Moda: ¿Qué tan fácil es emprender en Colombia?
Según el DANE, en el primer trimestre de este año las actividades de la manufactura de Preparación, hilatura, tejeduría y acabado de productos textiles, Fabricación de otros productos textiles y Confección de prendas de vestir, presentaron un aumento en la producción del 17%, en comparación con el primer trimestre de 2020. Esto se tradujo en una contribución al PIB del sector de Industrias manufactureras de 9,2%. Si bien se trata de buenas noticias para un sector que fue duramente golpeado por la crisis sanitaria, no se puede hablar de una plena recuperación.
El DANE reportó que, en 2020, las actividades mencionadas tuvieron una caída en la producción del -17,3% en comparación con el año anterior (2019), mientras que MARO, la plataforma estadística de Colombia Productiva, entidad adscrita al Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, registró una variación negativa de -15,2% en el número de empleos del sector, lo que significó pasar de 548.663 personas ocupadas en 2019 a 465.170 en 2020.
En espera de mejores condiciones para el sector, Camilo Rodríguez, presidente de la Cámara Colombiana de la Confección y Afines, denunció en mayo pasado, en diálogo con Forbes, «la masiva importación de minutos de mano de obra en prendas» y el «contrabando rampante». En este punto coincidieron los diseñadores de moda entrevistados. Para Fhayant, un colectivo de diseño que reúne cinco marcas bumangueses, es «difícil competir con prendas importadas legalmente» y aún más con las que «entran ilegalmente». Este colectivo explicó que si los microempresarios colombianos igualaran «los bajos precios» de las prendas provenientes del extranjero, no generarían «ninguna ganancia». Lavidarte, marca de diseño de Barrancabermeja que ofrece algunos de los productos en el colectivo Fhayant, las importaciones «son un problema» por tratarse de «ropa muy económica», ante la cual «uno no puede competir».
Frente a esto, Ciudad Freak, un laboratorio de diseño emergente que se transformó en tienda digital en Bogotá, comentó que, «desde que se implementó el TLC» y se abrió un espacio para la entrada de «súper marcas extranjeras» de moda rápida, «la industria colombiana quedó desamparada». Esto, sumado a la pandemia, hace que el sector se encuentre en «su peor momento». Ante este escenario, sugirió «poner más control a la importación de ropa».

Como estrategia para salir adelante, las marcas entrevistadas se enfocan en el «buen diseño» y la «calidad» de sus productos, pues en su opinión es la «mejor manera de fidelizar» al cliente. Según Lavidarte, Colombia cuenta para ello con mano de obra altamente calificada. Los tres negocios se centran en lo que se conoce como «moda lenta» (slow fashion), en contraposición a la «moda rápida» (fast fashion), por lo que su producción es de «pequeña escala» y ofrecen «prendas y accesorios atemporales», señala Fhayant. Además de lo anterior, Fhayant y Lavidarte tienen otro factor de diferenciación: la personalización. Así, proponen «trabajar con los clientes para ajustar los productos a sus gustos».
Pese a los factores diferenciadores que han logrado establecer, los tres negocios resaltan que, además del reto que significa competir con las confecciones extranjeras, existen dificultades administrativas que, según Lavidarte, son las mismas para «cualquier persona que haga negocios en Colombia». Al papeleo para constituirse formalmente, se suma la carga impositiva. Al respecto, Fhayant señaló que «no es posible cubrirla desde el comienzo a menos que uno tenga un gran capital de base». Como consecuencia de lo anterior, Lavidarte explicó que en el sector de la confección es común abrir los negocios «sin tener un registro ante la Cámara de Comercio» y que «la gran mayoría de los microempresarios no se ha legalizado». En este sentido, la diseñadora de Fhayant, Sherly Fhayant, plantea que es necesario «reestructurar las normas aplicables a los emprendedores» y equilibrar las ayudas públicas a las micro y las grandes empresas, pues, en su concepto, las primeras están «un poco descuidadas» por el Estado.

Los tres negocios de diseño están de acuerdo en que ha sido un reto llegar al punto de equilibrio. Fhayant abrió su tienda en Bucaramanga justo cuando inició la pandemia y no lo ha alcanzado todavía. Ciudad Freak lleva más de diez años en Bogotá y explica que tardó cuatro años en lograrlo. En el caso de Lavidarte, que lleva nueve años operando, el punto de equilibrio llegó más de un año después de lanzarse.
Pese a la dificultad de emprender en este sector, Lavidarte y Fhayant destacaron que han notado cambios paulatinos en la «mentalidad de los consumidores», quienes, en su opinión, están cada vez más dispuestos a «invertir un poco más de dinero en productos locales». Para Fhayant, esto podría «impulsar los emprendimientos regionales» a nivel nacional y eventualmente «escalar la moda colombiana de pequeña escala a nivel mundial». Para ello, Ciudad Freak resalta la necesidad de «impulsar la industria colombiana con incentivos».