viernes, octubre 15, 2021
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Migraciones, pueblos y cultura

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Felipe Arango
Artista plástico, Byam Shaw School of Art, Londres. Presidente de la Unidad Nacional de Artistas (UNA)

A pesar de quienes desde diferentes extremos, invocando afectaciones económicas, culturales o étnicas, niegan, minimizan o enfrentan los procesos migratorios del pasado y del presente, la historia del mundo ha sido una de migración perpetua.

Hace alrededor de 6 millones de años apareció en África la rama de primates que daría origen al ser humano. De una especie de monos antropomorfa que quedó aislada a nivel reproductivo de los demás miembros de su especie, surgen varias especies diferentes de homínidos bípedos del género “Australopithecus”. Hace unos 200.000 años una de estas especies evoluciona tanto que fue necesario clasificarla como un nuevo género, el “Homo”, al que pertenece nuestra especie: “Homo sapiens”. Durante miles de años coexistieron tres especies humanas en el planeta: “Homo erectus”, en Asia, los neandertales en Europa y el “sapiens”, inicialmente en el continente  africano, pero que hace entre 85 y 75.000 años comienza sus migraciones hacia otros continentes. Con la extinción de los “erectus”, hace unos 70.000 años, y de los neandertales hace unos 28.000 años, el “Homo sapiens” se convirtió en la única especie humana sobreviviente, algo muy raro en el mundo biológico, donde es normal la coexistencia de diversas especies del mismo género.

Siendo aún principalmente cazadores y recolectores, los grupos o clanes se movilizaban por amplios territorios subyugando otros y mezclándose genéticamente. Con la aparición de la agricultura y el inicio de la domesticación y el pastoreo, las poblaciones se vuelven más sedentarias sin que ello implicase la desaparición de la movilidad, en la búsqueda de condiciones más propicias para la produccióny la sobrevivencia. Este lento proceso lleva al posterior poblamiento del continente americano. La teoría del poblamiento tardío propone que los primeros pobladores ingresaron durante la última glaciación a través de Beringia, punto de unión geológica del continente asíatico con América, hace entre 15 y 14.000 años. La teoría del poblamiento temprano, basada en pruebas un poco dudosas de carbono 14, data la llegada del ser humano al continente en unos 33.000 años.

Sin importar cual de las dos sea la verdadera, ambas son inequívocas en la proveniencia de nuestras mal llamadas poblaciones “originarias”. Genetistas como Néstor Bianchi concluyen que el 90% de los amerindios derivan de un único linaje que denomina DYS199T y que colonizó el continente hace 22.000 años a través del estrecho de Bering. Merriwether afirma que toda la población americana proviene de Mongolia y otros dicen que son originarias del este asiático y otras zonas euroasiáticas. Sea cual sea quien tenga la razón, no hay duda de que somos el resultado de viejas migraciones y que nuestro continente no dio origen a ninguna especie de los “Homo sapiens”.

De cualquier manera, también, somos un continente “joven” donde los más antiguos vestigios de culturas pre-hispánicas como los Clovis, son datables a unos 12 o 13.000 años. Hace tan solo alrededor de 3.000 años se desarrollan los olmecas en Mesoamérica y los chavin en la costa norte del actual Perú. Gran parte de las tribus indígenas americanas eran aún recolectoras y cazadoras. Las más desarrolladas estaban  iniciándose en el aprendizaje de la agricultura, el pastoreo era limitado escasamente a algunos camélidos nativos, tenían un incipiente conocimiento del manejo de los metales que no superaba el de los más dúctiles como el oro, no conocían la rueda y, con la dudosa excepción de las mesoamericanas, no tenían todavía escritura.

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Si nos apartamos de las románticas idealizaciones “políticamente correctas” que pretenden desligar el desarrollo de los pueblos de los procesos económicos y culturales históricos, las culturas más avanzadas iniciaban el proceso de conquista y dominación sobre otras tribus, a las cuales invadían, dominaban, esclavizaban y sacrificaban. La misma “conquista” española fue facilitada por las guerras intestinas entre las diferentes tribus y por la colaboración activa de algunas que veían con malos ojos la dominación a la que se las sometía y esperaban, ingenuamente, algún tipo de redención con la ayuda de los nuevos invasores.

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Los nuevos “migrantes” venidos de Europa, también conquistaron, dominaron, exterminaron, trastocaron parámetros culturales e impusieron a sangre y fuego su modelo económico, político y social. Eso significó la desaparición casi total de muchas etnias con sus culturas y la implantación de sistemas de dominación acordes con la nuevas formas y estadios productivos en beneficio de las nuevas clases dominantes, con la consecuente imposición de otras formas culturales que absorbían y asimilaban o, simplemente, acababan con las pre-existentes.

Sumadas a las nuevas imposiciones culturales, de trabajo y de las nuevas formas de producción, las anteriores expresiones, reflejo de las condiciones materiales y del estadio de desarrollo precedentes, perdieron su sustento, volviendo inevitable la aparición de otras que sintetizaran y reflejaran las nuevas condiciones materiales. Sin las bases sociales ni las formas productivas económicas que las sustentara, las precedentes expresiones no podían resistir el embate.

De allí surge la nueva Latinoamérica, que ya no era los “aborigénes”, resultado de migraciones ancestrales, ni era la segunda ola migratoria de los “conquistadores” de la cruz y de la espada, sino un mestizaje de ambos  al que se suma enseguida, ya no como migrante sino como mercancía humana que supliese los requisitos emanados de las nuevas formas de producción, el negro esclavizado, descendiente del primer “Homo sapiens”, gestador primario de migraciones y mestizajes.

Citando de su obra “los Condenados de la Tierra” a Frantz Fanon, insigne hijo de aquel “Homo” primario: “La cultura no tiene jamás la traslucidez de la costumbre. La cultura evade eminentemente toda simplificación. En su esencia se opone al hábito que es siempre un deterioro de la costumbre. Querer apegarse a la tradición o reactualizar las tradiciones abandonadas es no solo ir contra la historia sino contra el pueblo”.

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Felipe Arango
Artista plástico, Byam Shaw School of Art, Londres. Presidente de la Unidad Nacional de Artistas (UNA)

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