3 millones de personas. En 2020, a raíz de la pandemia de Covid 19 y de las medidas tomadas para hacerle frente, el mercado laboral del país sufrió un decrecimiento cercano al 11% con respecto a 2019. Se perdieron 2.443.805 empleos y la población ocupada descendió a 19.843.475 millones de personas, una cifra que no se había observado desde 2010.

El panorama cambió un poco el año pasado. Según el DANE, a cierre de 2021 20.830.120 personas se encontraban ocupadas. Esta cifra representa un incremento del 5% con respecto a 2020, pero un decrecimiento del 6,5% con respecto a 2019. Así que, aunque el mercado laboral en 2021 recuperó 681.000 empleos frente a 2020, aún le falta recuperar 1,5 millones para llegar a niveles prepandemia.

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Ahora bien, de los 20,8 millones de ocupados, 12.628.021 —equivalente al 61,6%— son hombres y 8.202.099 —equivalente al 38,4%— son mujeres. Con estos datos, la brecha entre el porcentaje de hombres ocupados y el de mujeres ocupadas es cercana al 38%. Según los reportes del mercado laboral que realiza el DANE, la mayoría de mujeres ocupadas se concentra en las zonas urbanas. Mientras que 7.005.015 de las mujeres activas residen en zonas urbanas, 1.197.084 residen en zonas rurales. 

Para Patricia Jaramillo, esta brecha es apenas una muestra de las dificultades que enfrentan las mujeres en el campo. “Aunque no tenemos cifras oficiales de la situación en la que viven las mujeres en la ruralidad, porque las encuestas y los instrumentos de medición no han podido llegar de forma eficiente allá, sus condiciones son más arduas. Por ejemplo, en las ciudades hemos visto que los hombres cada vez dedican más tiempo a los trabajos de cuidado. En el campo, no. Y es muy difícil que ocurra por la división sexual del trabajo, porque los roles están más naturalizados y porque la composición de la economía campesina puede impedirlo. Pero aquí volvemos a lo mismo: las mujeres rurales sí trabajan, solo que en labores no remuneradas. En el campo, las mujeres se encargan del cuidado de los animales domésticos, de la administración de las huertas, de las semillas y de ciertos cultivos”, aseguró la docente de la Universidad Nacional.

Las mujeres son las más afectadas por el desempleo

La población desocupada es un subgrupo de la población económicamente activa que no trabaja ni se encuentra interesada en participar en el mercado laboral, como estudiantes, jubilados, amas de casa, etc. (DANE).

De acuerdo con las cifras del DANE, mientras en 2018 se registraron 2.405.939 desocupados, en 2019 dicha cifra ascendió a 2.614.959 y en 2020 alcanzó un punto máximo de 3.756.703. Por su parte, a cierre 2021 se reportaron 3.550.464 personas desocupadas, es decir, que en la semana de referencia buscaron empleo y que no trabajaron ni siquiera una hora.

Discriminadas por sexo, las cifras del DANE revelan que, de los 3,5 millones de personas desocupadas, 1.941.620 son mujeres y 1.608.843 son hombres, lo que equivale al 54,7% y al 45,3%, respectivamente. 

Con estos datos, la tasa de desempleo —calculada a partir de la división entre la población desocupada (3,5 millones de personas) y la población económicamente activa (24,4 millones de personas)— fue del 14,6% en 2021. Por sexo, las cifras fueron las siguientes: mientras la tasa de desempleo de las mujeres fue del 19,1%, la de los hombres fue del 11,3%. Esto revela una brecha de género de alrededor del 40,8%.

A diferencia de lo que ocurre con la población de mujeres económicamente inactiva, que se encuentra concentrada en las zonas rurales, el desempleo de las mujeres es más intenso en las zonas urbanas. Según las últimas cifras del DANE, mientras la tasa de desempleo femenino en 2020 fue del 15,3% en las zonas rurales, en las urbanas ascendió al 19,8%.

Los datos de la entidad indican que las actividades en las que más se perdieron empleos en 2021 son altamente feminizadas. Las actividades relacionadas con el comercio fueron las que reportaron mayores pérdidas de empleo el año pasado. De los 581.776 empleos que se destruyeron, el 59,8% pertenecía a mujeres. La segunda actividad con mayores pérdidas de empleo fue Administración pública, educación y atención de la salud humana. De los 409.371 empleos perdidos, el 71,4% era de mujeres.

Lo anterior significa que, más allá del hecho de que las mujeres se dedican en mayor proporción que los hombres a las labores de cuidado, estas han sufrido con especial fuerza las consecuencias de la crisis económica profundizada con la pandemia. 

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