Mujer rural, mujer campesina, mujer independiente
Según la Ley 731 de 2002, las mujeres rurales son aquellas “que sin distingo de ninguna naturaleza e independientemente del lugar donde vivan, su actividad productiva está relacionada directamente con lo rural, incluso si dicha actividad no es reconocida por los sistemas de información y medición del Estado o no es remunerada”. En 2019, el DANE registró 5.760.524 mujeres viviendo en las zonas rurales del país, lo que representó el 22,8% de las mujeres en Colombia.
Ese mismo año, el DANE reportó que en las zonas rurales las mujeres se dedicaban al desarrollo de actividades agropecuarias (36,2%), a actividades de Comercio, hoteles y restaurantes (27,3%), a Servicios comunales, sociales y personales (18,6%) y a la Industria Manufacturera (11,5%), entre otras actividades económicas.
Mujeres rurales, un pilar de la familia y de la cultura
En el Agroparque de los Soches, ubicado en la vereda de los Soches, en la localidad de Usme (Bogotá), habitan más de 150 familias. Allí nació Maribel Guerrero Solorzano. Ella comenta que se identifica como una mujer rural campesina, al sentir un particular arraigo por el territorio donde se crió y donde trabaja actualmente. En su concepto, las mujeres rurales, campesinas y las que viven en entornos urbanos viven a diario experiencias “un poco diferentes por los papeles que desempeñan”, tanto dentro de su familia como fuera de esta.
Según el DANE, el 62% del tiempo de trabajo de las mujeres de las zonas rurales no es remunerado, mientras que en las zonas urbanas este porcentaje se reduce al 46%. En este sentido, “a las mujeres rurales les toca trabajar el triple”, resalta Maribel Guerrero. Además de la crianza de los hijos y del oficio de la casa, las mujeres rurales suelen dedicarse a la cría de animales para el consumo del hogar, así como a plantar, regar, ahondar y cosechar lo sembrado en la huerta casera. Sin embargo, ninguna de estas actividades “agotadoras”, se ve reflejada en las estadísticas. Y, como consecuencia de lo anterior, en 2019 el DANE registró en las zonas rurales una tasa de ocupación menor en las mujeres rurales (34,6%) que en las mujeres de las zonas urbanas (48,7%).
Además de ser un actor clave en la vida cotidiana de las familias, las mujeres rurales desempeñan un papel en la transmisión de las tradiciones. Para Ana Jazmín Guerrero, directora administrativa y comercial de La Granja de Mary, la abuela representa “un pilar de la cultura campesina”, porque “está en la gastronomía, en los juegos tradicionales, en la huerta, en la crianza de los hijos. Está en todo”.
Mujeres luchadoras
Creado en el año 2008, el Agroparque de los Soches “nace de la necesidad de defender nuestro territorio y el arraigo por nuestra tierra”, explica Maribel Guerrero, quien trabajó en la implementación del proyecto del Agroparque, junto con otras mujeres líderes.
En aras de responder a la llegada de cada vez más habitantes a la capital del país, los gobiernos locales bogotanos empezaron a considerar la localidad de Usme por su potencial de expansión urbana. En los años noventa, el Concejo de Bogotá les exigió a los campesinos de la vereda que demostraran la importancia de este espacio rural para la ciudad, a través de la realización de “propuestas concretas”, o de lo contrario se urbanizaría la zona. Guerrero explica que la comunidad había sido “pionera en ese territorio desde la generación de los bisabuelos”, por lo que hizo todo lo que estuvo a su alcance para conservarlo.
Durante este proceso, “el papel de las mujeres fue fundamental”, resalta la líder comunal. La comunidad de la vereda se reunía a menudo para conversar sobre los proyectos que podrían desarrollar y presentar ante el Concejo. Sin embargo, “cuando citaban a una reunión, la mayoría de las personas que asistía eran mujeres porque los hombres eran muy reacios a estos espacios”.
Poco a poco, las mujeres se capacitaron en turismo y en gastronomía, principalmente, y lanzaron sus propios emprendimientos. Crearon grupos de danza, proyectos de agroturismo, camping y negocios de venta de tejidos y productos como yogures, cuajada y mermelada, como una forma de preservar el medio ambiente, el territorio y sus maneras de vivir. Además, en la zona se siguió cultivando papa, zanahoria, arveja y habas, entre otros.
Fue en este contexto que Maribel Guerrero lanzó La Granja de Mary, un emprendimiento campesino que ofrece visitas guiadas a una granja y donde se puede disfrutar de la gastronomía campesina, interactuar con los animales, sembrar en la huerta y practicar juegos tradicionales, entre otros planes. Esta ha sido una manera de “dar a conocer la labor y cultura del campesino en esta parte rural de Bogotá”, puntualiza Ana Jazmín Moreno, directora administrativa y comercial de la empresa.
De hecho, sería “un desconocimiento total” pensar que Bogotá es solamente urbana, resalta Mariela Tovar, otra líder comunitaria del Agroparque, quien recuerda que “el 75% de la capital es rural” y que “localidades como Sumapaz, San Cristóbal, Ciudad Bolívar y Usme siguen siendo todavía muy rurales”.
Ante este panorama, Mariela Tovar explica que “ser mujer campesina es un orgullo; es traer consigo toda la generación de mujeres guerreras y luchadoras”. De manera similar, Ana Jazmín Moreno ve en la mujer campesina “una luchadora a la que nada le queda grande”.
Mujeres independientes
Las tres líderes concuerdan en que los estereotipos de género están más arraigados en las zonas rurales, pues las relaciones sociales al interior de las familias suelen estar atravesadas por la dependencia económica de las mujeres hacia los hombres.
“La tierra siempre ha sido de los hombres, porque antiguamente eran los que compraban las parcelas. En cambio, las mujeres solo teníamos tierras por herencia de nuestra mamá o papá”, explica Maribel Guerrero. En el Agroparque de los Soches, las parcelas son muy pequeñas, entre otras razones, por la división consecutiva de tierras de por sí relativamente pequeñas entre hijos, de generación en generación. “Miden una fanegada [6.400 m²], o sea que ni siquiera alcanzan una hectárea [10.000 m²]”.
En este contexto, las mujeres de la vereda de los Soches lanzaron sus propios emprendimientos. “Empezamos a empoderarnos y a mostrar a los hombres que teníamos otras visiones que las de criar a los hijos y preparar el almuerzo”, comenta Maribel Guerrero. A través de cursos, capacitaciones y de sus propios emprendimientos, se hicieron “más independientes”, explica la líder comunal.
Si bien Maribel Guerrero reconoce que “ha sido difícil emprender desde cero”, también resalta que “ha sido una ventaja contar con las casas y la infraestructura”, las cuales “solamente se necesitó mejorar y adecuar” para llevar a cabo las actividades gastronómicas, turísticas y comerciales. Ahora, la mayoría de los emprendimientos de la vereda son liderados por mujeres, quienes a su vez vinculan a otras mujeres del mismo núcleo familiar. “Las mujeres emprendedoras nos ayudamos entre nosotras, creamos alianzas y trabajamos en equipo”, puntualiza Ana Jazmín Moreno.
Mujeres inspiradoras
Mariela Tovar considera “fundamental” poder “reivindicar el papel del campesinado, sus saberes ancestrales, sus costumbres y sus tradiciones orales”, y transmitirlas a través de las generaciones. En este sentido, lidera el proyecto “Huellitas campesinas”, un semillero dirigido a los niños del Agroparque con el fin de fortalecer la identidad campesina de los niños, niñas y jóvenes, para que se sientan orgullosos de esta.
Maribel Guerrero comenta que si bien “antiguamente” los niños se querían ir de los Soches, “recientemente ha cambiado mucho la situación”, de manera que los jóvenes “se están involucrando a muchos proyectos en el Agroparque” y otros “ven oportunidades de estudiar y aplicar sus conocimientos en la vereda”. Según Ana Jazmín Moreno, quien al igual que Maribel Guerrero se tuvo que ir a la ciudad para estudiar, “ya no hay necesidad de salir del territorio”, pues la facilidad del transporte y el acceso a internet permiten a los jóvenes estudiar y emprender desde la misma vereda.
Maribel Guerrero explica que muy pocas niñas se “proyectan como líderes”, debido al “deterioro de las condiciones de los líderes comunales”. Sin embargo, señala que el desarrollo de varios emprendimientos encabezados por mujeres en la vereda está inspirándolas, de manera que “quieren emprender, ser independientes, viajar y conocer diferentes sitios”. Para ella es importante que las futuras generaciones se apropien de lo logrado en el Agroparque, pues considera que “la expansión urbana siempre va a ser una amenaza y hay que seguir en la lucha por este territorio”.