Más energía, menos dependencia: usuarios, soberanía y el futuro del gas colombiano
Clara Marcela Romero Hernández
Ingeniera Ambiental de la Universidad de la universidad Nacional de Colombia y estudiante de maestría en Recursos Hídricos de la Universidad del Valle.
Reducir las tarifas de gas a los usuarios exige, antes que nada, recuperar la autosuficiencia en gas natural. Más que elegir entre una fuente u otra, el reto del Gobierno es garantizar un suministro suficiente y asequible. Sin producción nacional de gas, habrá millones colombianos condenados a pobreza energética
Si el Gobierno Nacional realmente se preocupara por rebajar las tarifas de gas de los usuarios, haría todo lo posible por recuperar la autosuficiencia en gas natural. En cambio, ha optado por criminalizar la producción nacional de hidrocarburos, vetar la exploración futura y ponerle obstáculo tras obstáculo a Ecopetrol, desviando continuamente —en el discurso y en la acción— su función principal que es: transformar los hidrocarburos en energía segura y barata para el país.
La entrada de gas importado a Colombia es inminente y será mucho más costosa y no resolverá el hecho de que 7 de cada 10 municipios en Colombia sigan padeciendo pobreza energética (Inclusión SAS & Promigas, 2024). Esta realidad implica que millones de personas no pueden cubrir necesidades básicas como cocinar, calentar agua o contar con luz suficiente en sus hogares de forma adecuada.
La creciente dependencia del gas importado no solo encarece el suministro, sino que amenaza directamente la estabilidad fiscal del Estado y, en consecuencia, el bolsillo de los ciudadanos. Según NATURGAS, se requerirán 1.3 billones de pesos del Presupuesto General de la Nación en 2025 y 1.4 billones en 2026 para cubrir el déficit de los subsidios destinados a los hogares más vulnerables (estratos 1 y 2). Este esfuerzo fiscal se agrava por el incremento en los costos derivados de la importación, que podrían ascender a COP $0.36 billones si se alcanza un volumen del 50%.
El gas nacional sigue siendo la opción más económica para abastecer a los hogares colombianos. Según Fedesarrollo, mientras el precio promedio del gas importado oscila entre USD$ 14.96 y USD$ 18.39 por Millón de BTU, el gas nacional se mantiene en niveles mucho más bajos, sin asumir sobrecostos de licuefacción, transporte marítimo ni regasificación (Cabrales & Benavides, 2025).
En los últimos 13 años, el 75 % de la matriz de energía primaria consumida en Colombia ha estado compuesta por combustibles fósiles tradicionales: petróleo con el 39 %, gas natural con el 25 % y carbón con el 11 %. Pretender cortar de raíz esta dependencia representa un falso dilema que ningún país en la historia ha enfrentado de forma radical. La realidad es que no existe evidencia de que se deba —o se haya logrado— reemplazar por completo los hidrocarburos. Si de verdad se quiere sacar de la pobreza energética a los 7 de cada 10 municipios que la padecen, se necesita mucha más energía y energía barata. Y depender de fuentes extranjeras como el gas, el petróleo o el carbón de otros países es simplemente comprarlo caro y quedar a merced de su control.
No es con menos si no con más fuentes seguras de energía que los países han brindado mejores condiciones de vida
La historia muestra una evolución constante en el uso de la energía. Inicialmente, se dependía de la fuerza muscular, el viento y el agua, hasta que la máquina de vapor revolucionó la industria y la generación eléctrica mediante el carbón. Luego, la hidroelectricidad amplió el acceso a electricidad, el petróleo y la gasolina transformaron el transporte masivo, y finalmente, la energía nuclear emergió como una fuente clave para la producción eléctrica.
No es cierto que una fuente de energía haya desplazado completamente a otra en el transcurso de la historia. Según el profesor Fressoz en su reciente libro Más, más y más, lo que se observa es un fenómeno de «simbiosis energética»: las nuevas fuentes no eliminan las antiguas, sino que coexisten y se complementan en sistemas cada vez más complejos y demandantes.
Un claro ejemplo es la Revolución Industrial, comúnmente vista como el paso de la madera al carbón. Sin embargo, lejos de desaparecer, la madera siguió desempeñando un papel clave en el proceso industrial. En 1900, los países industrializados quemaban más madera que a principios del siglo XIX, demostrando que el crecimiento del carbón no implicó su sustitución total, sino su uso simultáneo.
La madera, el carbón, el petróleo y los minerales mantienen una fuerte interdependencia. La minería del carbón, pese a ser vista como una industria basada en combustibles fósiles, requería grandes cantidades de madera para la infraestructura de sus túneles. A inicios del siglo XX, Gran Bretaña consumía cuatro veces más madera en estas operaciones que la cantidad de leña quemada en el siglo XVIII. Tan alta es nuestra dependencia de la madera que su extracción global pasó de ~1,000 millones de m³ en 1970 a ~4,000 millones de m³ en 2020.
El auge del petróleo no desplazó al carbón, sino que generó una relación simbiótica entre ambos. La infraestructura petrolera depende del acero, cuya producción requiere carbón. La extracción de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas) ha aumentado de 6.1 mil millones de toneladas en 1970 a 15.4 mil millones de toneladas en 2020, con un crecimiento anual promedio del 2.1%.
Materiales irremplazables para Colombia y llamado a la acción
Los combustibles fósiles han sido esenciales para el desarrollo humano por su estabilidad y potencia: un solo barril de petróleo equivale a 10.5 años de trabajo humano, el gas natural conserva el 86 % de esa fuerza y el carbón de alta calidad, el 66 % (GDP, Jobs, and Fossil Largesse – resilience). Por eso, Colombia debe debatir con urgencia un plan que recupere la autosuficiencia en gas natural y diversifique sus fuentes energéticas, combinando hidrocarburos y renovables. No se trata de elegir entre una u otra, sino de aprovechar todas de manera complementaria para generar la energía necesaria, desarrollar industria nacional y generar empleo. Ninguna fuente existe sin las demás.
En Colombia, más de 11.5 millones de hogares utilizan gas natural, principalmente para cocinar, y 3 de cada 5 de ellos pertenecen a los estratos 1 y 2. A esto hay que añadir que más del 30 % del consumo nacional de gas lo representan los sectores industrial y comercial (Promigas: Cifras del sector). Esta realidad convoca a actuar.
La Liga Nacional de Usuarios de Servicios Públicos, ha extendido una invitación a sumarse a la campaña nacional por la soberanía y seguridad energética. Con el objetivo de abrir un espacio de diálogo, empezando por un foro, para debatir la inminente importación de gas más costoso y construir colectivamente propuestas que eviten sobrecargar a los usuarios y que impulsen la recuperación de la autosuficiencia en fuentes como el gas natural.
Referencias
Cabrales, S. & Benavides J. (2025). Serie de notas técnicas sobre el impacto del déficit de gas natural y el aumento de precios para los usuarios finales: presentación general. Nota 2. Costo fiscal por mayores subsidios ante el aumento del precio del gas natural. Bogotá Fedesarrollo. 13 p
Naturgas (2025) .Informe “El gas natural en cifras 2024”.
Inclusión SAS & Promigas (2024). El camino recorrido: Pobreza energética en Colombia 2022-2023. Análisis del Índice Multidimensional de Pobreza Energética (IMPE). Bogota D.C.
Global Coal Plant Tracker – Global Energy Monitor
Siga leyendo: